Escudo
Bandera

 

ORIGEN DEL ESCUDO DE AZNALCÓLLAR

 

El escudo de Aznalcóllar, cuya memoria de rehabilitación fue aprobada por acuerdo plenario en 1982, sin que el expediente incoado haya sido sometido a dictámenes superiores, contiene elementos de gran simbolismo heráldico. Según su cronista, Joaquín González, en 1827 comenzó a utilizar el Ayuntamiento un sello de tinta con un árbol como única figura, que fue sustituida once años después por un castillo, una encina y un ciervo, evocadores de las fortalezas construidas en su término y de las riquezas forestal y cinegética del lugar. Este fue el sello que vino usando desde entonces, convertido en escudo en los primeros años veinte del siglo que corre tras la publicación de aquellos "muebles" -encerrados en un escudo- en la enciclopedia Espassa-Calpe editada por aquellas fechas, y cuya forma externa recuerda la utilizada por la escuela polaca de heráldica e incluso la de tipo carlista o de "casulla", prodigada desde entonces en cuantos documentos oficiales salieron de su cancillería y, con diferentes soportes en todos los lugares de responsabilidad municipal.

Con buen criterio, González trocó su forma por la tradicional española con base redondeada. En cuanto a sus esmaltes, no existía, al parecer, una forma fija. Con esos antecedentes, aconsejó su organización de la forma que sigue: en campo de azur (azul) un castillo de oro aclarado de sable (con la puerta y vanos pintados de negro), "con un moro de blanco naciente de sus almenas" que lleva en su mano derecha una rama de olivo, apoyando la izquierda en una almena; el castillo, terrazado de sinople (verde), está adiestrado de un ciervo al natural y siniestrado de una encina de sinople. Al timbre, corona real cerrada. A pesar de expresarse en la memoria el concepto heráldico de "castillo", la figura que se viene utilizando es una "torre". Existe una sensible diferencia entre ambos "muebles", pues si el primero, para llamarse así, debe llevar dos o tres torres con lo que su anchura es mayor, la segunda puede ser cualquiera de éstas, extraídas del castillo, pintándose alta y estrecha.

El ciervo está conformado, es decir, mira hacia la siniestra del escudo (la derecha del espectador), cuando, como todas las figuras animales, debe mirar, en heráldica, a la diestra, salvo excepciones que hay que consignar. Se pinta éste parado y otras veces paseante y no enseña a veces las dos astas enteras, lo que también debe corregirse. Otro error detectado en el proyecto es la yuxtaposición de colores que se hace con el ciervo al natural y la encina de sinople (verde) sobre campo de azur, lo que incumple una de las más primitivas e inmutables leyes del blasón. Este mismo concepto tampoco se observa en el moro agrandado y naciente de las almenas, pintado en su carnación con vestiduras blancas, unas veces con barba, otras veces sin ella, y en ocasiones tortillado de gules (es decir, con un turbante de rojo) o de blanco. En heráldica es tradicional pintar oscura -casi negra- la piel de los moros, aspecto que tampoco se respeta. De otro lado, el autor de la memoria refiere que la rama de olivo que porta aquél en la diestra alude "a la rendición de la plaza durante la reconquista cristiana", siguiéndose con ello una tradición, recogida de Julio González, "en el sentido de que todas estas fortificaciones se pactaron con la rendición de Sevilla". Hernández Díaz, Sancho Corbacho y Coliantes de Terán, sin embargo, afirman que debieron mediar luchas intensísimas hasta el punto de quedar semi-arruinada la fortaleza de Aznalcóllar, lo que sólo puede entenderse tras batirse sin cuartel ambos bandos, aunque no hasta el punto de quedar desolada pues sus nuevos moradores la siguieron ocupando. El hecho de que no quedara población musulmana tras la conquista y "repartimiento" en el castillo y villa de Aznalcóllar da idea de que no hubo pacto, escapando los moros que pudieron y los que no sucumbiendo heroicamente. Así lo confirman los textos árabes coetáneos conservados en el Magreb y editados primorosamente en estos últimos años. Aznalcóllar, cabeza de uno de los distritos del Aljarafe, bien fortificada y abastecida, no capituló, al igual que la vecina Gerena, donde "fueron echados los moros della" como relata la Crónica General de España. El moro con la rama de olivo no parece simbolizar esto, sino todo lo contrario. De Mena aporta una versión en la que el moro sostiene en la diestra un alfanje o cimitarra y en la siniestra la rama. No conocemos tal reproducción pero sería más adecuada que la actual para representar el combate por el dominio de la plaza, sin duda sangriento.

 

Bandera
La bandera está compuesta por tres bandas paralelas.

Medidas: Un tercio más ancha que larga

División: En tres partes iguales, en sentido horizontal

Colores:

- El primer tercio corresponde al color "verde" de la rama del olivo

- El tercio medio, de color amarillo, hace alegoría a la naturaleza de sus pobladores

- El tercio inferior de color azul, que es el campo de su escudo y representa su hidalguía