| LA ANTIGÜEDAD
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A pesar de la localización primigenia del yacimiento andaluz, y que incluso dicho descubrimiento se publicó en la Revista Científica de Gibraltar, el potencial investigador alemán decantó este descubrimiento y posterior calificación nominal de dicho ejemplar prehistórico con el término de Hombre de Neanderthal. Dice Blanco Freijeiro (2) que el homo calpicus "no fue el primero ni el más antiguo poblador de Andalucía. Industrias de hombres aún más primitivos, portadores de picos de piedra tallados en dos o tres caras (abbevillenses) se encuentran en las terrazas del Guadalirnar y del Guadajoz...". Pero, ¿y Aznalcóllar?. Es posible que nuestro término municipal fuese pisado por neanderthalensis, aunque no se han localizado restos óseos de este ejemplar humano primitivo de frente huidiza y mandíbula grande y tosca. El historiador A. Herrera, en su trabajo sobre Albaida del Aljarafe (3) coloca el listón de la cronología prehistórica en fechas mucho más recientes. Leamos sus palabras: "...Todo el Aljarafe ha proporcionado restos de la actividad del hombre que se remontan, al menos, a la época de los primeros agricultores, lo que nos permite pensar que ya había gentes en estas tierras desde hace más de 5.000 años (...) Estas gentes no formaron agrupaciones numerosas ni grandes poblados. Tenemos que figurárnoslos como grupos pequeños o tribus, viviendo en chozas, con una agricultura primitiva y unas pocas cabezas de ganado". No existe, pues, una lectura uniforme de la vida neolítica en Aznalcóllar. Hay pueblos que saben cultivar el terreno y otros que sólo se dedican al ganado mayor. Y los hay que han alcanzado un nivel económico superior mediante la combinación de agricultura, pastoreo y minería. La vida neolítica de Aznalcóllar hay que unirla a las labores extractivas de mineral. El arqueólogo Marcos A. Hunt ha acumulado importantísima información sobre la minería y metalurgia prerromanas en las minas de Aznalcóllar. En una reciente colaboración para la Revista de Arqueología (4) dice: "Los más antiguos restos arqueológicos documentados en el área minera de Aznalcóllar provienen de 2 yacimientos, situados inmediatamente al sur y al norte de la corta actual y datables en el Calcolítico pleno (5). El primero de ellos es un poblado situado en el km. 11 de la carretera que une las villas de Gerena y Aznalcóllar, muy cerca de este último término". Realizada la sección del terreno, de más de 60 metros, ha identificado hasta 12 unidades estructurales que corresponderían a silos y fondos de cabaña. El refugio contra los avatares climatológicos de la naturaleza hostil hizo que el hombre diseñase estructuras para protegerse, o utilizase cuevas naturales que disputaría a las alimañas una vez dominado el fuego. Sabemos, por ejemplo, que los australopitecus usaban troncos de árbol clavados en el suelo y entrelazados con ramas alrededor de las estacas para protegerse del viento. También es conocido que la gruta es el lugar más eficaz de los refugios naturales, pues preserva de las inclemencias y asegura una temperatura media aceptable, pero Aznalcóllar no posee ninguna conocida, debido a las características litológicas del término, en el que predomina la pizarra y no el relieve kárstico, donde las aguas disuelven el terreno formando cavernas naturales. El hombre prehistórico de esta zona desarrolló refugios de tipo cobertizo y amurallamiento de piedra. Más adelante construirá cabañas y casas con arcilla, cubiertas con ramaje vegetal y trabadas con pellas de barro. La construcción excavada por Marcos Hunt en este poblado sin fortificación es un tipo de cabaña "semiexcavada, con zanjas o trincheras que (...) tienen sus paralelos inmediatos en el extenso poblado de Valencina de la Concepción (Sevilla)". La datación isotópica da una cronología del año 2.100 a. C. (6). De Valencina dice el profesor Corzo Sánchez: (...) "Las investigaciones modernas señalan, junto a sus famosos dólmenes, restos de grandes cabañas rodeadas de silos para el grano, con canales de drenaje, de un posible hábitat disperso. Sus habitantes eran agricultores y ganaderos con una economía floreciente" (7). Hemos visto, pues, que Aznalcóllar tiene espacios de habitación similares a los de los grandes constructores de su alrededor. Veamos ahora como los espacios cubiertos de vivienda no se pueden estudiar desmembrados de los espacios de culto. En el hombre de la prehistoria existe una conciencia de depender de seres superiores, y ello impregna todos los acontecimientos de la vida colectiva e individual de los poblados. Del estudio de los artefactos y piezas del ajuar que se suelen encontrar en las viviendas y tumbas, el investigador puede deducir la evolución cultural de una determinada sociedad que se asentase en la zona que nos ocupa, e indagar el pasado histórico-etnológico, reconstruyendo por inducción sociológica la personalidad y hechos diferenciales que identifican dicha sociedad. Con ello entendemos su vida espiritual y rasgos sociales más importantes. El segundo yacimiento del área minera de Aznalcóllar es una necrópolis de cistas, que Hunt data como del Bronce Pleno (8), típico de poblados en cabezos y casas de geometría cuadrada e indicios de un urbanismo incipiente. De dichas sepulturas "sólo se conoce una seccionada por el gran canal realizado para la desviación del río Agrio, al iniciarse la explotación a cielo abierto". (9) Añade el especialista que su organización y técnica constructiva es parecida a la necrópolis homóloga de Chichina (Sanlúcar la Mayor). Para dar una visión más amplia que acerque al lector a este tipo de enterramientos, citaremos algunas necrópolis del mismo período en otras poblaciones: - Almería: El
Argar. Necrópolis de 2.000 tumbas. Estos enterramientos practicados en el suelo constan de lajas de pizarra (en nuestro término municipal) dispuestas cuadrangularmente colocándose los despojos del difunto en su interior, encontrándose también a veces cerámicas lisas, copas, y con mucha suerte espadas y alabardas. Es posible que, a pesar del triángulo dolménico (11) que rodea el término, y que nos determina la existencia de sociedades perfectamente jerarquizadas en sus alrededores, los habitantes de la Aznalcóllar prehistórica no dispusieran de los elementos técnicos sofisticados de los que disponían los individuos que levantaron el dolmen de Valencina, por ejemplo. Thurnwald (12) señala "que
aunque haya varios grupos étnicos establecidos en lugares cercanos,
es muy fácil que no posean los mismos rasgos culturales, e incluso
que utilicen aperos e instrumentos diferentes; o que sus reglas de orden
social (rango, política...) sean diferentes aunque estén
bajo la tutela de un mismo jefe militar". No obstante, en la historia los razonamientos no pueden ser taxativos. Allí donde hay desarrollo minero hay también asentamientos humanos para llevar a cabo la explotación. A la par, deben desarrollarse caminos y sistemas de comunicación viaria para la comercialización de los minerales. Y así vere mos, en el capítulo relativo a la ocupación musulmana que existía un circuito relacionado con Aznalcóllar que servía para el traslado de mineral, el cual se fundía en poblados relativamente cercanos como Peñalosa (actual cortijo de Peñalosa, carretera de Escacena) para posteriormente abrir el producto elaborado al comercio marítimo. Pero no hay que adelantarse cientos de años a la historia para comprender que Aznalcóllar tiene un pasado milenario. De nuevo Hunt (13), en el artículo citado ut supra explica que "el hecho de que Aznalcóllar fuese centro de explotación, tratamiento y quizás distribución de materias primas se pone de manifiesto por los fragmentos de escoria y el percutor lítico con leve acanaladura, procedentes del yacimiento de la carretera de Gerena". Fuese o no centro de distribución de materias primas o sólo centro extractivo, lo cierto es que el hombre prehistórico de Aznalcóllar tenía a su disposición un medio geográfico inigualable para el asentamiento urbano: a) Al Este, un criadero de mineral capaz de dar grandes cantidades de plata y cobre en bruto. b) Al sur unas tierras relativamente llanas que desde la última glaciación (14) poseían unos niveles de pluviosidad superiores a los de hoy, lo que suponía posibilidades productivas agrícolas y estabulación primitiva de ganado. c) Al oeste y al norte grandes masas boscosas y agua fluvial purísima (Cañaveroso y Agrio) que permitía suplir los defectos alimenticios de los primeros labradores, surtiéndoles de abundante caza, así como de leña y frutos silvestres. Caro Baroja, (15) a la hora de indagar en el pasado histórico etnológico de una zona propone estas pautas: 1.- Si aparecen grandes tumbas y construcciones funerarias pétreas -no es el caso de Aznalcóllar por ahora- ello significa esfuerzo colectivo y sociedad estratificada, es decir pueblo con cultura compleja. 2.- Si los enterramientos son fosas comunes sin desarrollo pétreo esto significaría que hay pocos pobladores y la sociedad es fundamentalmente familiar, y dedicada a las labores de supervivencia. Este es posiblemente el caso de Aznalcóllar. Consideran los historiadores que hacia el año 1.700 comienza a declinar la gran cultura de los pueblos del Sur peninsular, comenzando un proceso de autorrecreación de su propia cultura; así se dejan de construir los grandes sepulcros megalíticos y se sustituyen por formas simples de enterramiento sin cubrición pétrea. Contrariamente a lo que pudiera pensarse, los sepulcros de cúpula, de corredor, dolménicos de gran tamaño precedieron a los enterramientos sencillos (galerías y cistas). Freijeiro (16) dice al respecto: "La suposición, fundada en un pensamiento lógico, de que las tumbas pequeñas habían precedido a las grandes, se ha revelado como falsa, pues hay enormes dólmenes, como uno de los portugueses de O Carapito, de máxima antigüedad". En ello incide Caro Baroja (17) cuando dice: "No se cree hoy que los pueblos evolucionasen sus construcciones funerarias de las formas más sencillas a las más esmeradas (planta circular de bóveda cónica)". Poco o nada sabemos de las prácticas mortuorias concretas de nuestros antepasados prehistóricos, pero sabemos que en el Próximo Oriente era frecuente el ritual de embellecer las tumbas y cadáveres. La inhumación en los subsuelos de las propias viviendas era tónica común. En estas culturas orientales se dejaban al aire libre los cuerpos expuestos a la acción de los animales carroñeros. Los estudiosos de la arqueología hispana afirman, no categóricamente, que en la península no suelen aparecer enterramientos dentro de los poblados, llevándose a cabo la inhumación en cuevas, y sobre todo en sencillas fosas, agrupadas en lugares alejados de las habitaciones. Ello obliga a proteger los enterramientos con losas y alineaciones pétreas. Pero volvamos nuestra mirada a los primeros mineros y metalúrgicos
de Aznalcóllar, pues las minas de pirita de Aznalcóllar
son milenarias. "El mineral de Aznalcóllar dormía el sueño de los siglos, como tantos recursos naturales inexplotados que nuestro país ofrece a la inquietud de sus hombres. Antiguas civilizaciones se beneficiaron de las capas superficiales del criadero, y en épocas históricas recientes, sus posibilidades no pasaron desapercibidas para el genio industrial inglés (...)". Otro técnico en la materia minera como es el Sr. Christer Wallsten (19) explicaba en la revista T-Time, del grupo Trelleborg, lo siguiente: "There are records showing minerals were being extracted in and around the present mine as early as 2.500 years before Christ. This has been documented primarily through fragments of slag in oid settlements within the industrial area. Carbon isotopes of slag have also confirmed that there was substantial production of silver from the Aznalcollar ore during the time of the Phoenicians, around 6.000-5.000". (Traducción: Hay pruebas que muestran que los minerales se han extraído en la mina y sus alrededores desde el 2.500 a. C. Esto está documentado primeramente a través de fragmentos localizados en antiguos asentamientos dentro del área industrial. Isótopos de carbono extraídos de los fragmentos han confirmado además que hubo una sustancial producción de plata en el yacimiento de Aznalcóllar en el período fenicio sobre el 6.000-5.000 a. C.). Así pues, nuestros antepasados tuvieron en algún momento, la adecuada tecnología para extraer y explotar plata y cobre. Nuestro hombre prehistórico, muy posiblemente observó las vetas verdes de malaquita y azules de azurita en sus prospecciones mineras. Este carbonato básico de cobre, que los mineros conocen como verdemonte -o verdemontaña- indica las zonas de oxidación en el yacimiento cuprífero, y como dice A. Blanco Freijeiro: "(...) sería inconcebible que un fenómeno geológico tan llamativo no despertase la curiosidad del gran detector y coleccionista de piedras que fue el hombre prehistórico". (20) Prueba de esta actividad minera con tecnificación primaria la tenemos en un mortero machacadera de mineral de los que existen varios ejemplares en el término municipal (piedra con cazoleta) (21). Las primeras minas del hombre prehistórico son, básicamente, rebajamientos o surcos en la tierra, de relativa profundidad y a cielo abierto; a medida que avanzamos en la Edad del Bronce se comienzan a realizar perforaciones de mayor entidad (pozos, galerías). Otras herramientas de uso cotidiano e indispensable del minero eran los martillos-pico, precedente prehistórico del martillo 'de pizarrero", que como su nombre indica es un instrumento de percusión especial para la pizarra, con boca puntiaguda. De nuevo, el maestro Freijeiro (22) explica como era el usado por nuestros ancestros: "Un guijarro natural, de 20 ó más centímetros de largo, pesado y duro, de forma ovalada, sin más retoques que un surco anular en la parte media para sujetarlo a un mango". Algunos ejemplares de ellos se encuentran en el Museo Arqueológico Nacional, procedentes del área minera de Huelva. La fundición primaria del mineral se llevaba a cabo muy cerca de la mina. En una oquedad delimitada por material lítico se producía la fusión del cobre-plata, utilizando leña y el material fundente que unido al mineral forma con la ganga combinaciones fusibles (arena, arcilla, bórax...). El cobre así obtenido tenía ciertas impurezas, pero, ya podía verterse sobre moldes para adoptar la forma preferida por el herrero. Otros elementos líticos que, encontrados en el término, -y suministrados por vecinos de la localidad- demuestran la existencia de poblamientos neolíticos son estas dos hachuelas, pétreas pulimentadas, quizás del Eneolítico final, y que tienen cierto parecido con las hachas pulimentadas de la colección Siret (civilización del Garcel, Almería). Los habitantes primigenios que se asentaron en los cauces de los riachuelos que circundan Aznalcóllar buscaban en las orillas piedras de dureza notable que les sirvieran como útiles de caza. Estos instrumentos, unidas a ingeniosas empuñaduras de madera o asta de animales dieron lugar a armas y herramientas importantísimas en los comienzos de la técnica humana. El hacha fue fundamental en las culturas de economía maderera y forestal como es nuestro caso. El hacha puede ser de uso directo, es decir, sin mango, como las que se ofrecen al lector, o bien pueden ser enmangadas por medio de fibras vegetales. Pero la pieza más emblemática de raigambre neolítica en la villa de Aznalcóllar es un ídolo oculado, calcáreo, encontrado en el término y que posiblemente se usó como afilador de metales, por las muestras desbastadas de los laterales del cilindro. Los ídolos cilindro suelen realizarse sobre distintos soportes: hueso, mármol, caliza, e incluso cerámica. Su modelo inicial suele situarse en el Próximo Oriente (Tell Brak, Jericó, Tepe) con dataciones de fines del 4.000 a. C.. La historiografía del XIX denominaba ídolo, peyorativamente, a los objetos e imágenes antropomórficas que fueron adorados por los pueblos prehistóricos. En la actualidad, dicho nombre se reserva para aquellos objetos producidos por los pueblos de la antigüedad cuya significación religiosa nos es desconocida. Las culturas agrarias neolíticas rindieron culto a imágenes que encarnaban conceptos de fertilidad, acentuando los rasgos mamarios o ginecomórticos (Venus de Willendorf por ejemplo). Otras figuras tenían un carácter esquemático, sin morfología definida, y cuyo o rasgo más acusado eran los grandes ojos, vagamente esbozados por círculos estrellados (alabastros de Brak, Siria). Estas tipologías se difundirán con la cultura megalítica por el Mediterráneo. Ejemplos cercanos a nuestro betilo aznalcollero son los extremeños de alabastro que están en el Arqueológico de Madrid y se datan hacia el 2000 a. C. Estos ídolos son piedras sin labrar o talladas rudimentariamente con forma cónica y a los que se les daba culto como símbolo de una divinidad o la divinidad misma. Los ídolos-cilindro también son considerados imágenes protectoras de los difuntos.
Se puede decir que los ídolos-cilindro, al igual que los ídolos-placa son más antiguos que los betilos antropomórficos (la historiografía considera que la abstracción precede al naturalismo). Tienen, pues sin duda, un carácter sacro, de culto. Los ídolos cilindro y antropomorfos se suelen colocar en lugares privilegiados para la adoración, mientras que los cruciformes e ídolos placa se suelen llevar como símbolos de distinción social o como amuletos. La decoración se hace con unos ojos radiados (símbolo del conocimiento sobrenatural, o quizás el astro luminoso) y sin preocupación por el volumen corporal; las incisiones son líneas curvas paralelas, intentando la plasmación visual de un rostro humano, que tendría incluso su pelo. Existen distintos ídolos de parecidas características; los más representativos son los procedentes de Lebrija y Morón -este último de 40 cm., poco usual-, pero el betilo encontrado en Aznalcóllar tiene unos "rasgos faciales" mas simplificados y cercanos al ídolo-cilindro de mármol del Museo de Cádiz. Medidas y peso del betilo de Aznalcóllar: - Altura: 25 cm. Entendemos por protohistoria la época en que a pesar de no existir fuentes impresas históricas y documentos escritos fehacientes, sí encontramos testimonios, sucesos y noticias referentes a ella por parte de los escritores de la antigüedad. Así, por ejemplo, Heródoto habla de los focenses y los tartesios; Hesíodo habla de Geryón, nacido en las fuentes inmensas del río Tartessos. Las Historias Filípicas de Pompeyo nos describen a Gárgoris, inventor de la miel, uno de los bienes productivos más antiguos de Aznalcóllar. Y Avieno, en su Ora marítima, da la más antigua descripción geográfica de la zona. El final de la Edad del Bronce suele fijarse hacia el 800 a. C., momento en el que la metalurgia del hierro empieza a usarse en el Mediterráneo. El uso de la piedra sigue estando vigente, pero los útiles líticos han llegado a un grado de sofisticación máxima; por el contrario el metal es caro, y se usa como símbolo de distinción social: adornos fetiches y pequeñas armas. El portador de elementos metálicos puede considerarse un privilegiado. Es hacia el 650 a. C. cuando aparecen los primeros objetos de hierro en necrópolis catalanas. Luego aparecen en túmulos del Valle del Guadalquivir. Esta región, entre los años 1.000 y 750 a. C. se convertirá en la primera cultura superior de Occidente: Tartesos. En ese momento entramos en la protohistoria, dejando atrás la prehistoria.
El pueblo de Tarshish es fundamentalmente mineralúrgico; extrae cobre, plata (23) y oro, y está unido en el comercio con los navegantes atlánticos, que les suministraban metales como el estaño y productos derivados de la pesca y salazón del pescado. También artículos de lujo inexistentes en la cultura autóctona. Cuando entre los años 750-600 a. C. entran en contacto, tartesios y fenicios (época orientalizante). Tartesos llega a su máximo esplendor. A través de Gadir se dinamizó el comercio con el interior del Aljarafe. El interés por el comercio de oro, plata, cobre y estaño son esenciales en estos años para hacer afluir emigrantes a la zona que estudiamos. Los navegantes fenicio-púnicos fueron la esponja cultural que provocó el desarrollo del comercio de objetos valiosos y la entrada en nuestro suelo de gustos y modas diferentes en lo relativo a la construcción de útiles artísticos. Con ellos llegó la milenaria cultura egipcio-mesopotámica así como la centenaria cultura griega. También con ellos aparecieron nuevos modelos de organización social y, por tanto, nuevos modos de pensamiento; se trasformaron los asentamientos poblacionales y las bases de la antigua civilización autóctona: nuevos dioses, nuevos enterramientos, nuevas bases políticas. Lógicamente, no hubo asentamientos fenicio-púnicos en Aznalcóllar.
Ello es debido a que el sistema comercial fenicio buscaba crear factorías
cercanas a la costa, sobre todo a poca distancia de la desembocadura de
un río que tuviese buenas posibilidades de atraque, o bien islotes
con buen abrigo para las embarcaciones y protegidos de posibles ataques
de los indígenas con los que se pretendía comerciar. "...en líneas generales puede decirse que Tartesos ocupaba aproximadamente el territorio de la Andalucía actual, desde Huelva hasta Murcia, extendiéndose algo al Norte, hacia el límite natural del Guadiana". Posiblemente poblado post-tartésico fue Tejada la Vieja (Escacena del Campo) ciudad amurallada idónea y bien comunicada con los centros mineros de la serranía onubense, entre ellos Aznalcóllar. La ciudad protohistórica de Talyata (Tejada) sin duda estuvo conectada comercialmente con la actividad extractiva de nuestro pueblo. El yacimiento arqueológico (25) se extiende sobre una superficje de casi 12 Has. Está amurallado parcialmente allí donde la topografía del terreno no da defensa propia natural. Paredes en talud de altura cercana a los 3 metros constituirían su perímetro defensivo. "La forma de construirlo consistió en levantar 2 paredes de mampuestos y rellenar el espacio entre ellas con piedras y tierra" (26). El macizado se hizo con pizarras, adoquín y grauvacas, llevándose a cabo recrecimiento sucesivos. Sus casas y dependencias tienen medidas muy amplias, con longitudes de hasta 19'60 m. y anchuras de casi 5'70. Una habitación modelo tendría 7'40 x 2'00 metros. Los muros con grosor variable de 50 cm. el más estrecho y 90 cm. el más amplio. La puerta tendría 1'10 de ancho. El marco cronológico lo sitúan los arqueólogos en torno al siglo VII a. C. En relación a este poblamiento de Escacena podríamos estudiar el cercano yacimiento del Cerro de los Castrejones. Este poblado semiamurallado está en la margen izquierda del río Crispinejo, frente a los escombros mineros. Un barranco de fuerte escarpe defiende naturalmente el borde que da al río (flanco sur). Este yacimiento ha sido estudiado por M. Hunt (27) de modo concienzudo desde 1.988, a la espera de que se publique información más detallada sobre sus características. Contentémonos ahora con unas breves líneas del ya citado artículo: "...Protegido por un amullaramiento de más de l'2 km. de longitud la cerámica recogida se encuadra en un arco cronológico que abarca los siglos VIII, VII y VI a. C. Entre los varios objetos metálicos manufacturados con cobre como metal base, todos ellos con estaño, es destacable el fragmento de empuñadura de una espada del tipo Saldda, subtipo Villaverde del río, cuya mayor difusión se da en el siglo VIII a. C." (28).
Puntas de flecha de bronce parecidas y unidas a una cinta de metal de oro, fueron encontradas en la localidad Sevillana de Villaverde del Río, estando depositadas en el Museo Arqueológico. El Dr. Corzo Sánchez (29) dice que sus poseedores eran guerreros de los comienzos de la Edad de los Metales "para los que su ajuar más valioso eran las puntas de flecha de fino metal, que le hacían superior a quien aún empleara flechas de piedra". Comienza así el proceso competitivo vital característico de los hombres, que provocará la jerarquización y el proceso técnico de los distintos grupos humanos. (Medida de la pieza: 4'6 x 1'4cm.). Quizás lo más atractivo para el lector sea la carita femenina broncínea (2 x 1 '8 cm.), procedente de alguno de los cerretes que rodean Aznalcóllar, o quizás del mismo cerro de los Castrejones. Su tipología nos recuerda mucho al rostro femenino del Bronce Carriazo, hallado por el profesor Juan de Mata Carriazo en el mercadillo del "jueves" sevillano. Parece claro el carácter orientalizante de este resto votivo, aunque lo más probable es que sea obra de un artista indígena que hubiese captado los gustos egiptizantes que le llegaban con la mercadería fenicia, y por tanto, esta pieza sea encuadrable en el arte ibérico propiamente dicho. Representa una diosa protectora de los animales -de todo lo vital, de la naturaleza- con el habitual peinado de bucles espirales sobre los hombros, que iconográficamente procede de la representación de la diosa Hathor egipcia (30). Hemos hablado mucho del comercio e influencia de los colonizadores orientales. ¿Pero cómo llegaban a Aznalcóllar y otras poblaciones del interior para realizar su trueque?. Sin duda, embarcaderos y puntos de atraque para las barcazas servían para el abastecimiento interior. Las embarcaciones serían pequeñas, de poco calado, y desde luego de menor entidad que las cabotaje que llegaban a Ilipa (Alcalá del Río). Me inclino a pensar que serían barcazas de piezas ensambladas y de línea de carga poco profunda. En determinados días del mes, los habitantes autóctonos se desplazarían a la búsqueda de los hermosos ejemplares de cerámica de bandas rojas y círculos concéntricos, o toda la parafernalia de objetos de adorno -metálicos o cristalizados- que llegaban para el trueque: peines, muebles, jarritos, braseros, ungüentos, perfumes, joyas y telas, intercambiándolos por productos agropecuarios y minerales de estas tierras del Aljarafe. A este respecto ya hemos dicho en páginas anteriores que la capacidad comercial y artística de los habitantes de la Aznalcóllar protohistórica fue menor que su capacidad industrial y metalúrgica. Y llegados a este punto es conveniente hablar del desarrollo de la cultura ibérica (turdetana, en nuestra zona del Bajo Guadalquivir) cuyos restos se superponen -como no podía ser de otro modo- a lo tartésico. El arte ibérico que encontramos en nuestro suelo procede del tronco común cultural tartésico que se desarrolló durante la Edad del Bronce en el sur peninsular; rama común que dio homogeneidad a sus habitantes en lo relativo a construcciones, rituales, jerarquía, arte,... En el mundo ibérico, de inevitables influencias orientales, los poblados crecen por doquier; en las necrópolis se adopta el ritual de la incineración; el hierro está más extendido para armas y utensilios y la cerámica a torno se usa con asiduidad. En efecto, alrededor del siglo VI a. C., las oleadas colonizadoras celtas (31) de la Meseta alcanzan Andalucía, produciéndose una interconexión entre lo celta y lo tartésico. Si a esta tradición se superponen la influencia greco-fenicia tendremos el estímulo decisivo que configurará nuestro arte ibérico aznalcollero.
Veamos algunas muestras de la estética ibero-turdetana en nuestro término municipal: (Datación aproximada: siglos V-II a. C.).
b) Cencerro con figura alada. Muestra de la artesanía del metal local relacionada con la ganadería. En este tipo de piezas menores no se busca el detallismo ni la expresividad. Sólo un símbolo que identifique la potestad sobre la res. Un acabado vasto, con desproporción corporal y falta de profundidad caracterizan la pieza, que nada tiene que ver, a mi juicio, con la rica metalistería oretana. Es fundición a la cera perdida. La técnica de la cera perdida consiste en realizar un modelo de
cera, que posteriormente se recubre de barro; se calienta, derritiéndose
la cera, que cae por un agujero dejado ex profeso. Después se vierte
el bronce líquido, y por último se rompe el barro, quedando
el objeto listo, para ser retocado con buril y lima. El anverso de esta moneda nos muestra un soldado imberbe con casco (galeam) y un penacho o garzota, orlado con corona de mirto. El reverso nos muestra la leyenda LAS (¿origen tirio o fenicio?). Plinio nombra Lastigi -sin señalar el punto exacto que ocupaba, ni el convento jurídico al que pertenecía- con estas palabras: "Praeter haec in Celtica, Acinipo, Arunda, Aruci, Turobriga, Lastigi, Alpesa...". Parece que Lastigi estaba cerca del Río Menoba (Guadiamar), por lo que pertenecería al Conventus Hispalense. El experto en numismática Francisco Mateo Gago dice: "Cotejado el estilo y la fábrica con otras monedas de la Bética (...) vemos que se parecen a las de Onuba (Huelva) y a las de Laelia. No debió encontrarse Lastigi a gran distancia de estas poblaciones, puesto que participaba de la misma población y cultura (...). Búsquese a Lastigi por aquella costa de poniente en que desemboca el Guadiana".
No obstante, encontrar esta moneda en nuestro término puede asentar la opinión de expertos como Juan Cubero y Piñol, que ya en el siglo XIX, decía lo siguiente: (32) "Entre los pueblos de la España ulterior que batían moneda se encontraba Lastigi, ciudad antiquísima, cerca del pueblo de Aznalcóllar, que estaba emplazada siguiendo el curso del Guadiamar hacia arriba, o sea, en el término de la Dehesa de Crispín, atravesada por el mencionado río". Sin embargo, uno de los máximos especialistas actuales en numismática,
Leandre Villaronga (33), sitúa
Lastigi en el Cerro del Queso, de Sanlúcar la Mayor, incluyendo
la moneda dentro del grupo de Laelia (zona latina, alrededores del Cortijo
de Sobarvina). Por último, señalaremos como dato para coleccionistas que,
esta moneda en cotización de mercado sería de 2.000 pesetas
si está bien conservada; de 7.000 pesetas muy bien conservada y
15.000 pesetas si el grado de conservación es excelente. d) Monedas Ibéricas: As ilipense (Alcalá del Rio) y Obulco
(Porcuna, Jaén). Los símbolos iconográficos son: un sábalo (esturión) con creciente, y debajo la leyente ILIPENSE. La segunda moneda, posiblemente es un Obulco (Ibolka) de 2'9 cm., de diámetro, con un yugo. Esta ciudad es citada por Estrabón, discurriendo por ella la ruta Cartago Nova (Cartagena) -Gadir (Cádiz). e) Falo Broncíneo. También de raigambre ibérica, pero ya cercano al período romano. Medida: 8 cm., Peso: 90 gramos. El símbolo de la virilidad masculina ha sido ampliamente representado en todas las culturas con diversos significados: fecundidad, magia, religión, ... Ejemplos cercanos están las pinturas rupestres paleolíticas de Lascaux (cazador herido), y en Coguli con su danza fálica; ejemplos lejanos los tenemos en las orillas del Tigris y Nilo. Pero hay que aclarar que su constructor y los poseedores a los que iba dirigido, no le daban el sentido obsceno que hoy se le supone, sino que era un amuleto, un protector ante la adversidad. Deduzco, por sus características, que esta pieza es una de las que con asiduidad llevaban los soldados (romanos sobre todo) como talismán portátil para sobrevivir en la batalla. Falos como este sirvieron también en las ceremonias rituales y de iniciación, con las que se imploraba a la divinidad por las buenas cosechas agrícolas. En este recorrido por el arte y la cultura desde tiempos prehistóricos hemos soslayado -intencionadamente- hablar de la cerámica, que es un elemento fundamental de apoyo didáctico para arqueólogos e historiadores. El arte de fabricar objetos de barro y lozas está íntimamente ligado al asentamiento sedentario que se produjo en el Neolítico. Dicho arte era desconocido para los hombres del Paleolítico (cazadores y recolectores nómadas). Será en los últimos momentos del mesolítico cuando el hombre descubrirá la capacidad de endurecimiento de la arcilla, y que podía construir piezas que aplicaría a la vida doméstica. Es muy lógico que las cerámicas y vasijas neolíticas quisieran imitar a los recipientes de cestería realizados con fibras vegetales. Así, las primeras cestas se construirían con enea o cualquier corteza correosa de plantas, a las que adherirían barro, siendo secadas al sol. Más tarde aparecería la cerámica en barro, propiamente dicha, modelada a mano, aún sin el auxilio de elementos mecánicos. Las vasijas se realizarían por la superposición de adujas de barro en espiral (fideos o cilindros de arcilla blanda o mojada, en forma de rosca unidos por presión de los dedos.). Estas piezas se cocerían en hornos abiertos, que no obtendrían altas temperaturas, por lo que serían material musivario fácilmente deleznable. Es por esa causa que se hallan tan pocas piezas completas. R. Corzo Sánchez, al hablar de la cerámica andaluza neolítica dice lo siguiente: "... quizás las viejas cerámicas neolíticas andaluzas tengan que ver con el temprano cuidado del cerdo doméstico (...) animal que proporciona una fuerte reserva alimenticia, con productos susceptibles de larga conservación, para los que la cerámica es un contenedor muy adecuado". Esta aseveración es válida para Aznalcóllar en gran medida, porque el término municipal soporta una fuerte cabaña porcina salvaje, sobre todo en la Sierra del Campillo y Pata del Caballo.
Pero los restos cerámicos encontrados son de época más reciente, alrededor del 2.000 a. C. y corresponden a muestras de cerámica calcolítica encontradas en los yacimientos norte y sur de la mina y estudiados por M. A. Hunt. En una sección estratigráfica realizada en el cerro del Castillo distinguió en el estrato II restos cerámicos "de reducida bruñida y ausencia de tomo, que puede paralelizarse con la Fase I, Bronce Final prefenicio de San Bartolomé de Almonte ...". Más tarde llegará, con la especialización técnica inevitable que sufrirá Aznalcóllar en época tartésica, la cerámica a tomo. El alfarero usará un disco manual que gira horizontalmente y que lleva en su eje una pequeña mesa horizontal, sobre la que se coloca la pieza de arcilla que se ha de tornear. No aparecen en Aznalcóllar esas piezas de amplio volumen de época tartésica (ánforas, tinajas) con decoración de fajas horizontales y motivos vegetales (palmetas, lotos) o zoomorfos (toros, esfinges, grifos) de origen orientalizante. Pero sin duda ese material circuló por la zona, y algo de su estilo captarían los alfareros nativos. Por el contrario, sí tenemos piezas decoradas con haces de bandas rojas que describen filas circulares concéntricas y con 2 tonos diferentes: rojo y ocre (térreo), (siglo I, a. C.). Estas piezas aunque realizadas por alfares autóctonos de época cercana a Roma, nos muestran un procedimiento decorativo que se repitió durante decenios y que es conocido como "engobe" (35) de la cerámica. El teñido se realiza con la pintura roja de almagra (36). El objetivo estético es enmascarar el color natural de la tierra cruda. Estas vasijas con fajas de pintura a bandas tienen un lejano parecido con las hermosas jarras protocorintias procedentes de las típicas importaciones griegas que realizaban los fenicios en su intercambios comerciales de objetos valiosos (37). Las imitaciones locales aparecen desde el siglo VII a. C. Las vasijas se decoran con 2 tonos monocordes, cuya banda ancha mide 4 cm. y la estrecha 4 mm; la boca de vertido mide 19 cm. y el peso total de la pieza es de 440 gramos. No he localizado vasijas o recipientes de raigambre ibérica, que deberían mostramos una decoración ordenada mediante bandas rojas anchas que soportarían semicírculos concéntricos y líneas paralelas onduladas. Sin embargo sí posee el término vasija de barro, sin asa, lisas, con engobe rojo exterior; el interior suele perder su color natural ocre cuando sirven como pebeteros rústicos o quemadores. Otras vasijas debieron servir para inhumaciones funerarias, a juzgar por los restos óseos que se muestran en su interior (no sabemos si corresponden a lo original o si han sido incluidos a posteriori). La boca mide 15'5 cm. de diámetro. La base de apoyo 6 cm. y la altura total es de 14 cm., con unos 750 gramos de peso. Nota: Según los estudios más recientes, parece que el ritual funerario tartésico evolucionó desde las cámaras dolménicas (2.000 a. C.) y los enterramientos en cistas dolménicas (2000 a. C.) y los enterramientos en cistas (1000 a. C.) hasta la incineración y depósito de cenizas en urnas y vasijas desde el 800 a. C. Esta práctica inhumativa se asentará definitivamente desde el 300 a. C. por influencia griega. Con relación a estos enterramientos y como ofrendas a la divinidad deben estudiarse los exvotos de arcilla de reducidas dimensiones. Se construían en señal de agradecimiento por los favores recibidos de la divinidad. Las 2 figuritas son femeninas, sin separación efectiva de piernas. Pesan 40 y 30 gramos respectivamente. La primera mide 7,5 cm. y la otra 6,5. Han perdido sus cabezas y no tienen restos de pintura a la vista. Deben ser datadas cronológicamente en nuestra era a partir del siglo I después de Cristo. Como resumen diremos que, en Aznalcóllar no aparecen piezas cerámicas de temas figurados de ningún tipo, ni siquiera estilizaciones florales antes de Roma. La producción alfarera se puede considerar pobre y repetitiva, con piezas de baja calidad.
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| NOTAS
ACLARATORIAS: (Para volver, pulse sobre el número).
(1) Nombre de una de las 2 columnas que el semidiós Hércules colocó en su viaje al Jardín de las Hespérides, para señalar los límites del mundo y separar el norte de África y el sur de Europa. La parte más septentrional era el monte Calpe (Gibraltar) y la más meridional la roca de Abila, que los marinos oteaban al cruzar el Estrecho. (2) "Historia de Sevilla. La ciudad antigua (de la Prehistoria a los visigodos)". Antonio Blanco Freijeiro. Universidad de Sevilla. Página 3 y siguientes. (3) "Historia de la villa de Albaida del Aljarafe". A. Herrera y J. Ponce, Diputación Provincial. 1992. Página 19. (4) Minería y metalurgia prerromanas. Las minas de Aznalcóllar. 1993. Páginas 36-41. (5) Calcolítico: fase de transición entre el Neolítico y la Edad del Bronce. (6) "Minería y metalurgia" M. Hunt. (7) "Historia del Arte en Andalucía". Volumen 1. La antigüedad. Ramón Corzo Sánchez. página 44. (8) "Historia del Arte en Andalucía". Volumen 1. La antigüedad. Ramón Corzo Sánchez. página 44. (9) Dicha desviación alude a la construcción del sistema hidráulico que se creó para la planta de concentración de minera!, y que incluía la desviación del cauce del río. La construcción de una presa de regulación y otra de derivación con túneles y canales dirigidos a la estación de bombeo. (10) "Taller de cultura Andaluza". Documento 17.1 Junta de Andalucía. Consejería de Educación. (11) Los vértices dolménicos serían la ya citada Valencina. y las localidades de Cazalla de la Sierra y Castillo de las Guardas, con reducidas camaras o corredores ampliados. (12) Richard Thurnwald. antropólogo austríaco de la escuela funcionalista. "La economía de las comunidades primitivas (1932)". (13) Richard Thurnwald. antropólogo austríaco de la escuela funcionalista. "La economía de las comunidades primitivas (1932)". (14) La glaciación de Würm, que se remonta a unos 120.000 años atrás y que parece que se retiró hacia el 35.000 a. C. (15) "Los pueblos de España". Julio Caro Baroja. Madrid 1981. (16) "Historia de Sevilla". páginas 27-29 Opus cit. (17) "Los pueblos de..." 1981 Op. Cit. (18) Alfonso Escámez López. "Carta del presidente", pág. 5 del monográfico denominado "Las piritas de Aznalcóllar". Mayo 1979. (19) Director de Boliden-Apirsa desde 1987. Empresa subsidiaria minera sueca de las piritas deAznalcóllar. propiedad del grupo multinacional Trelleborg. (20) "Historia de Sevilla". Op. Cit. (21) Cortijo del Negro, otro ejemplar. en granito. (22) Blanco Freijeiro. Pág. 37 Op. Cit. (23) En el idioma celta es arganto; Quizás de ahí procedía el hombre de Argantonio dictador de los Tartesos hacia el 550 a. C. (24) Tomo I. "Historia de Andalucía". Página 99. (25) Artículo "Tejada la Vieja. Ciudad Protohistórica". Jesús Fernández Jurado. (26) Artículo "Tejada la Vieja. Ciudad Protohistórica". Jesús Fernández Jurado. (27) Marcos A. Hunt. Opus Cit.. (28) En uno de mis paseos con la Profesora M. Valor Piacchota (Titular del Departamento de Historia de la Universidad de Sevilla) y el Concejal de Cultura de la localidad, J. José Ranchal, observamos restos romanos superficiales: tégulas y opus; restos de cerámica bruñida y asas de vasijas: nada vidriado. (29) "Historia del Arte en Andalucía". Volumen 1. Ramón Corzo Sánchez. Página 40. (30) Durante los siglos VIII al VI, la mayor parte de las obras artísticas eran traídas directamente de Oriente, o fabricadas en Gadir (fundada hacia el 1 .100 a. C.), concretamente en los aledaños del Templo de Melkart (Islote de Sane Petri). A partir del siglo V a. C. los artistas indígenas generarán talleres locales que asimilarán las técnicas orientales creando iconografías propias. (31)
Etimología: "Keltoi", expresión griega. Su cultura,
religión y agrupamiento han sido conocidas por las descripciones
grecorromanas y por excavaciones en alquerías y cerros; comerciaban
con los grecofenicios comprándoles ánforas de vino y materiales
de bronce, ofreciendo a cambio sal, esclavos y perros de caza (gran tradición
canina de Aznalcóllar). (32) Cita textual, incluida en "Breves apuntes históricos y arqueológicos de Aznalcóllar". Autor: Pedro Barrera, obtenida del libro "Iberia Protohistórica" de Juan Cubero y Piñol, Valladolid, 1871. (33) "Corpus nummun Hispaniae ante Augusti aetatem". Autor: Leandre Villaronga i Garriga. Edición limitada de 1.000 ejemplares, de J. A. Herrero. S.A. Este especialista tiene un amplísimo curriculum profesional (Doctor Honoris Causa por la Universidad de Colonia, miembro de la Comrnision Intemationales de Numismatique, fundador de varias revistas especializadas. (34) Cecas anteriores al 218 a. C. Sólo se conocen 5: Gadir, Cartago Nova, Ebusus, Arse y Rhode Emporion. Cecas de la Ulterior cercanas a Aznalcóllar serían: Itucci (Tejada), Lastigi y Laelia (Sanlúcar la Mayor) y la más alejada de Olontigi (Aznalfarache). (35) El engobe puede realizarse con pincel -lo más usual-, por aspersión o por inmersión del objeto en la pasta. (36) Usando óxido rojo del hierro. Almagre o almagra. (37)
El arte griego que llegaba a Aznalcóllar pasaba por el tamiz de
los mismos fenicios, que no sólo comercializaban sus propios productos
sino también los grecoorientales: así, la cerámica
de figuras rojas pronto fue imitada por los indígenas, que quedarían
perplejos ante su belleza. Las ánforas, copas, jarras y demás
productos griegos serían comprados en el puerto de la ría
de Huelva por los patricios turdetanos, que únicamente conocían
la cerámica gris, o parda, con bruñido (o de tipo esquemático). |