LA EDAD MEDIA CRISTIANA


1. Introducción
2. El repartimiento
3. Derechos y deberes de los nuevos pobladores
4. El castillo de Aznalcóllar en época cristiana y otros baluartes defensivos
Torreón de la Dehesilla (Cortijo del Negro)
5. Funciones del castillo
6. Economía y sociedad en los siglos XIII y XIV
7. La Iglesia Antigua (capilla mayor morisca del cementerio)

7.1. Planos y arquitectos
7.2. Alzado
7.3. Estudio de los vanos del muro sur
7.4. Otros datos numéricos de interés sobre la capilla
7.5. Epígrafe final al estudio
7.6. Otros restos artísticos
8. Política, economía y sociedad en los siglos XV y XVI
8.1. Avatares políticos en el siglo XV

8.2. La era de los Reyes Católicos (1474-1516). Las ordenanzas reales
8.3. Evolución demográfica de la Aznalcóllar cristiana

8.4. Organización política del Concejo de Aznalcóllar
8.4.1. Elecciones y cargos del Concejo
8.5. Datos económicos sobre vecinos y tierras en los siglos XV y XVI
8.6. Los marginados sociales
8.7. Economía y producción laica y eclesial en los siglos XV-XVI
8.7.2. Economía eclesial


1. Introducción


En 1248 se formaliza el sitio de Sevilla, cuando D. Pelayo Pérez Correa, Gran Maestre de la Orden militar de Santiago llega a las murallas de la capital, habiendo reducido las fortalezas avanzadas que la protegían, entre ellas las de Aznalcóllar.

En efecto, para reducir Sevilla era necesario cortar el suministro de víveres a la urbe (madina). Una vez aislado el territorio aljarafeño y la Campiña, y aislada Sevilla de Triana por las naves del almirante Ramón Bonifaz, a la capital no le quedaba otra salida que la rendición.

Los ejércitos de Fernando III vinieron de Córdoba a Sevilla. La antigua capital omeya cayó en 1236. Jaén cae en 1246. Mientras el Rey Santo conquista el valle del Guadalquivir, Sancho II de Portugal ocupaba las partes más occidentales que le son naturales a los lusitanos, como el Algarbe, en 1249. Este hecho producirá una indefinición territorial y geográfica entre las fronteras luso-castellanas, que se solucionó en parte cuando Alfonso X, en 1253, redactó el "Privilegio de 6 de Diciembre", con el que toma posesión teórica de toda la zona al este del Guadiana, estableciendo los términos del alfoz (la tierra) de Sevilla (98).

Pero para tomar posesión real de un territorio no solo bastaban los documentos, sino que había que poblar dichos terrenos y defenderlos; este problema crucial, el de la repoblación de las zonas urbanas y rurales, será la causa de que la Corona cediera tierras a las órdenes militares, caso este que no fue el de Aznalcóllar, que siguió siendo de jurisdicción realenga. (Por ello no aparece su mención en los bienes del Cabildo ni de la Catedral).

El establecimiento definitivo de la frontera con Portugal se produce en el año 1297.

Hemos dicho que Aznalcóllar debió ser conquistada antes que Sevilla, por ser lugar de defensa adelantado. En efecto, los preparativos para el asedio de Sevilla habían comenzado en 1246, habiéndose producido ya la crisis del Imperio almohade. La historiadora Mercedes Borrero Fernández (99) nos dice que hubo negociaciones entre Fernando III y los caudillos musulmanes Axacaf y Aben Choeb para ceder el territorio del Aljarafe, que estaban en su poder. Según Ladero Quesada (100), entre estos preparativos previos a la conquista de Sevilla y su tierra, también se encontraban pactos inteligentes con reyezuelos árabes sometidos a vasallaje como Ibn Mahfud. "Fernando III fomentó todo lo que significase oposición... en Al Andalus... Apoyó la formación de una taifa independiente en Niebla, donde Muhammad Ibn Mahfud gobernó desde 1233 hasta 1262..."

En estos 2 años, Aznalcóllar debió sufrir numerosos robos y saqueos en las fértiles tierras que la limitan por el sur. Ya conoce el lector que desde fines del XI, tropas cristianas atacaban en razzias el área circundante y abastecedora de la Sevilla musulmana. Al igual que en el siglo XII, donde hubo expediciones de castigo procedentes de Portugal (años 1178-1181) desde el Algarbe hacia el Campo de Tejada.

Julio González (101) habla sobre la cruda realidad de esta zona: tierras quemadas y destruidas.
Incluso después de la conquista de Sevilla, la tierra de Aznalcóllar se vio envuelta en sangre nuevamente. "También la zona del Campo de Tejada quedaba bajo dominio cristiano en la primera fase conquistadora. Pero hasta 1253, un reyezuelo moro llamado Hamete se hizo fuerte en el lugar hasta su captura y muerte" (M. Borrero Fernández). Alfonso X se hará con el control total de la zona, obligando al pago de parias, a asistir a las reuniones de Cortes y a prestar ayuda militar al rey de Castilla cuando fuera requerida, a estos reyes vasallos de Niebla y Tejada.

En la página 370 de su Diccionario (102) el historiador Madoz nos cuenta como debió ser la rendición de Sevilla capital: "El vecindario, desahuciado de socorro y acosado por tan largo sitio, se presta a capitular: el vencedor impone a los que quieran permanecer en la ciudad casi las mismas condiciones que habrían sufrido los cristianos en ella el año 712, impuestas por Muza: cada uno tiene libertad de vivir enteramente a su manera, y sin más diferencia que pagarle a él el tributo dado hasta entonces al rey de Marruecos; quienes prefieran ausentarse tienen el derecho de disponer de sus haberes... Fernando ofreció también al gobernador Abú el Hasán, que a la sazón mandaba en Sevilla, la elección del punto para su residencia si no quería permanecer en la ciudad, pero nada aceptó el esforzado Hasán, y se embarcó para el Africa con sus almohades y alguna parte del vecindario que se decidió a seguirle..."

No hay noticias de lo que aconteció en Aznalcóllar en el momento de su conquista. Podemos aventurar que debió quedar muy mal parada: sus casas construidas con pobres materiales semiderruídas o vacías, los barrios y casas aledaños a la muralla deshechas, desapareciendo el comercio y la vida propiamente urbana.

La población quedó constituida por gentes de 2 lenguas y religiones diferentes, solo unidos por una incipiente lengua común: el romance.


2. El repartimiento

Alfonso X será un rey también importante para la ciudad de Sevilla y sus pueblos, ya que dicta el Repartimiento (sistema de repoblación novedoso que consistía en la distribución de tierras entre los conquistadores). El reparto de tierras y heredades se concedía a los que habían participado en la conquista. Unos oficiales reales, los repartidores, se encargaban de la ordenación y distribución individual de las tierras y bienes susceptibles de ello, previa aprobación del Rey.

Ello se formalizaba en documentos, "los libros de repartimiento", en los que se otorgaron grandes señoríos, y que favorecieron sobre todo a ordenes militares y nobles.

Con el Repartimiento, convivieron en Aznalcóllar la masa de población cristiana que procedente del sur del río Duero bajó hasta aquí y los moros mudéjares que quedaron sirviendo en los menesteres propios de su tiempo, para los que los cristianos no tenían recambio. Por ejemplo: los alarifes y albañiles que serán los constructores de la hermosa iglesia mudéjar que tenía Aznalcóllar, hoy desaparecida (solo queda la Capilla del cementerio, que analizaremos más adelante).

A estos mudéjares se les permitía permanecer en sus hogares mediante pleitos y capitulaciones, extendidas por los secretarios del Rey.

Mientras -según Madoz- los reyes cristianos se dedicaban a avecindar en la capital una población nueva, adjudicándole las casas y haciendas de los musulmanes, eximiendo de tributos y volviendo a ser una Sevilla populosa y fuerte, Aznalcóllar y los pueblos de su contorno comenzaban un lento caminar para asentar en sus tierras nuevos pobladores que levantasen el tantas veces talado, saqueado y maltratado Aljarafe.

Veamos a continuación el primer documento histórico cristiano en el que se cita a Aznalcóllar, extraido de la edición de Julio González, en su obra: "El repartimiento de Sevilla" (103):


(IV "Heredamiento del Cillero, Almacen y Galeras del Rey)

(A. Cillero)

a) Sanlúcar.

Así heredó el rey a Sanlucar, que es su Çillero (104):

Dióle en término del cuerpo de la villa en que hay ochenta e dos mill pies de olivar e de figueral sanos, e son por medida quatro mill arançadas.

Diól Benizuza en que ha quinze mill pies de olivar e de figueral, e por medida de tierra quinientas e quatro arançadas.

Diól Guazindinar, en que ha treinta mill pies de olivar e de figueral, e dióle y el rey a don Martín Fernández, su notario cien azançadas de olivar e diez yugadas en Alaquaz. E dió el rey a D. Juan García, su mayordomo mayor, Cançandini Toda por heredamiento en cambio de Caçalla Almançoz, que él le había dado antes, que dió el rey después a los christianos pobladores de Sanlúcar, e las cien azançadas que avía aquí Don Martín Fernández cambiógelas el rey en Caçalla de Almançor. Ay dado en término de Sanlucar a los moros dende dozientas yugadas, anno e vez. E despues no fallaron que avía heredad de pan (105) en Sanlucar mas de çinquería yugadas, que dieron a los moros, e a los christianos pobladores dende diérangela en termino de Aznalcolla.

Caçalla Almançor, que es de término de Aznalfarache, en que avía cinquenta mili pies de olivar e de figueral, e por medida de tierra ochocientas azançadas, e fue asmada en quatrocientas azançadas de sano, que avía dado a D. Juan García, su mayordomo mayor. Dióla el rey a estos pobladores de Sanlucar que aquí están escritos. E dio y el rey a D. Martín Fernandez, su notario, çien azançadas de olivar e unas casas, e un molino de azeyte, e todo lo que y finca mandó el rey a estos pobladores de Sanlucar que aquí son escritos, que lo partiesen entre sí por cavallerías e por peonás. E estas cien arançadas de Don Martín Fernández diógelas el rey en cambio de las otras cien arançadas que él avia dado ante en Guaçindinar. E dió el rey otrosi a don Juan García, en cambio de Caçalla Almanzor, quel avía dado, Cançindinar toda por heredamiento. E dió otrosi el rey a estos pobladores de Sanlucar la heredad de pan que avía suyo en Haznalcollar".

Relación de los pobladores de Sanlúcar, algunos de los cuales obtuvieron tierras en Aznalcóllar.

Estos son los cavalleros:

Don García, clérigo. Domingo Martín.
Don Pelayo. Pascual Pérez Alcalde.
Pero Díaz. Ibannez de Ubeda.
D. Cebrian, el escrivano. Domingo Polo.
D. Polo, el alcalde D. Gonçalo.
Lorençio.

Estos son los pobladores de Sanlúcar, que son los peones:

Domingo Pascual de Xódor.- Don Ibánnez, alguacil.
Romero. Don García, hermano del alguacil.
García de Molina. Domingo Rubio.
Domingo Martín, yerno de Domingo Domiingo Ibánnez.
P. de Xodar. Benito Bueno.
Don Matheos, yerno de Domingo Pérez. Donna María de Lorenço.
Domingo Santiago. Domingo Pérez de Carmona.
Don Ervás. Don Clemente.
D. Ibánnez de Carmona. Donna Menga Sancho.
Domingo Pérez de Lara. Pedro Conegero.
Don Caro. Pascual Pérez, almocadén.
D. Martín. Martín, hermano del alguacil.
Donna María. Pero Fernández.
Donna Pascuala. Pascual Miguel.
Domingo Ibánnez, sin fijo. Pascual Ibánnez.
Juan Gómez. D. Pedro Catalán.
Martín Pascual. Pedro Blanco, el tio.
Martín García de Molina. Dominigo Lena.
D. Martín. Juan Perez, almocadén.
Domingo Sancho de la Figuera. Domingo Pascual de Molina.
Don Pelayo. Pedro Guadiana.
Martín de la Portería. Pedro Molina.
Domingo de Brihuega. Don Polo, padre de Domingo Polo.
Sancho Munnoz. Domingo Ibannez, hermano de
Donna Fara Ibannez. Domingo Polo.
Ibánnez Domingo de la Figuera. Pascual Domínguez, fijo de Martín
Domingo Minguez. Pascual.
Don Polo, el alcalde,(se repite en los Martín Pérez.
caballeros). Ruy Pérez de Uclés.
Martín Domingo de Jerez. D. Domingo de Taraçona.
Ibannez Domingo de Cabra. Pero Domingo de Trujillo.
La muger de Pascual Sancho. Pedro, fijo de D. Polo.
Don Miguel de Baeça. Ibannez Domingo, yerno de Sanç
Don Ibannez de Pero Moro. Munnoz.
Don Vicente. Don Domengo, yerno de Ibannez
Donna Marina. Domingo.
Don Ibannez, el pastor. Don Ibánnez, yerno de D. Gonçalo.
Don Martín, yerno de D. Ibannez Domingo Aragonés.
de Cabra. D. Remón Aragonés.
Don Remón, pastor. Pedro Navarro.
Pedro, almogávar. Martín Domingo de Lopera.
Martín Cobo. Domingo Pérez de Valencia.
Martín Domínguez, su yerno. D. Lanos.
Pedro Ibannez. Domingo Pérez de Madrid.
Sebastian de D. Pedro Ibannez. D. Martín de Lopera.
Estevan Martín. Bernal Catalán.
Don Estevan, su concunno. D. Martín de Scanuela.
Domingo Pérez, montero. D. Gutierre de Safagund.
Pedro Ferrera. Domingo Pérez Castellano.
Donna Maria, suegra de D. Remón. D. Millán, yerno del Castellano.
Sancho Domingo de Madrid. D. Tomás de la Figuera.
Domingo Perez de la Figuera. Pero Martín.
Martín Gómez. D. Domingo de Atiença.
Don Marcos de Molina. Ibánnez Sancho.
Donna Menga de Molina. Domingo García.
Domingo Pedro. Don Domingo, concunno de D.
Nunno Pedro. Cebrián. Pero Ruiz.
Domingo Ibannez, yerno de Martín D. Lugo de Fita.
Ibannez. D. Ibannez cunnado de D. Cebrián.
Sancho de Villena. D. García.
D. Gil de Donna Marina. D. Fernando.
Martín Domingo. Don Nunno, yerno de Juan Perez de
Domingo Sancho de la Figuera. Mérida.
Dos fijos de Pascual Sancho. Miguel Pérez de Mérida.
Domingo Tomé de Alaraz. D. Estevan de Mérida.
D. Femando de Domingo Munnoz. D. Ximon de Mérida.
Maria Polo. D. Diego, sobrino de Martín Pascual.
D. Pascual, yerno de Martín Pérez. Ibannez el Rubio.
Pero Marquez. Pedro García de Berlanga.
Lorenço. D. Martín de Cervera.
D. Guillermo. Domingo Conejero.
D. Estevan. Domingo Martín, yerno de Domingo
Domingo de Valdolías. Vidal.
Domingo Perez de Tierra de Sandina. Martín Fernández.
D. Cebrián. Pero Días.
Juan Márquez, tabernero. D. Juan.
Pero Pérez, padre del sacristan. Pedro Pérez.
Juan Fernández. Domingo Pérez.
Don Nicolás. Don Ibánnez.
D. Matheos de Villanueva. D. Remondo Catalán.
Don Domingo. Domingo Pascual, fijo de Martín
Don Illan. Pascual.
Domingo Castellano. D. Matheos, el calderero.
Pedro Cobo. Pascual de Boniella.
Fermín Martinez. Domingo de Sagramenna.
D. Vicente de Trevinno. Martín Meléndez.
D. Pedro, yerno de D. Gonçalo. Rodrigo de Orgaz
Pedro Martínez, de Ruy Martínez. Juan Pérez.
D. Tabernero. Marcos de Beteta.
D. Marcos de Atiença. D. Ibannez, hermano de Martín Gomez.
Andrés de Lisbona. Pedro Martín Andrés.
Domingo Vidales. Pedro Sancho, yerno de D. Pascual.
D. Juan de Alcaçar. Domingo Martín de Posadilla.
Juan Pérez de Mérida. D. Martín de Molina.
D. Juan de Burgos. D. Martín Martín del Villar.
Domingo Mellado. D. Estevan.
Pero Miguel. D. Llorente de Villar de Campos.
Pero Domingo. D. Ibannez.
Pero Martínes de Calahorra. Domingo el Cobo.
Domingo Martínez de Huerta. Domingo Ervás.
Domingo Munnoz. D. Sebastián.
Atán yerno de Menga Pedro. D. Adán, primo de D. Pelayo.
Don Guillem, molinero. D. Pero Mínguez.
Don Monço, clavero. D. Pascual.
Pascual Domingo, yerno de Menga Pedro. D. García, yerno de Cervera.
Domingo, tabernero. D. Estevan.
Domingo Innigo de Alcaféz. Domingo, alfageme.
Don Ibannez de Fontoria. Domingo Pérez de Segura.
Pascual Martín. D. García de Celada.
Juan Domínguez de Huete. Pero Martín, alfageme de Villalón.
Domingo Pérez de Martos.

Estos son las viudas que no an fijos:

Donna Menga la Serrana.
La Madre de Pedro Guadiana.
Man Domínguez.

Estos son los albarranes pobladores de Sanlucar que no an mugeres:

Domingo Luengo. Femando de Simancas.
D. Vicente. Martín, fijo de D. Gonzalo Martín.
Domingo Munnoz. D. Juan Aragonés.
Pero Martín. Mingo.
Domingo Pérez. Fernán Peláez.
D. Aparicio, ferrero. Sancho.
Domingo Pascual. Juan, çapatero.
Pedro Pascual. Domingo Martín de Posadilla.
Domingo Gil. Martín Bartolomé, sobrino de D. Pelayo
Femando. Alfonso.
Domingo Minguez.

Según el profesor Ladero Quesada: "el repartimiento estableció entre los nuevos pobladores tres calidades sociales: las de peón, caballero y caballero de linaje. Las 2 primeras se distinguían sólo por la forma de cumplir las obligaciones militares el beneficiario, a pie o a caballo (...) Un lote de peonía era la mitad con respecto a otro de caballería". Este especialista en historia medieval nos explica que el repartimiento no consiguió fijar de forma absoluta una población ni un régimen de propiedad. Hubo abandonos de repobladores, sustituciones de personas, compraventas y donaciones, de tal modo que el régimen de propiedad debió ser muy fluido hasta mediados del siglo XIV. De las tres calidades sociales de los repobladores, Aznalcóllar sólo se benefició de 2: caballeros y peones.

Se citan 11 caballeros y 188 peones para Sanlúcar la Mayor y su heredad, Aznalcóllar.

Poco o nada sabemos de estos repobladores a excepción de lo que se escribió en el pergamino.

Hay un cura, Don García. 2 alcaldes, Don Polo y Pascual Pérez. El tratamiento de "Don" posiblemente signifique una preeminencia del primero de los citados. No debe extrañar al lector la existencia de 2 alcaldes, cosa usual en otras poblaciones, y cuyas funciones judiciales se extendían a la jurisdicción civil y criminal, exceptuando ciertos casos de especial gravedad que los resolvían los alcaldes mayores (lugartenientes del adelantado). Don Polo se repite en la lista de peones, lo que puede ser un error o repetición intencionada. También se encuentra D. Cebrián, el escribano.

Pueblos cercanos como Albaida del Aljarafe no aparecen con tanta población hidalga. (28 repobladores según la carta puebla, o carta de población firmada por el deán de la catedral de Sevilla). Y es que Solúcar, que ya había sido cabeza de distrito en época mora, seguiría siendo grande en los proyectos de Alfonso X. Dice J. González al respecto: "Sanlúcar se proyectó para más, y por su conexión a la vida económica de Sevilla prosperó... El repartimiento se la dota de varias alquerías y se establecieron en ella 230 vecinos cristianos, y a su lado unos moros. Por su proximidad a la ciudad admitió más población de la establecida en los heredamientos repartidos y así en 1426 tenía más de 400 vecinos, a pesar de que habían surgido en el siglo XIV y XV otros pueblos en su término". Uno de ellos será Aznalcóllar, a quien se trasvasará población de esta cabeza judicial.

Volviendo sobre nuestros primeros pobladores y sobre el uso del "Don", Antonio Herrera García, el gran especialista en temas del Aljarafe, escribe en la reciente historia local de Albaida que dicho tratamiento de don o Doña a los nombres significa por fuerza algún tipo de distinción... "dada por cierta condición hidalga, por su posición económica o por alguna formación en las artes liberales". (página 39 de la Historia de la Villa de Albaida del Aljarafe). Tenemos así a Don Ibannez (alguacil), Donna María de Lorenzo, Don Ibannez (el pastor), Don Guillem (molinero), Donna Menga La Serrana, Don Aparicio (ferrero),

Algunos de estos destacados y también peones puede que se quedasen tras el sorteo, con las 50 yugadas que se citan para el término de Aznalcóllar.

En cuanto a la procedencia, hay algunos topónimos que identifican a sus pobladores: Ibannez de Ubeda, Domingo Pascual de Xodar, Don Ibannez de Carmona, Domingo Perez de Carmona, Domingo de Brihuega, Martin Domingo de Xerez, Ibannez Domingo de Cabra, Don Miguel de Baeza, Sancho Domingo de Madrid, Ruy Pérez de Uclés, Pero Domingo de Trujillo... y un largo ecétera. Población castellana y de la Baja Extremadura son las notas predominantes, como puede observar el lector.

Prueba de la importancia que la Corona daba a este enclave de Sanlúcar fue la presencia de diversas subcategorías sociales: alcaldes, alguaciles, almocadén (capitán de tropa a pie), almogavar (soldado de tropa que se empleaba en hacer entradas y correrías en las tierras del enemigo), montero (para la cercana sierra y para el reconocimiento de los cazaderos de oso y puerco), cura, sacristán, molinero, tabernero, herrero, y albarranes (mozos solteros, dedicados a las tareas agrícolas). Algunos de los citados comenzarían a labrar las tierras del llano que se extiende en la margen derecha del Guadiamar desde las primeras estribaciones de la Sierra hasta la subida a Sanlúcar (las tierras que cruza la Comarcal SE-523 con fincas de máxima productividad, como las actuales de Frutansa, o el mismo Cortijo de Crispín).


3. Derechos y deberes de los nuevos pobladores

Junto a las tareas del repartimiento de la tierra conquistada, los reyes cristianos se encargarán de la regulación jurídica de la vida ciudadana; para ello se otorgará un Fuero a los habitantes de Sevilla y su tierra. Este documento es el texto básico, por el que debían regirse todos los vecinos, muy interesados en la ordenación jurídica y penal que delimitase sus nuevas atribuciones y derechos en la rica tierra sevillana.

Para el doctor Vicente Romero Muñoz (106), el Fuero de Sevilla no se redactó en las Cortes celebradas en el año 1250, sino en el 1252, y en él se concedían una serie de derechos a la ciudad para beneficiar y atraer a sus habitantes. Con él se hace partícipe a los vasallos y pobladores de los bienes que Dios otorga al conquistador.

En esta "carta" del ordenamiento civil se agrupan preceptos sobre la clase de los Caballeros (con los mismos derechos para los sevillanos y toledanos), los mercaderes (a los que se les permite que "vendan e compren francamente e libremente en sus casas sus paños e sus mercancias"), las gentes del mar y los impuestos.

El capítulo dezmatorio queda especificado así en el Fuero: "Et mandamos comuralmientre a todos los que fueren vecinos y moradores en Sevilla tan bien a Cavalleros cuerno a mercaderos cuerno a los dela Mar cuerno a todos los otros de la villa que nos den diezmo del axaraf et del figueral. Et si alguno vos demandare de mas deste diezmo que a nos avedes a dar del axaraf et del figueral, que nos somos tenidos de defender vos et de amparar vos contra qui quisiere que vos lo demande ca esto del axaraf et del figueral es del almoxarifadgo et del nuestro derecho. Et mandamos que de pan et de vino et de ganado et de todas las otras cosas que desdes vro decho a la eglia..." (107)

Entre estos derechos que se conceden al territorio de Sevilla se cita expresamente en varias ocasiones los mismos privilegios que a la ciudad de Toledo. Es decir, Sevilla fue dotada de las mismas condiciones, franquicias y contenidos jurídicos que la antigua ciudad cristiana:

"Dámosvos, a todos los vecinos de Sevilla, comunalmentre Fuero de Toledo. Et damos et otorgamos demas a los cavalileros todas las franquezas que han (tienen) los cavalileros de Toledo... (...)"

De estas leyes y privilegios, interesan para Aznalcóllar las disposiciones relativas a medidas de tierras, ganado y colmenas.

Según Julio González, al llevarse a cabo el repartimiento de Sevilla, los castellanos empleaban sistemas de medición diferentes; uno para Alcalá del Río (donde quedaron cierta cantidad de moros sujetos a vasallaje mediante capitulación); y otro sistema de medidas que se generalizó en todos los demás campos del alfoz sevillano, entre ellos la heredad de pan que conocemos como Aznalcóllar. Dicho sistema se reduce a estos patrones:

a) El estadal pequeño de Sevilla: medida de superficie equivalente a 134'15 metros cuadrados.

b) La yugada de tierra que era el equivalente a 60 aranzadas, siendo la aranzada de Sevilla 50 pies (108).

"En Sevilla, igual que en tierras castellanas o leonesas se emplea la yugada para medir tierras de pan llevar (Aznalcóllar) y la aranzada para viñas, olivares y huertas (Sanlúcar, por ejemplo). La aranzada de olivar se vendía en 1253 a 1 maravedí; en 1.258 ya había subido; la yugada de heredad, si en 1259 cuesta 2 maravedís, en 1.264 valía ya 16". (J. González).


Por lo que se refiere al ganado lanar, Alfonso X da disposiciones que lo pretegen en 1266, dando facultad a los pastores y vaquerizos de Sevilla, para "hacer mesta con sus ganados" en 3 momentos del año: Por San Juan, Nuestra Señora de Agosto y S. Miguel.

Alfonso X concedió otro privilegio para que fuesen más ricos los sevillanos, eximiendo de montazgo (tributo que pagaban los ganaderos por usufructo de los montes, bosques y prados del rey), servicio, pedido y demás pechos (tributos) a los ganados del reino de Sevilla.

Por último, las numerosas colmenas del territorio de Sevilla fueron protegidas del robo o destrozo con las ordenanzas que a su favor se dictaron en 1253.

Pero ¿de qué derechos disfrutaba un poblador rural de tierras de realengo?

En principio, aunque las tierras no pertenecían de derecho a los habitantes, el rey permitió su uso y cultivo, excepto los bosques y cazaderos reales. Sólo cuando la Corona empieza a dotar al municipio de Aznalcóllar de "propios" (terrenos que el concejo local puede arrendar para obtener un rendimiento económico) comenzará a subir la masa de población de la villa, Aznalcóllar en los decenios siguientes a la conquista de Sevilla sería una de las más lentas en el desarrollo demográfico, aunque no hay datos fiables hasta el siglo XV, que después analizaremos.

Los habitantes de Aznalcóllar, siempre muy unidos familiar y tributariamente a los de Sanlúcar, alquilaban las tierras a los representantes del rey, pagando con una parte de la producción (diezmo) al almojarife, recaudador de la corona. El pago también podía hacerse en metálico. Si se hacía en especie, el grano se acumulaba en la cilla o almacén real. Se sabe que desde 1568 hay documentación de tipo administrativo referentes al pósito (cilla) municipal de Aznalcóllar.

Muy posiblemente, en los primeros momentos de implantación del diezmo, el grano se almacenase en los recintos eclesiásticos. A partir del siglo XV, o quizás desde el momento en que Aznalcóllar se segregó de Sanlúcar, dicha población ya tenía algún tipo de tercia, alfalí o alhorí para guardas "el pan".

Vicente Lleó Cañal, en la introducción al libro "Pósitos, cillas y tercias en Andalucía", hace una breve reseña de estas construcciones desde la prehistoria a la actualidad. Hace entender que todas las sociedades primitivas o modernas, han creado sus primeras formas arquitectónicas para guarecer y resguardar los alimentos, antes incluso que para dar cobijo a sus propios cuerpos. En Grecia, por ejemplo, el almacén antecede al templo como obra constructiva.

Del mismo modo podemos intuir que se crearía en el interior de la muralla del Cerro del Castillo un edificio destinado a cobijar el grano, al menos hasta la construcción de la Iglesia morisca del XIV.

Los derechos de los pobladores de villas que no pertenecían al rey eran más amplios. Todas las tierras entregadas lo eran en propiedad, para sí mismo, su familia y herederos. El poblador podía venderlas, empeñarlas o cambiarlas, pero siempre que pasaran un número de años (variable) antes de su traspaso. Antonio Herrera escribe que ante todo debía saberlo el cabildo; y únicamente se prohibía traspasar las propiedades a noble, caballero o religioso libre de pagar impuestos... Entienda el lector que el principal objetivo de la Corona era asentar población fija, que levantase la producción agrícola y llenase las cillas reales (109).

Las obligaciones de estos pecheros (pobladores que pagaban impuestos) eran cultivar las tierras "anno e vez", es decir, mitad del terreno sembrado y mitad en barbecho; labrar los olivares e higuerales, y cuidar de viñas, colmenas y ganados.


4. El castillo de Aznalcóllar en época cristiana y otros baluartes defensivos


Con el asentamiento de nuevos pobladores, el recinto amurallado de Aznalcóllar debió repararse; también se sustituirían las tortuosas calles de raigrambre musulmana por un trazado más racional, evitando la sinuosidad típica árabe. Con la ampliación de espacios, varió también la vivienda, produciéndose una fusión híbrida entre el arte gótico y el musulmán, que darán lugar al arte gótico-mudéjar de ladrillo tan característico en nuestro suelo.

Los especialistas en poliorcética coinciden en que los primeros castillos cristianos de Andalucía serán herederos de las técnicas constructivas musulmanas. Se edifican con antemuros, barbacanas, torres albarranas, corachas y puertas en recodo, uniéndose con piedras en seco y argamasa en determinados lugares.

El arte mudéjar reformará las edificaciones defensivas apareciendo los matacanes (obras de voladizo) sobre las puertas y ángulos de las torres, los rastrillos, las torres circulares, garitas y blasones.

Como ya indiqué en el capítulo relativo a los musulmanes, no conocemos la estructura alzada del castillo de nuestro término. Sí podemos aventurar que el Castillo tendría una puerta de ingreso, comunicada con dependencias más o menos regulares (¿rectangulares?) a las que se accedería por el típico sistema de eje acodado de finalidad defensiva.

El cubrimiento sería el típico a base de bóvedas de medio-cañón hechas en hormigón, y recubiertas de enlucido, si nos atenemos a los cubrimientos parecidos de las atalayas que se encuentran cercanas a Aznalcóllar. (Cortijo del Negro). La fábrica del muro que se conserva en el cerro es mampostería de factura descuidada hecha con argamasa de cal y arena para cementar las pizarras y grauvacas usadas en su estructura. También de tapial son los restos que se conservan del perímetro amurallado de Sanlúcar la Mayor.

Como se explicaba en páginas anteriores, el castillo se acomodaba a la topografía rocosa del terreno. El castillo está en uno de los muchos cerros que circundan Aznalcóllar, pero no tendría una posición fácil de defender si no se hubiesen construido "torres de flanqueo". No creo que población de las características y demografía de Aznalcóllar tuviese un sistema sofisticado de defensas. La zona más débil, que es la que mira al pueblo desde la puerta de ingreso al cementerio, quizá tuviese zanja tipo foso o cava, mientras que la caída topográfica hacia el pantano sería la defensa natural al otro lado.

En época del Repartimiento, se crearon núcleos de poblamiento rural agrupados en torno a "torres-fuerte" (atalayas) que nacen para dar protección y albergue a las familias de labriegos que bajo su custodia inician el repoblamiento del lugar.

De entre estas torres con finalidad defensiva se destacan en el término municipal de Aznalcóllar 2 fundamentales: la torre del Cerro del Castillejo, desde la que se domina el actual puente de la presa, y el Torreón de la Dehesilla. De la primera construcción no queda prácticamente nada, excepto restos de aparejo murario hecho a base de pizarras trabadas en tramos aislados del cerrete, todo cubierto de maleza. Podría considerarse una torre vigía para aviso de incursiones lusitanas o ataques desde el Norte.

Daremos más importancia a la segunda, que domina y protege las extensiones más ricas de las tierras de cultivo de Aznalcóllar.


Torreón de la Dehesilla (Cortijo del Negro)

A la izquierda de la carretera de Escacena, en tierras de la familia Tassara, está la torre del Cortijo del Negro, que es una construcción de planta rectangular de 9'30 metros de lado mayor por 6 metros de lado menor.


Torre defensiva del Cortijo del Negro

Es de época cristiana, posterior a la reconquista de la zona (1247-48) por tropas castellanas.


Torre defensiva del Cortijo del Negro (Vista lateral)

 

El cimiento del edificio se haya construido con piedra caliza y pizarra hormigonada, en la que se observan restos de escorificaciones minerales. Dichos cimientos aparecen encofrados, de manera superpuesta.

Los sillares constructivos se unen con argamasa en el sistema constructivo conocido vulgarmente como "tapiazo".

Su puerta esta orientada al Norte. La entrada aparece resaltada con un dintel de roca pulimentada y con rebaje rehundido para el gozne de la puerta. Poseía 2 plantas en alzado. La primera fue de medio cañón, y se observan todavía sus arranques. A la segunda se accedía por medio de rampas de peldaños.
Julio Caro Baroja (110) cita la obra Bellum Hispaniense al afirmar que para guardarse de los frecuentes ataques e incursiones de bárbaros (celtas y lusitanos) y bandoleros, las casas-habitaciones se protegían con torres y fortificaciones hechas de mortero. "Desde lo alto de estas edificaciones se veía tierra en todas direcciones". En ello redunda Julio González (111) cuando dice que algunas villae formaron pequeñas fortificaciones desde la caída del Imperio. Antes incluso, en la época de César, los puntos distantes de las ciudades se hallaban protegidos por torres que servían de atalaya y fortín. Los árabes conocieron tales torres, y a ellas responden los topónimos encontrados por los castellanos.

Estas torres defensivas estaban relacionadas entre sí por medio de espejos que brillaban al contraste solar o bien con piras de fuego (humos). Por su posición estratégica formaban una red de alarma que prestó importantes servicios a los cristianos en las guerras de reconquista.

Tito Livio, historiador romano del siglo I, en su obra maestra "Ab urbe condita Libri (libro XXII, 19-6) habla de ellas en estos términos: "(...) multas et locis altis positas turris Hispania habet, QUIBUS et speculis et propugnaculis adversus latrones utuntur".

En esta cita tomada de García Bellido (112), de su obra "Bandas y guerrillas en las luchas con Roma", se denota, el temor de los pobladores y campesinos y cómo realizaban arquitecturas para defenderse de ese peligro.

Los romanos llamaron a estas torres propugnacula, praesidia, turres Hannibalis y turres speculae. Las torres andaluzas a que se refieren los cronistas cristianos y musulmanes son de propiedad particular de vecinoso ricos, estando construidas en extensiones de tierras feraces y amplias, como los cortijos, a los que se protegen en caso de peligro.

Dice J. González, (113) que los castellanos encontraron en Sevilla no menos de 15 torres con la denominación de "borg" y el nombre propio, en su mayoría árabes, algunas del siglo XI al XII; y que los propietarios árabes de esas torres pertenecieron en gran parte a poderosas familias. Por ello es muy posible que la fortificación se les permitiera desde Sevilla por la categoría social de sus dueños. No obstante, la nuestra parece ser de época cristiana.

"Prescidiendo de la urbana y elegante de D. Fadrique en la ciudad, hay otra suya en Albaida. No muy lejos se encuentra la de Loreto. Esta como las demás que se ven en el campo, está desmochada, y es que en alguna época, especialmente en época de los RR. CC., no pocas se mutilaron. Famosa fue la de Membrilla, desmantelada en el siglo XV; (...) y la del Cortijo de la Torre" (Carretera Gerena-Olivares).

Los castillos y los baluartes defensivos de menor entidad, lejos de ser únicamente recuerdos de un romántico pasado, de añoranzas de un tiempo de princesas y galanes, son centros de poder y de férreo control sobre los individuos. "Tan característico era el castillo sobre todo el pueblo, que los musulmanes a veces olvidaron la nomenclatura antigua, desaparecida tal vez por alguna destrucción y pusieron otra con referencia al castillo" (Julio González, "Repartimiento"). Así surgieron Aznalfarache, Aznalcóllar y Aznalcázar, por referencia a otro nombre anterior relacionado con la forma Hisn, como ya estudiábamos en época islámica.

Nuestro interés en el castillo de Aznalcóllar y en las torres defensivas radica en encuadrar en el contexto histórico adecuado estas edificaciones, entendiéndolas en su sentido de construcciones omnipotentes y controladoras del poder político-económico sobre la zona y sus pobladores. En general, podría entenderse que Aznalcóllar se coloca por debajo del macrosector defensivo que agrupa a las sierras de Aroche, Aracena y Constantina, y cuyo objetivo básico sería constituir un primer baluarte defensivo contra las incursiones lusitanas. De todos modos, Aznalcóllar no era zona fronteriza directa con Portugal en época cristiana. Su amurallamiento es posible que se deba al interés de la corona por cuidar las fértiles llanuras sanluqueñas de los ataques de los bandoleros de la Sierra. Otra misión sería la de servir de baluarte defensivo para asentar la vigilancia y consolidar el poder cristiano sobre la sierra norte recién conquistada (no olvidemos que se produjeron revueltas de pobladores hasta el asentamiento definitivo de las fronteras con Portugal). Una tercera misión vendría identificada por la necesidad de la existencia de fortalezas defensivas desde las que desarrollar el poblamiento de una zona pobre y deshabitada, agrupando a sus pocos habitantes alrededor de un centro neurálgico, usado en época anterior como zona de comercio e intercambio, y en los momentos cristianos como centro administrativo y jurisdiccional del término.

5. Funciones del castillo


Nuria C. del Prado, en su estudio sobre los Castillos de la Baja Edad Media, amplía a 5 las funciones de un castillo fortaleza: militar, repobladora, política, control de caminos y otras funciones (114).

a) Militar.- Su objetivo es proteger el propio castillo y su entorno, vigilar el territorio y avisar a otras fortalezas de los movimientos del enemigo. Así, el Castillo de Aznalcóllar debe entenderse como una prolongación de los intereses de la corona de Castilla. A este respecto, Collantes de Terán considera que las fortalezas se asientan "en las inmediaciones de los antiguos pasos y caminos, dominando y controlando las múltiples vías de acceso y penetración a Castilla". Pero debemos recordar que, como mínimo, el amurallamiento de Aznalcóllar es musulmán, y que su objetivo sería la defensa de los lugares de labranza de olivo y vid, y de los ganados que pastaban en la sierra, evitando su robo o saqueo por las frecuentes expediciones de tropas cristianas (115).

La función eminentemente militar del Castillo y la guarnición de Aznalcóllar quedará claramente fijada con los sucesos políticos ocurridos después del reinado de Alfonso XI y de su hijo Pedro I (1325-1369).

A la muerte de Pedro "El Cruel", en 1369, una familia noble cristiana (los Trastamara) sube al trono en la persona de Enrique II, que detentará el poder desde ese año a 1379.

Se produce una guerra civil provocada por pretendientes con más derecho y por súbditos disconformes; esta guerra no era más que un símbolo del enfrentamiento entre 2 formas de vida: la feudal, que otorga todos los beneficios del estado a los nobles, y la burguesa, en la que mercaderes y juristas tienen un papel predominante.

Con la victoria definitiva de Enrique de Trastamara se abre un período de paz con Granada (hasta 1406), y se lleva una política de ampliación de las tierras sujetas a señorío feudal, que se mantenían o transmitían por vía de mayorazgo.

Así, en Sevilla crecieron en poder y lugares jurisdiccionales familias tan renombradas como los Guzmán, Ponce de León, De la Cerda,

De este período final del siglo XIV interesa destacar el papel fundamental que Sevilla y su tierra en la crisis "internacional" promovida por el intento de Juan I de ser coronado rey de Portugal.

En efecto, el hijo de Enrique II, por una complicada red de pactos matrimoniales tuvo derechos firmes a ostentar el centro lusitano desde 1383. A ello respondió una alianza anglo-lusa, que se oponía a la persona del duque de Lancaster. Dentro del marco de estas acciones bélicas se incluye un documento de los Papeles del Mayordomazgo, de los años 1384-1386, localizado en el archivo municipal de Sevilla (116) por el que se da cuenta de los maravedises que Pedro Jiménez (mayordomo de Sevilla) recaudó de algunos lugares de la tierra de Sevilla, entre ellos Aznalcóllar y Sanlúcar la Mayor. Estos tributos o pechos de galeotes se destinaban a las 3 galeras que el rey mandó construir en los astilleros de Sevilla en Junio de 1384, "con arreglo a las cuantías de los vecinos de dichos lugares, a razón de 25 maravedises por ciento". (Collantes de Terán)

Como prueba que la guarnición y el Castillo de Aznalcóllar estaba activo en el último tercio del siglo XIV, tenemos un documento que hace mención de ello, y que debemos relacionarlo con la tensión fronteriza con Portugal. En efecto, tras la Batalla de Mértola (117) Sevilla ordena al mismo corregidor Pedro Jiménez que los maravedises que recaudaba por los pueblos -concejos del alfoz- fuesen destinados a los veteranos de la batalla de Mértola, tanto hombres de a caballo como de a pie. En este mandamiento de 4 de Septiembre de 1385 (6 folios) se ordena que "diese a todos los que quedaron en dicha villa con Fernán Arias de Cuadros, después que se ganó, el sueldo de todo el tiempo que habían servido, además del de los 2 meses que se le habían pagado, a razón de 6 maravedises diarios a los de a caballo y 4 a los de a pie y asimismo para que se pagase en demasía a cada uno 2 mrs. del primer mes y 4 del segundo, descontándoles a los hombres de a pie el sueldo de 15 días, que cado uno de ellos había de recibir en su pueblo de origen". (Collantes).

Dentro de esta política de acciones bélicas de los reyes de la dinastía Trastamara se incluye otro documento de fecha 1400-1401 (siendo rey Enrique III). Es un mandamiento de Sevilla a los 37 concejos de su alfoz (Aznalcóllar, Gerena, Escacena, Sanlúcar, entre ellos) para que "las cantidades que habían recaudado entre sus vecinos y moradores, (...) las enviasen a Alonso Pérez de Godoy o a Micer Luis Bocanegra, mayordomos de Sevilla, para hacer que los pusieran en un Banco, para hacer con ellas lo que Sevilla les ordenase" (Collantes).


Papeles de Mayordomazgo relativos a Aznalcóllar 04-09-1938 (Tensión fronteriza con Portugal)

Estas cantidades servirían para pagar el sueldo de 15 días a los ballesteros y lanceros enviados por cada Concejo al servicio del Rey y su aliado el Maestre de Santiago.

En el documento leemos cómo Aznalcóllar había de dar un ballestero de su guarnición, que montó (costó) 90 maravedises. Gerena, quizás con mayores efectivos militares, había de dar 4 ballesteros y 3 lanceros por 15 días. Los ballesteros a razón de 6 maravedises, que montaban 360 en total, y los lanceros a razón de 5 maravedises, lo que en 15 días suponían un total de 225 maravedises.

b) Repoblación. - Para repoblar el territorio recién conquistado a los musulmanes era necesario un centro de población importante que lo coordinara. Este centro fue obviamente Sevilla. Es posible que en Aznalcóllar quedasen, al igual que en otras antiguas alquerías, población musulmana que hubiera pactado con los cristianos, quedando en calidad de sometidos o mudéjares (118). Lo que no sabemos es si llegaron a conservar su libertad o la posesión de sus propiedades, como explicaba Madoz en su estudio histórico de la conquista.

F. Simonet (119) al estudiar los mozárabes en España explica como se ha generalizado la creencia de que los musulmanes respetaban a los pueblos que se les rendían, incluso en la organización tribal y gubernativa. Para dicha tolerancia era solo parcial, sobre todo si hacemos mención a la legislación muslímica, que cita así:

"...los cristianos dimníes o mozárabes debían tratar a los musulmanes con honor y reverencia, como a superiores, levantándose cuando ellos se acercasen, y cediéndoles los asientos cuando ellos quisieran sentarse (...) debían dejar a los mahometanos el mejor lugar en los paseos y caminos (...). A los cristianos de ambos sexos les estaba prohibido montar a caballo, por el carácter noble de esta animal, sino solo mulas y asnos".

No cabe duda que esta legislación restrictiva que sufrieron los cristianos en época árabe debió multiplicarse por 2 en la nueva situación geopolítica hispana tras la conquista, sufriendo los musulmanes vejaciones y humillaciones parecidas o mayores.

La coexistencia se permitió hasta la sublevación mudéjar de 1264, que provocó la huida del reino sevillano de estos pobladores moros.

La profesora Nuria C. de Prado considera que la sierra quedó en buena parte despoblada; "tal vez esta comarca (refiriéndose a la Sierra Norte Sevillana, pero que nosotros interesadamente ampliamos hasta la villa de Aznalcóllar) al no tener para Sevilla ningún interés económico más allá de las maderas y algún otro producto (miel, frutal) y sí un valor militar por ser la frontera con Portugal, hizo que la ciudad (Sevilla) centrara sus esfuerzos en tener fortificada la sierra, manteniendo un mínimo de población que sostuviera ese aparato militar".

Es por esto, que dicha estudiosa considera que la repoblación de esta zona fuese "marginal, lenta y casi espontánea". Ni siquiera las labores extractivas de la mina hicieron que la repoblación acelerase su ritmo.

c) Función política. - De las 2 anteriores funciones de los baluartes defensivos, surge necesariamente esta tercera aplicación.

Existen documentos varios que revelan el interés directo de la Corona en la guarda y sostenimiento de los Castillos.

En el "Inventario de papeles del Mayordomazgo", analizados por Collantes de Terán (120), encontramos la primera cita sobre el Castillo de Aznalcóllar, correspondiente al período 1.386-1.396.


Papeles del Mayordomazgo relativos a Aznalcóllar (1.400-1401) (Sueldo a Balleteros y Lanceros)

En él se cita al edil Martín López, a la sazón alcalde de Aznalcóllar (121), a quien Sevilla mandó libramientos pecuniarios para las labores de reconstrucción de! Castillo de la villa. Contiene 3 mandamientos de los veedores de la guerra a Fernán Martínez de Medina (mayordomo de Sevilla), a Juan Fernández de la Cuadra (recaudador) y al Concejo de Aznalcóllar, para que otorgasen ciertas cantidades para las citadas obras de reconstrucción.

Incluye también una acreditación del citado Martín López de los gastos que había hecho para las obras del castillo, y un mandamiento de Pedro Rodríguez de Esquivel (mayordomo de Sevilla), al Concejo de Aznalcóllar, referente a gastos hechos en las mismas obras, todo lo cual sumaba 2.388 maravedises. Las fechas de los citados mandamientos van desde el 29 de Agosto de 1386 hasta el 1 de Marzo de 1387 (Collantes).

Trancripción parcial del documento: "Para las labores de Aznalcóllar". -

"Dirigido a: Martín López, vecino de Haznalcóllar:

Por carta de los veedores de la guerra, feche XXIX días de agosto de MCCCLXXXVI (1386) mandamos a Fernán Martínez de Medina, Mayordomo de Sevilla, que de los maravedies que recauda de las rentas de Sevilla que de ende a Martín López, alcalde de Haznalcóllar para cal e ladrillo e maestros para las labores que Sevilla le mando façer en el castillo del dicho lugar: 500 maravedies.

Por carta de los veedores de la guera, fecha de XXX de diciembre de MCCCLXXXVI mandamos a Juan Fernández de la Cuadra, que de los 30.000 mrs., que recaudo por Sevilla, que de ende a Martín López... 471 maravedies.

Por carta de los veedores de la guerra de fecha XXI días de diciembre de 1386 mandamos al Concejo de Haznalcollar que los 228 mrs. y 6 ds. que les copo a pagar del medio caballero que había de dar por sus cuantías según el repartimiento que Sevilla mandó façer en el castillo del dicho lugar en este mismo año, que los den e paguen luego a Martín López su vecino..."

En relación a la categoría social de los alcaldes de fortalezas, Nuria Casquete de Prado, en su profundo estudio sobre los Castillos en la Baja Edad Media, rescata una orden de Alfonso X (partida II, título XVIII, Ley VI) en la que estableció el Sabio Rey los parámetros para elegir a estos representantes reales:

"Deue ser de buen linaje, de padre e madre. Non deue ser muy pobre, porque non aya cobdicia de querer enrisquecer de aquello que le dieran para la tenencia del castillo". Es decir, para el siglo XIII, la alcaldía del Castillo de Aznalcóllar se dió a caballeros hijosdalgos que eran vecinos de Sevilla, posiblemente. En el siglo XIV pueden detentarlas vecinos fijos asentados en la localidad (caso de Martín López). Y en el siglo XV se vuelve a la antigua reglamentación dispuesta por Alfonso X (condición de caballero), pero con la diferencia de que ahora serán regidores del concejo sevillano, teniendo las tenencias carácter vitalicio.

En efecto, en el siglo XIII, los alcaldes los elige el rey, mientras que en los siglos XIV y XV los elige la ciudad hispalense.
Entre sus competencias y atribuciones, señala la historiadora arriba citada, las siguientes:

1. Interior del castillo.- el alcaide tendrá hombres suficientes para la guarda del castillo; cubrirá el abastecimiento de alimentos, armas y pertrechos, así como la labranza del castillo (y reconstrucciones del amurallamiento, como hemos visto en el documento).

2. Exterior del castillo.- tiene potestad para la demanda de prestaciones militares a las gentes de la villa. Exige víveres y productos del campo a sus habitantes.

En cuanto a su nómina, dependería de la situación estratégica del castillo. A mayor peligro y misiones, mayores emolumentos pecuniarios.

En el castillo de Aroche se dotaba a su alcalde, en el siglo XIV con una cantidad de 3.000 maravedises, siendo un punto muy estratégico.

Otras villas de inferior escala en cuanto a peligro fronterizo cobraban en torno a los 600 maravedises anuales. Este sería el caso de Aznalcóllar.

En el siglo XV, la tenencia de los castillos pasará a ser un cargo más bien honorífico, pues han pasado los peligros bélicos para los que fueron creados, convirtiéndose en un cargo funcionarial que paga la hacienda sevillana. Así, en la primera mitad de esta decimoquinta centuria todas las tenencias de alcaldía de fortalezas se pagan entre 4.000 y 6.000 mrs. Hacia 1480 este gravoso cargo político queda fijado entre 6000 y 12000 maravedises.

Los RR.CC., promulgarán un edicto por el que no se nombrarán más alcaldes de fortalezas, procediendo a la demolición de muchas de ellas, entre las cuales está la de Aznalcóllar (122).
Otros alcaides de fortalezas cercanas fueron la familia de los Cerón, en la década de 1.440-50 en Sanlúcar la Mayor y Fernando Ortíz (década de 1440-1460) en Aznalcázar.

d) Función de control de caminos. La presencia del Castillo de Aznalcóllar está íntimamente ligada al problema del bandolerismo de la zona: el amurallamiento de la villa, serviría en época cristiana -como sirvió en los siglos anteriores- para proteger contra quienes atentaban al libre tránsito de personas o caminantes; los usuarios de estos caminos o calzadas (de las que ya hablamos en Roma e Islam) harían alto en su descenso de la sierra en el Castillo, el cual ejercería un control fiscal materializado en el cobro de diezmos o rentas de paso de mercancías y ganado.


Papeles... Obras de reconstrucción del Castillo de Aznalcóllar (1386-1396)

e) Funciones varias, como Casa del Cabildo por ejemplo. Es muy posible que las primeras reuniones de los integrantes de la hacienda concejil de Aznalcóllar se llevasen a cabo en una de las habitaciones del Castillo tal como hicieron los concejos de otros pueblos arrasados durante el proceso de conquista y repoblación. Otra función inevitable a una zona ganadera como Aznalcóllar sería el usar la fortaleza como corral de ganado y refugio de los vecinos para protegerse en caso de algaras y ataques.


6. Economía y sociedad en los siglos XIII y XIV

En los primeros siglos medievales, los leñadores, herreros y soldados de la milicia son más importantes socialmente que los labriegos. Se derriban encinas y alcornoques, abriendo nuevos espacios para los cultivos cerealísticos, evitando los escarpes serranos. Los herreros y carboneros trabajan duro para fundir el mineral que sale de los pozos mineros. Pero los campesinos tienen un nivel de vida precario, viviendo de lo que producen o de lo que pueden cazar furtivamente en los bosques propiedad de la Corona. La realidad vital se basa en el sistema feudal, en donde los labriegos no poseen tierras propias, excepto algunos grandes hacendados que han reunido en sus patrimonios las tierras que inicialmente se dieron a los pobladores durante el repartimiento. En Albaida del Aljarafe está el infante D. Fadrique; en Aznalcóllar el propio rey es un señor feudal más, propietario de todos los bienes raíces de su suelo. La Hacienda real necesita dinero para mantener sus mesnadas y la obtiene de sus tierras y súbditos, imponiendo a los campesinos el impuesto de talla o pecheros. Estos arbitrios son cobrados por "los alcaldes de la tierra", que se encargan de los asuntos de justicia y hacienda a partir del siglo XIV. En principio son nombrados por el rey para plazos anuales o bianuales, pasando después a ser vitalicios. Entre los pecheros surgen a veces los francos, grupos diferenciados que están exentos de pagar impuestos. En los siglos más avanzados de la Edad Media, el sistema de compraventa de franquezas se haría uso corriente.

Los alcaldes de los castillos daban la condición de francos, es decir libres de pago, a los hombres de su confianza y a los militares profesionales de la guarnición (ballesteros y lanceros).

En los siglos XIII-XIV los siervos intentan rescatar su libertad de los señores: los campesinos necesitan mantener su independencia pagando para ello sumas importantes que les permiten hacer contratos de arrendamiento de las tierras que alquilan. Su subsistencia es precaria, estando supeditados a los cambios climatológicos. Un invierno sin lluvia o un régimen de tormentas inadecuado hará pasar hambre a toda la villa (123).

De las 3 calamidades más temidas por el hombre de la Edad Media (guerra, peste y hambre) la falta de alimento es la que provocó más daño en la débil economía de la Aznalcóllar medieval. Años de malas cosechas (124) diezmaron su frágil economía agraria y la penuria reinó en campos y casas. El aporte de pan (de trigo y cebada) solía correr a cargo de la Corona quien destinaba una partida anual para los gastos de los castillos (envíos de grano para la milicia). Si los avatares meteorológicos eran favorables, la propia tierra de Aznalcóllar producía suficiente grano para los pocos habitantes del término. No tenemos datos de archivo para estos siglos XIII-XIV, pero se sabe que en la 15ª centuria, en 1433, había censados 36 cabezas de familia -sólo se censaba el pater familias-, que multiplicando por una cifra media de 6 integrantes del núcleo familiar total harían un total de 216 habitantes aproximadamente y para esta fecha. 33 años más tarde, en 1486, el padrón vecinal daba un número de 75 cabezas de familia, elevándose a 86 en 1493.

Junto a los malos años de cosecha, las epidemias de peste en su triple presentación virulenta (bubónica, pulmonar e intestinal), contribuyeron a dilatar la regresión de la población ya iniciada en el siglo XIII en Aznalcóllar. Las carencias documentales de estos períodos obligan a estudiar esta lacra en relación a sucesos y regiones más amplias. Las primeras epidemias de peste en Europa con carácter generalizado se refieren a los siglos XI y XII, como la importada de Antioquía en el 1128. Pero es el siglo XIV el que ve despertar la pandemia (epidemia generalizada) de peste más brutal hasta entonces conocida. Normalmente, la cronología de la peste coincide con los años de hambre, aunque existan brotes autónomos de plagas pestíferas.

Hacia 1347 aparece un primer brote, cuyo contagio, lento y ramitificado, se extendió desde China hacia Europa oriental, siguiendo desde allí las vías comerciales terrestres y marítimas hasta llegar a la península ibérica y a nuestra serranía. 14 años más tarde volvió a, rebrotar diezmando enormemente la población europea. Hablan los estudiosos de 25 millones en Europa y 23 en Asia. Sólo Gran Bretaña parecía salvarse del desastre. Debemos imaginar una Aznalcóllar desierta, con cadáveres que se acumulan en la calle durante días, sin que nadie se atreva a recogerlos. A sacerdotes y monjes implorando la misericordia divina (se sabe que muchos curas abandonaron sus puestos eclesiásticos) y a los feligreses buscando su propia salvación.

Los síntomas que eran visibles para los ciudadanos eran: fiebre altísima, manchas oscuras en la piel y tumores negros en el cuello, axilas o ingles. ¿Por qué sobreviven algunos de los que cuidan a los enfermos, mientras otros resultan infectados? La medicina de esa época cree que le enfermedad se evita quemando maderas que huelan bien o rodeando al enfermo de olores acres. Mientras, los sacerdotes predican el fin del mundo, que dicen que está cerca a causa de los pecados del hombre porque Dios golpea con su ira la Tierra.

Algunos de los más afamados médicos de la Corte francesa, como Guy de Chauliac (125), intentan dar explicaciones variopintas a la epidemia; cree que al estar la naturaleza formada por 4 elementos (agua, aire, tierra y fuego), uno de ellos deben haberse corrompido. En su opinión, la peste nacía de la corrupción del aire. Cuando el aire se corrompe, forma densos y pestilentes miasmas. Si esos miasmas entran en contacto con personas y animales rompen el equilibrio del cuerpo y traen la peste.

En las ciudades importantes como Sevilla se organizan comités de sanidad, y se ponen en marcha lazaretos para atender a los desfavorecidos. Mientras tanto, la ciencia médica musulmana se inclina por permanecer al lado de los enfermos aunque no pueda curarlos. Consideran que la música suave, masajes corporales, aromas fragantes, humos de frutas y olores penetrantes ayudan a mantener el cuerpo en calma y equilibrio, pues si el cuerpo está en calma, los miasmas no pueden atacarlo.

El Corán, libro sagrado de los islámicos, dice que no se debe huir de la peste, pues el Profeta Mahoma asegura que Allah tiene un lugar especial reservado en el paraíso para los que mueran de esta enfermedad.

No andaban muy descaminados los físicos árabes al hablar de la higiene corporal (masajes y baños) como remedio contra la enfermedad.

Hoy sabemos que el agente causal de la peste, la pasteurella pestis o bacilo de Yersin es un coco-bacilo grampositivo que se transmite al hombre de diversas formas; una de ellas a través de las pulgas, que al chupar sangre de un animal infectado traspasa gran cantidad de esos bacilos al estómago humano, una vez es inoculado con la picadura.

Otra forma de contagio es a través de roedores como el conejo de campo, liebres y ardillas, muy comunes en esos siglos en el término de Aznalcóllar. Cuando el hombre caza, despelleja a estos animales y se contagia. Por ello la profilaxis e higiene de los alimentos, algo desusado en esos siglos medievales, eran fundamental para evitar la epidemia.

Otro de los productos consumidos frecuentemente en el término sería carne. La cercanía de la Sierra, la amplitud de pastos y la facilidad para mover el ganado en caso de ataque o bandidaje (encerrándolo tras la cerca mural del castillo) hacía de este manjar un abastecimiento generalizado de la población. La carne de jabalí (etimología: yabali, que en árabe significa cerdo montés) sería la más apreciada y común en nuestro término, constituyendo el alimento más buscado por los múltiples cazadores furtivos que son tradición en esta tierra.

El jabalí común (sus scropha) que se caza en esta sierra tiene casi 1'5 metros de longitud y se alimenta de hayucos y bellotas, excavando la tierra con su hocico para extraer raíces. Este animal proporciona de 150-200 kilos de carne, siendo una pieza de caza muy apreciada, de sabor exquisito. La caza era una actividad que sólo podían desempeñar los nobles, siendo a la vez deporte y riesgo. Al cazador furtivo se le condenaba a muerte si era pillado en los cazaderos reales.

El rey y los señores feudales realizaban la depredación usando rehalas (jaurías de perros) de 12-24 canes. La manera tradicional, que ha llegado hasta nuestros días, consiste en soltar los perros que acosarán al animal hasta que es obligado a acular. El combate finaliza cuando el montero acaba rematando al animal con el cuchillo. Otra forma de caza era la batida, en la que el animal es derribado al pasar frente a las líneas de monteros, con flechas. En la actualidad se les abate con balas de un calibre mínimo de 27 mm.

Del siglo XIV tenemos un documento relativo a la carne de Aznalcóllar en los papeles del Mayordomazgo, inventariados por Collantes de Terán (126).

La transcripción dice literalmente: "En Aznalcóllar rematose el dinero de la carne del dicho lugar en Estaban Sánchez, vecino de dicho lugar por 30 maravedises".

Con respecto a la caza, la fuente bibliográfica más importante del siglo XIV es el "Libro de la Montería", de Alfonso XI, compuesto entre los años 1340-1350.

El libro de Montería tiene 3 partes que se corresponden con los 3 libretos de que consta. Ha sido analizado profundamente por Antonio López Ontiveros, Bartolomé Valle Buenestado y Francisco R. García Verdugo, publicando el ejemplar relativo a Caza y Paisaje Geográfico de las Tierras Béticas (127).

Estos autores nos dicen que el primero de los libros habla "del guisamiento que debe traer todo montero", es decir de los modos y maneras de dirigirse en la actividad cinegética. El segundo libro habla sobre "la crianza y física de los canes", de la que tanto saben los criadores de perros actuales de Aznalcóllar.

El tercer libro, que se hizo con la ayuda del "Cuerpo de monteros reales" nos muestra los cazaderes andaluces; la parte que nos interesa viene descrita en la comarca cinegética conocida como "Valles de Haznalcollar", en el capítulo XXIV-2. También interesan los capítulos XIV-0 (Arroyo del Crespín) y XX VIII-0 (El Carcaboso).

En ellos se hacen las aportaciones geográficas y cinegéticas sobre el término municipal, especificando los montes "de oso" y los montes "de puerco".

La delimitación de los cazaderos de Aznalcóllar se hizo con ayuda del cuerpo de monteros reales, de los cuales teníamos un nombre en el Repartimiento de Sanlúcar: Domingo Pérez. Estos venadores u ojeadores de caza indicaban a los geógrafos del rey el nombre del cazadero, con indicación de las especies cinegéticas (oso/puerco) y la estación en que aquellas se cazan, seguido del lugar concreto en que se han de colocar las "Vocerías" (128) y las "Armadas" (129).

La actividad cinegética descrita en este Libro de Montería para Aznalcóllar y los demás pueblos sólo se refiere a la caza mayor, considerada como la más noble y la que debe ser practicada por los caballeros.

Caballería y montería están íntimamente relacionadas por su carácter paramilitar, manteniendo a los nobles en la tensión viril que les caracteriza. Dice Alfonso XI: "Non ha mas acostada a la caballería que esta", refiriéndose a la actividad de caza del oso y puerco salvaje.

En orden de importancia, el primer puesto lo ocupa la caza del oso pardo, (ursus arctos). Era la especie dominante en nuestros montes de sierra. Se caracterizaba por su robustez, sus dedos armados de uñas corvas de gran tamaño, su hocico alargado y orejas pequeñas, adaptándose perfectamente al clima de la sierra por su alimentación omnívora. Su área de campeo era amplia, entre 60 y 100 kms.

El segundo lugar en cuanto a importancia montera la tenía el puerco, el jabalí salvaje, que aparece absolutamente en toda Andalucía, aunque todavía se cazan en Aznalcóllar buenos ejemplares. Este animal se adapta muy bien a la serranía del término por su polifagia, habitando los extensos despoblados de bosque y matorral de la Aznalcóllar del siglo XIV, donde encontraba la tranquilidad que necesitaba para su crecimiento.

El tercer puesto lo ocupaba la caza del ciervo-venado, que a juicio del rey, "es menor que la montería del oso nin del puerco".

Esta preeminencia de unas sobre otras, obedecen a la dificultad que presentan los distintos lances o encuentros con la res. La caza del oso ensalza la dignidad del linaje de aquel noble que la practique.

La caza menor (conejos, liebres...) no era tarea noble, por lo que no se cita en la obra literaria del rey. Estos menesteres, aunque no permitidos en los bosques reales, fueron tónica común de los habitantes de Aznalcóllar, que así completaban su débil dieta alimenticia.

Según el libro de montería, el invierno es la estación más propicia para cazar reses. Octubre, Noviembre y Diciembre son meses en que los jabalíes y osos están cebados, gordos, y se desplazan más lentamente. Además los perros afinan su olfato con el frío, localizando más fácilmente la presa.

El verano es época menos propicia, por lo que si se ha de cazar, se recomienda en abril y mayo, porque "los panes comiençan a nascer, y van començando a engordar". Además es la época del celo, y el montero puede encontrar varios ejemplares juntos.
Para la caza, el período más negativo es Julio y Agosto, porque el calor evita que los cazadores y perros puedan actuar con presteza, tal como dice Alfonso XI en la página 44: "non hay canes ni homes que puedan correr".

Nota: Cuando se habla de cazadero de invierno, el Libro de montería alude en realidad al otoño climatológico propiamente dicho, es decir, Septiembre a Diciembre. Cazadero de verano, de igual modo, implica la primavera y días finales del verano.

7. La Iglesia Antigua (capilla mayor morisca del cementerio)


7.1. Planos y arquitectos


La Capilla del cementerio formaba parte de una edificación de mayor entidad hoy desaparecida: la antigua iglesia gótico-mudéjar de Aznalcóllar, posiblemente del siglo XIV (130)

En el archivo de la Catedral de Sevilla, en el legajo "Obras de iglesias", aparece un plano (ver Anexo) con la siguiente leyenda:

"Plano superficial de la iglesia parroquial de la villa de Asiarcollar (sic) (...)" (131).

Este plano fue elaborado por los arquitectos Antonio Matías de Figueroa y José Álvarez, siendo el primero arquitecto del Arzobispado sevillano y el segundo maestro de obras del Cabildo. Era éste un proyecto de remodelación de la Iglesia primitiva, y dicho plano se elabora para demostrar la forma en la que debía hacerse el remozamiento. Por ello, en la parte superior del documento, y en su margen derecha aparecen 19 acotaciones muy útiles al estudioso que desee conocer las dimensiones y características arquitectónicas de la antigua fábrica de la Iglesia.


Plano superficial de la Iglesia parroquial de la villa de Asiazcollar. Archivo Catedral de Sevilla. Legajo: obras de Iglesias. Marzo de 1781. Extraído del estudio de Rocío Luna y Concepción Serrano: "Planos y Dibujos del archivo de la Catedral." Diputación. Ańo 1986.

En el plano se observan 3 naves de la misma anchura compartimentadas por columnas de base cuadrada; el acceso al templo se realizaría a través de 2 puertas, una a los pies (orientada al Oeste) con cuatro arquivoltas y otra en la nave de la Epístola (orientada al Sur) con un pórtico cubierto y con tres arquivoltas más estrechas.

La iglesia se cubriría con alfarjes artesonados lignarios en el interior, y cuya armadura sería de par y nudillo, con tirantes, hilera y solera, mientras el exterior se cubriría a dos aguas (nave central) y con pendiente simple (a un agua) en las laterales con la típica teja árabe. La planta del edificio en su sección horizontal es cuadrada (132).

La propuesta de Figueroa y Álvarez era ampliar por la fachada de los pies, pero las obras no se iniciaron siquiera, quizás por considerarse dicha edificación distante e insana, iniciándose los trámites para adquirir nuevos terrenos sobre los que edificar la nueva iglesia parroquial que hoy conocemos como de Nuestra Señora de la Consolación y de la que hablaremos más adelante (133).

D. Diego Angulo Íñiguez, en el discurso inaugural del año académico 1932-33 que denominó: "Arquitectura mudéjar sevillana de los siglos XIII, XIV y XV", nos habla de una lucha sostenida entre el elemento mudéjar y el cristiano en lo que se refiere a los diseños de fábrica de iglesias; en dicha dialéctica constructiva triunfó la utilización de la bóveda ochavada sobre los muros de la Capilla Mayor de las iglesias moriscas, como es el caso de Aznalcóllar y la Capilla del Cementerio.

En Sevilla, los templos se cubrían en la nave central "con las formas góticas de los conquistadores", mientras que en nuestra Capilla vence la carpintería morisca, renunciándose al abovedamiento total de la iglesia que era algo normal en la arquitectura gótica.

El estilo constructivo de los alarifes de esta zona es de escasa variedad, pues normalmente se reducía a construir iglesias de una sola nave. Los ejemplos constructivos de tres naves no son usuales; por ello, la Iglesia antigua de Aznalcóllar tenía cierta importancia constructiva.

Ya he dicho anteriormente que las capillas moriscas suelen estar cubiertas por bóveda ochavada; así, en efecto, la encontramos en nuestra Capilla. Esta obra arqueada que cubre los espacios comprendidos entre los cuatro muros es un octógono de 8 ángulos iguales cuyo contorno tiene 8 lados, alternando entre sí los de igual longitud. La bóveda ochavada se apoya en trompas lisas, es decir, en 4 bovedillas semicónicas, con el vértice en el ángulo de dos muros y la parte ancha hacia afuera en saledizo. Con ello el alarife transformó la planta cuadrada en octogonal, ya que dicha solución constructiva (que se utilizó con frecuencia en la arquitectura románica del siglo XI) permite añadir 4 lados achaflanados por el interior del recinto. Sobre esa planta octogonal creada se edificó la cúpula que muestra 8 nervios al exterior.


7.2. Alzado

El alzado de la Capilla nos muestra unos muros de grueso ladrillo aunque en el interior han sido enfoscados cubriéndose con gruesas capas de cal, que habrán de ser levantados en la restauración hasta dejar el muro limpio original.

Los alicatados del interior son modernos, de sello claramente industrial y no artesano. En su concepto decorativo se fusiona la geometría mas variada con una gama cromática amplia (verde, naranja...) usando la típica lacería cristalizada geométrica de los ceramistas mudéjares, cuya tradición ha llegado a nuestros días.


Capilla mudéjar del cementerio. Muro Sur.

Vista desde el cerro del castillo.

La fábrica del edificio está hecha en aparejo compuesto de hiladas alternantes de ladrillos recortados a soga (presentados en su cara más ancha) y tizón (en su cara más estrecha); la unión se realiza con mortero-argamasa, trabado con emparrillados de madera, observándose en el exterior los huecos dejados por los mechinales, que como sabemos son los agujeros que resultan en las paredes laterales por ocuparse durante la construcción con las agujas del andamio.

Exteriormente, la Capilla muestra saeteras verticales enmarcadas por ventanas ciegas de herradura (134) y lobuladas (135).

Existen adovelamiento de ladrillo en las ventanas, y el alfiz o arrabá está rehundido. Las albanegas del arco están libres de decoración siendo el despiece de las dovelas bastante regular.


7.3. Estudio de los vanos del muro sur

1ª Ventana.- (La más alta). Saetera trilobulada enmarcada por arco de herradura ciego (sin luz), con despiece de dovelas al centro del arco y a la línea de impostas bastante regulares; el último ladrillo enjarjado es concéntrico al intradós. Lo que fué la clave del arco está en la actualidad deteriorada. El peralte es de medio punto de radio; el alfiz rehundido tiene una cierta tendencia a la cuadratura; las albanegas siguen la línea de hiladas del muro, estando desprendidas de decoración.

2ª Ventana.- (la más inferior). Por lo que observo parece haber sido remozada en época reciente, pues el ladrillo es de diferente textura y color al característico mudéjar. El aparejo es más irregular y ya no observo la saetera con terminación trilobulada, y sí, por el contrario, un grueso ladrillo colocado a soga. Las albanegas están macizadas con argamasa y no siguen las hiladas como en su gemela.

La restauración debe cuidar este aspecto así como los repellados de cemento que se observan en la construcción en su parte superior, que según el plano sería el "Cañón de las pezas del relox" (sic).

Volviendo al interior de la Capilla, en la pared sur, aproximadamente a 1 metro del suelo, y sobre la ya descrita decoración musivaria inferior de la torre capilla, aparece una puerta de 2 hojas sin valor lignario, que esconde los tramos de escalera caracol que permiten el acceso a la parte superior de la bóveda -campanario-, coronada por una pieza cerámica amarilla de perfil cóncavo convexo.

Los escalones que constituyen dicha escalera se cubren con bovedillas de aristas, siendo el tránsito muy estrecho y para una sola persona.

En la planta del plano superficial realizada por Figueroa y Álvarez aparecen 6 columnas de apoyo sobre las que apearían los arcos que sostendrían el cubrimiento. No he localizado dichos soportes en el pueblo, a excepción de uno que está a la entrada del cementerio de 5. Sebastián, haciendo de basamento bajo el arco; pero como dice Antonio Sancho Corbacho en su obra "Arquitectura barroca sevillana del XVIII: "si las 6 columnas (...) responden a la construcción primitiva y no a una restauración del siglo XVI, sería una de las iglesias más interesantes de las que utilizan este soporte en el grupo de las mudéjares del siglo XIV; abonan por la antigüedad de ellos las mismas declaraciones de los arquitectos antes citados" (136).

En efecto, en el documento firmado por los 2 arquitectos citados ut supra el 26 de marzo de 1782, un año después del dictamen con memoria explicativa, se dice con respecto a los soportes que eran "de fábrica humilde, y de mucha antigüedad".

En el ángulo sureste se ha construido en este siglo un cuarto anejo a la edificación gótico-mudéjar, destinado a guardar trastos y cosas inservibles del cementerio, realizado con aparejo muy irregular de pizarras y ladrillos, techado con uralita; dicha "obra" la considero un atentado salvaje contra la pureza arquitectónica de la obra descrita, y que sin duda debe desaparecer con la restauración.

Observo macizados de cemento en las caras norte y sur del muro que se corresponderían con los accesos lógicos a la Sacristía nueva (zona 7 del plano) y Sacristía antigua (zona 8).

También se ha macizado, para dar estabilidad a la construcción el acceso a la Capilla desde lo que fue la nave central (fachada Oeste), aunque observamos el arco apuntado toral de ladrillo en el imafronte.

El muro blanqueado de la cerca del cementerio en su cara sur se corresponde en su actual desarrollo con el del plano, por lo que puede ser el original. Por ejemplo: la zona 11, que se describe como "almazen (sic) de materiales" sigue sirviendo como tal.

Existe un manuscrito llamado "Memoria del derribo de la Iglesia Antigua de esta villa de Aznalcóllar; construcción de la nueva; quema de la Hermita del Sr. S. Sebastian y cosas que han sucedido desde el año 1782", obra del cronista Miguel Navarro. Este documento es vital para la mejor comprensión de los datos históricos que adelanto en mi estudio.

He aquí algunos retazos:

"(...) La antigua iglesia de esta villa, situada a la falda del cerro que se llama del Castillo, que según tradición tenía más de 5 siglos, (...) la empezaron a derribar para hacer otra nueva a fines del año 1782, por lo que se trasladó la Parroquia a la ermita del Sr. San Sebastián (...). El último día del año, que fue el de San Silvestre bajaron las campanas (...) La fábrica que tenía la iglesia vieja era de 3 naves y sobre maderas todas las techumbres; 2 puertas, y la principal estaba mirando al pueblo hacia el mediodía y la otra al poniente. Los altares que tenía eran siete (...)". (Los describe según los ve)

Estas 6 columnas y 3 puertas de hierro y una mesa grande que estaba en la sacristía numero 11 se las llevaron a Umbrete de donde era el maestro de la obra de la nueva Iglesia, llamado Antonio López, conocido por Chamusquina (...). Tenía dicha Iglesia 3 naves que las cubrían maderas y tejados; tenía 6 columnas de mármol blanco, las que vestían de gala todas las semanas santas y día de la Santa Cruz, 3 de mayo (...).

A principios del XIX todavía había memoria histórica del doble uso de esta construcción como iglesia y cementerio, como lo demuestra un testamento que viene citado en el Legajo 129, folio 11 del Archivo de Protocolos Históricos de Sanlúcar la Mayor. En él, D. Cristóbal Garzia Peynado de la Vanda, hijo de un conocido escribano público de Aznalcóllar (Juan Garzia Peynado) solicitaba por testamento lo siguiente:

"Hallándome en avanzada edad y con varios achaques, pero en mi entero acuerdo y caval juicio, memoria y entendimiento.. Ordeno, que quando la Divina Voluntad lo fuere de llevar mi alma de esta a la vida eterna, mi cadáver, amortajado con avito de Ntro. Padre S. Francisco de Asís, sea sepultado en el zementerio de la Iglesia Antigua del Pueblo, en donde se entierran los cuerpos difuntos..."


7.4. Otros datos numéricos de interés sobre la capilla

Altura: 9'20 metros desde el suelo hasta el arranque de la cúpula.
2'40 hasta el pináculo de coronamiento. Total = 11'60 metros.
Antepecho entrada exterior: 9'10 metros.
Muro norte: 7'90/ Muro Sur: 7'90 metros.
Planta interior: Entrada hasta altar = 5'60 metros.
Lateral hasta lado escalera = 5,12 metros.
Escalera de caracol = 27 escalones.


7.5. Epígrafe final al estudio

En el tomo II de la "Historia del Arte en Andalucía" denominado el Arte en el Sur de Al Andalus, en el capítulo II (páginas 183 a 186), el Doctor Enrique Pareja López, director general de la obra y autor de estas líneas, dice lo siguiente:

"En la Sierra Norte sevillana, se contrasta la vieja población de Aznalcóllar, dominada por las construcciones islámicas de su fortificación y su antiguo cementerio en el que se conserva la única Zawiya andaluza que conocemos. La llamada Capilla del Cementerio, resto del antiguo monasterio musulmán, tiene también planta cuadrada (...)"

Como estudioso del tema, y apoyándose en la obra de Antonio Herrera García "El Aljarafe sevillano durante el Antiguo Régimen", publicado por Diputación en 1980, el Dr. Pareja López lanza la hipótesis de que dicha Capilla fue parte de un oratorio-morabito ocupado por santones (en árabe Waliya o sahid) que serían ermitaños, eremitas o ascetas dedicados a prácticas devotas y místicas.

Dichas construcciones (zawiyas o ribats) surgieron en Al Andalus en el siglo XI cuando se implanta un mayor puritanismo religioso asumido por almorávides y almohades. De este modo concluyen las líneas que he diseñado sobre la Capilla presbiterio del antiguo templo parroquial. He de expresar, no obstante mis reservas sobre el tema, máxime en cuanto no se ha encontrado hasta la fecha documento árabe impreso que nos hable de dicho oratorio zawiya o de peregrinaciones de gentes de ese tiempo a este lugar. Esperamos que con las actuales excavaciones arqueológicas en el perímetro mural de la fortaleza, se confirme (todos lo deseamos) la existencia del oratorio musulmán.


7.6. Otros restos artísticos

Otras muestras artísticas que nos dan constancia de nuestro pasado medieval son:

 

a) Un sello de cuello con la leyenda: "Alfonso Fernández", cuyas medidas son de 2'40 cm. x 2'9 cm. En su interior quedan señalados 2 lirios en relieve rebajado, señal inequívoca que en heráldica se conocen como "Flor de Lis". La forma heráldica de la flor de lis es de origen incierto, pero su uso se hace común a partir del siglo XII como sello de la casa real de Francia.

Sello de cuello medieval
b) Una pieza metálica con cabeza antropomorfa, barbada, ciertamente naturalista, con dos rosetas geométricas adosadas, las cuales poseen 2 incisiones u horadaciones en parte superior e inferior; 2 cruces rehundidas lineales labradas dentro y una palmeta con líneas rectas geométrizantes que extienden su desarrollo hasta el borde semicircular de la pieza. Puede ser una hebilla de cinturón, o quizás un aplique de Mueble. Medidas: 2'5 de alto x 5'5 de largo.

Hebilla de cinturón antropomorfa
c) Un juego de 3 hebillas medievales y 2 puntas de fundas de cuchillo metálicas. Las hebillas tienen unas curiosas formas de guitarra, y la que mejor se conserva nos muestra una cruz central, mal terminada, con unas líneas marcadas a su alrededor, siguiendo el borde exterior de la pieza.

Arneses y extremos de fundas de cuchillo metálicas

Los extremos de las fundas de cuchillo se unirían a piezas de cuero, y cosidas ambas servirían para portar el instrumento afilado.


8. Política, economía y sociedad en los siglos XV y XVI


8.1. Avatares políticos en el siglo XV

"En el año 1454 reyna Don Henrique IV, y a las varias conmociones públicas de su tiempo suceden las de Sevilla, fatigada de bandos y discordias civiles, que la hacen teatro de tragedias e infortunios, y más cuando el Infante Don Alonso, hermano del rey, le pretende en el nombre y en el efecto usurpar la Corona; dura infausto este reynado hasta el año 1474..., y en el son Arzobispos de Sevilla D. Alonso de Fonseca el viejo el Cardenal D. Pedro Riaño, que no llegó a la posesión, y el gran Cardenal D. Pedro González de Mendoza" (137).

Sirva esta introducción histórica de Ortiz de Zúñiga para comprender el estado de tensión en que se encontraba el reino en la primera mitad del XV. Existe una lista interminable de alianzas y ligas nobiliarias durante el reinado de Enrique IV, que son clara muestra del descrédito de la monarquía. Este rey tuvo un favorito o valido, D. Juan Pacheco, que llevó las riendas del poder y utilizó sus influencias para su propio provecho personal. La aceptación por el rey Enrique de su hermanastra Isabel (de Castilla) como heredera del reino castellano, permitió que Juan II de Aragón solicitara el matrimonio de Fernando, su hijo, y heredero, con Isabel (heredera indirecta frente a Juana la Beltraneja), enlace nupcial que se realizó en 1469.

Los 4 últimos años de reinado de Enrique IV fueron aprovechados por ambos bandos para afianzar sus posiciones y atraerse nuevos partidarios. Muerto Enrique, se produce la guerra civil.

Con los RR.CC. se inicia una época de autoritarismo monárquico, de la que se beneficia el reino, aunque los nobles sigan manteniendo buena parte de sus posesiones.


8.2. La era de los Reyes Católicos (1474-1516). Las ordenanzas reales

Fernando e Isabel someten a los nobles feudales disidentes, ocupando o demoliendo sus castillos, y concentrando el poder político en la Corona, creando unas nuevas relaciones administrativas y comerciales para el reino.

Los nobles serán ahora no enemigos, sino compañeros en el último deber de reconquistar los reductos islámicos de Málaga y Granada (reinos nazaríes). Con la excusa de la guerra santa cristiana contra los moros, los RR.CC. consiguen el alistamiento de los habitantes de los antiguos feudos como Aznalcóllar, arengados desde los púlpitos por la influyente masa clerical.

De la regencia mancomunada de los RR.CC. nos interesan para Aznalcóllar no las grandes líneas macropolíticas que se marcaron en el futuro reino hispano, sino los Títulos de Ordenanzas que hablan de nuestra villa, incluidos en el Ordenamiento General "de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla: de todas las leyes y ordenamientos antiguos y modernos...", mandadas recopilar y redactar por los "Catholicos Reyes" (138).

Se dice a este respecto en la ordenanza título "De los olivares, y viñas y dehesas, y otras heredades", lo siguiente:

"Como quiera que para conferuació de los olivares, y viñas, y deheffas, y de las otras heredades, y montes, antiguamente fueron fechas ordenanças, aunque algunas de llas fon neceffarias, y muy prouechofas, otras ay que imponen liuiana pena, y otras muy riprouechofas. Parefce que defpues en treynta dias de Agofto año de M.ccc.xcj. el Cabildo y Regimiento de dicha cibdad, acordaron de fazer, y fizieron otras ordenanças fobre ello; y por nofe auer fecho en ellas mencion de las antiguas, para quitar confusion, conviene que todas fean aqui reduzidas en una conformidad, quitando lo fuperfluo, y tomando lo mejor, y mas neceffario de cada vna dellas, al tenor de las quales es efte que fe figue.

Primeramente que los axemileros (139) puedan yr a acortar, y traer leña para fus prouifiones, y no para vender, de los montes realengos: es a faber en los mótes realengos de Gerena, y Guillena, y Aznalcollar y Caftilblanco, y Caftil de las guardas, y falta los Palacios, guardando las deheflas deheffadas de los dichos lugares, que tienen para fus ganados; afsi mifmo, que guarden los heredamientos de viñas, y huertas, que fon en termino defta cibdad, y fu tierra. E qualquier azemilero que fuere, o paffare contra lo fufodicho, que por la primera vez pague de pena cient marauedis; y por la fegunda dozcientoso mrs. y por la tercera quatrocientos mrs. y mas pague el daño, el tercio para el que lo acufare, y el otro tercio para el reparo de los muros, y puente defta cibdad, y el otro tercio có el daño, para el dueño de la heredad, y mas que efte treynta dias en la carcel.

Otrofi, q en los montes que fon realengos, que cada vno pueda entrar libremente, y cortara, y a lleuar leña parafu proueymiento, tanto que no la faque de quajo; y q ninguno no fea ofado de los prédar, ni defender la leña de los tales montes, y qualquier que los prendare, y que lo defendiere, que pague de pena, por la primera vez cient mrs. y por la fegunda dozientos mrs. y por la tercera trezientos marauedis; y efta mifma pena aya el que facare la dicha leña de quajo, el tercio para el que lo acufare, y los dos tercios para los reparos de los muros, y puente defta cibdad.

Otrofi, porque nos es fecha relacion, que en cortarfe los montes por pie en efta cibdad, y fu tierra, y en defceparfe, viene mucho daño a efta cibdad, y fe deftruyen los montes. Por ende ordenamos, y mandamos, que las enzinas candales no fe corten..."

En este mismo título de Olivares, viñas y otras heredades, se cita Aznalcóllar en dos de las actividades que le han sido características durante toda su historia: el pastoreo y la caza:

"...Otrofi, el paftor que truxere yefca, y eflauon, faluo el que eftouiere (salvo el que obtuviere) en los hatos, que los prenden por doze marauedis: y efto, que fea defde primero de Mayo, fafta poftrero de Octubre.

Otrofi, todos aquellos que fizieren carbon en el quemado, hafta dos años quel monte fea quemado; faluo en lo feco, que pierda el carbon, o la valía, y pague doze marauedis por cada vez.

Otrofi, los ganados que fellaré en las quemas, fafta ocho dias defpues de que fuere puefto el fuego, que preeden a cada hato, y a cada manada de ganado por doze marauedis; y efto, que fe entieda de los ganados, mojones aquéde, fegun q es dicho.

Otrofi, las colmenas que fallaren a menos de vna legua de las viñas del termino, que vertieré las aguas del termino de Sevilla, del dia de fancta Maria de Agofto en adelante, que las tomen todas los arrendadores; faluo las colmenas, que eftan en las pofadas viejas, y las colmenas que los vezinos touieren en los corrales, o entre fu heredad, que no fea entre las viñas, y que fea fafta veynte colmenas en vno, y que no aya pena por ello.

Otrofi, todos aquellos que quifieren fazer cafca, que la fagan allende de los terminos de Tejada, y de Caftil de las guardas, y de Santolalla, y de Almaden, y del Pedrofo. Otrofi, que la no fagan en los terminos de Gerena, y de Guillena, y de Haznalcollar; y fagá el tercio del arbol fazia el cierço, y cualquier, o qualefquier que contra efto fueren, que paguen por cada pie, doze mara uedis, y de mas, que les tomen las beftias, y la cafca: y fi facaren contra otro viento, que paguen otros doze marauedis; y fi defcaxcaren todo el arbol, que peche fetenta y dos marauedis, y que tambien pierda las beftias, el que las alquilare para traer efta cafca, por quanto fon encobridores del mas fobredicho, como fi lo fixieffe.

Otrofi, qualquier que fallaren que trae cafca de los dichos lugares, que por la primera vez, que pierda la cafca, y las beftias en que la truxeren, o la valia, y que peche cient marauedis; y demas fi la dicha cafca fiziere, fino en los dichos lugares, que por la fegunda vez, que peche cient marauedis, y le den cient açotes por la villa."


Destacamos de este documento las fuertes penas impuestas por la Justicia Real contra aquellos que quisieran cazar fuera de la ley en los montes de Aznalcóllar. "A cualquiera que hallaren que trae caza de los dichos lugares, si es la primera vez que pierda la caza, y las bestias en que la acarreasen, o su valor, y que peche (pague) 100 maravedis. A la segunda ocasión, que peche 100 maravedis, y le den 100 azotes en la villa".

Otro título incluido en las Ordenandazas que se cita a Aznalcóllar lo tenemos en el denominado:

"De los diezmos y tasmías (140) de la tierra de Sevilla". Después de especificarse las horas y lugares de entrada a Sevilla de los aprovisionamientos de vino, cueros y bestias, que se harían por la puerta del Arenal, se establece el tributo que todas la poblaciones (que se citan) han de pagar a la Hacienda Real:

"Título de los Diezmos, y de las tazmías de las villas, y lugares de Seuilla, de que han de auer los fieles del vino, de cada diezmo y Tazmía, una carga de vino, o vna dobla de oro, qual mas qufiere, para fu falario del aforar el repartamiento, el qual es efte que fe figue:

Sant Jorge de Coftantina, Hinojos, Torralua, Haznalcazar, Hinojales, Salteras, El donadio de Torres y machuçadillo, Caftilleja del campo, Paterna de los judios, Palomares, El Pedrofo, Sant Nicolas del Puerto, Real, Gelillo Sátiago de Alcala de Guadayra, Villanueua del camino, San luan de Haznalfarache, Aroche, Alanis, Pilas, Bentofique, Aracena, El donadio de Marruecos, Benacaçon, Burujana, Hueuar, Bollullos, Caçalla de Almançor, Gines, Carrion de los ajos, La Puebla de los Infantes, Caftil de las guardas, Albayda, Heliche, Efticolinas, que es villa de olivares, Haznalcolla, Quartos, Dos Hermanas, Sufre, Santiago de Coftantina, Huegar, Chucena, Caçalla de la fierra, Cübres de Fant Bartolome, Santeftacio de fant Lucar la Mayor, Las torres de Palencia, Paterna del Campo, La Puebla de Coria, Valencina, Tofton, Alcala del rio, Santolalla, lerena, Caftilleja de la cuefta, Sant Miguel de Alcala de Guadayra, El Almaden, Gelues, Lebrixa, Santa Coftança, Mançanilla, Cumbres mayores, Cumbres de enmedio, Sant Pedro de fat Lucar la mayor, La torre de Gradaymira, Efcacena del campo, Coria, Camas, La Rinconada, Cala, Guillen, Tejada, Villanueva de Alifcar, Santa Maria de Alcala de Guadayra, Cortegana, Cafa luenga, Vtrera."

El último de los títulos que presentamos al lector es el relativo a las "Ordenanças de la Mefta". En esta orden, se manda a los criadores de ganados mayores o menores de Sevilla y su tierra que anualmente se junten para elegir sus Alcaldes de Mesta en el hospital de los criadores sito en la collacion de la Iglesia del Omniun Santorum de Sevilla, en la Calle del Arrayán, "el Sabado la vifpera de Cafimodo, defpues de la Pafcua florida de cada vn año".

No solamente se elegían los Alcaldes de Mesta, sino que también se libraban los pleitos y causas ocurridas en este año de trabajo. El curioso modus operandi de estas corporaciones queda reflejado en esta transcripción parcial de las Ordenanzas:

"Otrofi, mandamos, que en cafo que los dichos dos Alcaldes de mefta no fe acordaren en vna fentencia, o parecer, o touieren alguna dubda, tea obligados de tomar, y tomen configo, para determinacion de la cauta, o dubda, vn tercero que fea criador del tal ganado fobre que litigan, que fea hombre de buena vida y fama, y fin fofpecha, a ninguna de las partes: el qual faga juramento, que juntamente con ellos juzgara aquella caufa, bien y derechamente, y fin amor, ni defamor, ni aficion de perfona alguna:
y fecho el dicho juramento, fe juzgue y determine en la caufa, o dubda, lo que fuere acordado por todos tres, o la mayor parte delios: y que efto mifmo fe guarde, en cafo que los dichos Alcaldes, o alguno dellos fuere recufado por fofpechofo o por alguna de las partes. E fi el tal tercero que los Alcaldes afsi nombraren, no quifiere jurar, o dar fu parecer, que los dichos Alcaldes lo compelan a ello, con impoficion de pena pecuniaria que para ello le pongan, fegun fu aluedrio; con tanto que no puedan exceder de feyfcientos marauedis; y la fagan executar en los que en ella incurrieren, la qual fea la mitad para los propios de la cibdad; y la otra mitad para el hofpital de fant Saluador, do fe acogen los enfermos de buuas".

Asimismo, se establece que los Ayuntamientos de Mesta (reuniones anuales) para escuchar trabajos y gastos y penas de los vecinos de la tierra de Sevilla, se hagan en los siguientes días:

"Conuiene a faber el Domingo de Cafimodo de cada un año, en la dicha cibdad de Sevilla, en el Prado de Sancta Iufta, donde siempre se acoftumbro hazer; y el Domingo figuiente, de aquella parte del Alcantarilla que efta sobre el Salado, de aquel cabo de Utrera...

Otrofi, mandamos, que todos y quelefquier conocedores, o rabadanes de todos, oquelefquier hatos, o rebaños, o cabañas de ganados mayores, o menores, o yeguas, o bueyes de la dicha cibdad, y de las villas y lugares de fu tierra, fean obligados a venir y parefcer perfonalmente en los dichos ayuntamiento de mefta, y en cada vno delios, fegun y como aqui fe declara: cóuiene a faber los vezinos del cuerpo de la cibdad, y de Alcala de Guadayra, y del lugar de Dos Hermanas, y del lugar del Rincon, y de la Puebla, y de Coria, y de Palomares, y de Tomares, y fu mitación, y de Mormujos, y de Valencina, y de Boilulios y fu mitación: y de Sant Juan de Haznalfarache y fu mitació: y de Salteras, y del lugar de Efpartinas, y de Benacaço. y de las villas de Sanlucar, y de Haznalcaçar, y de Hueuar, y de Pilas, y de Hinojos, y de Caftilleja del campo, y de Mançanilla, y de Efcacena, y de Paterna, y de Tejada, y de Haznalcollar, y de Gerena, y de los Beçudos, y de Guillena, y de Burguillos, y de Alcala del rio, y de Caftilblanco, y de la Rinconada, en las meftas que fe han de hazer en el prado de Santa Infta, fegun dicho es"


8.3. Evolución demográfica de la Aznalcóllar cristiana

La primera oleada repobladora que afectó a Aznalcóllar ya hemos visto que procedía de gentes venidas de Castilla y León, fundamentalmente burgaleses, palentinos y vallisoletanos, es decir, los habitantes de las cuencas medias del Río Duero y también del Tajo (Toledo, Cuenca).

Los historiadores confirman que tras las sublevaciones moras e invasiones tardomarroquíes del segundo tercio del siglo XIII, se agota el flujo de emigrantes castellanos y comienza el crecimiento lento de la población asentada, aunque, desde luego sometida a los fenómenos negativos de hambres y epidemias que hemos señalado anteriormente.

Según M. A. Ladero (141) "entre las epidemias, ningunas tan mortíferas como las de peste bubónica, que tuvieron lugar en 1350, 1364. 1374 y 1383, aparte de las epidemias de fiebres tifoideas y paratíficas, viruela sarampión, gripe y enfermedades de tipo colérico. Si a esto unimos las guerras y situaciones de inseguridad, muy frecuentes entre 1275 y 1369, habremos de concluir que el siglo fue muy difícil para la población sevillana, porque además algunas de sus desgracias incidían especialmente sobre los niños, cuando la mortalidad infantil ya era por sí elevada...".

Aparte de esto, en la población que se asentará en Aznalcóllar, existe el lógico intercambio humano con los distintos pueblos de la "tierra" de Sevilla, con traslados de individuos inmigrados desde la Palma, Almonte y tierras del Condado y el Andévalo onubense.

Veamos a continuación varios cuadros de densidad demográfica, según los datos facilitados por la historiadora Borrero Fernández (142) y obtenidos del estudio de los padrones en cuantía de vecinos (143):

En el gráfico tridimensional que ofrecemos al lector hemos incluido voluntariamente los datos numéricos relativos al año de 1849, según censo de Pascual Madoz. La causa radica en que se quiere hacer observar la lenta evolución poblacional que ha sufrido el municipio de Aznalcóllar, aunque como se observa siempre es creciente. No ocurre así lo mismo con Sanlúcar la Mayor y Escacena, que tienen altibajos en su demografía, destacando espectacularmente el bajón entre los años 1534 y 1538.

Con estos datos numéricos seleccionados, observamos como de los pueblos que rodean a Aznalcóllar, todos le superan en población vecinal en los diferentes años de realización de los padrones. De todos modos, el crecimiento demográfico es evidente. Desde el primer censo demográfico fiable para Aznalcóllar, el de 1433, vemos la progresión numérica efectiva: 36 vecinos en 1433, 75 en 1486 y 86 pobladores censados siete años más tarde, totalizando una población real inferior a los 200 habitantes a fines del siglo XV (multiplicando el índice vecinal por 2 para transformar dichos datos en vecinos) (144).

Sabemos que el siglo XV fue para los reinos cristianos una época de grandes necesidades militares (hombres y armas), como consecuencia de los continuos acosos al reino nazarí de Granada, ya cercano a su ocaso.

Ello provocó la llamada a las armas mediante levas (enganches de reclutamiento) y alardes (paradas militares para conocer los efectivos humanos). Estas quintas significaban la movilización de todos los recursos humanos disponibles para allegar tropas.

En relación a los datos del total general, en los concejos de la tierra de Sevilla se observa un mayor número de soldados movilizables que en Sevilla capital. Pero, ¿Cómo afectó este proceso a Aznalcóllar y su población?.

En los repartimientos referidos a lugares, que aparecen en la sección 16° del Archivo Municipal de Sevilla (145), encontramos una fe de escribano con la relación de hombres de armas y mantenimientos que corresponden a Aznalcóllar para la guerra con Granada, con fecha de 24 de Julio de 1490:

"En Haznalcolla, castillo e lugar de la muy noble. ..cibdad de Sevilla... El jurado de Seuilla Francisco de Olivares parecio ante Ruy Lopez, alcalde de dicho lugar, Juan Lopez, alguacil,... y mostró y presentó una carta de la dicha cibdad firmada... ordenando se repartiesen por la dicha cibdad e su tierra 600 caballos e 6000 peones, espingarderos, carpinteros..."

La contribución del pueblo de Aznalcóllar se especifica en las líneas siguientes en estos términos:

"...dos de caballos, e 10 ballesteros, e 22 lanceros, e 2 asnos e un hombre para con ellos e medio cahiz de cebada...".

En el segundo y tercer folio del escrito se especifican los nombres y apellidos de las personas que debían facilitar las tropas, si no eran ellas mismas las que estaban obligadas al reclutamiento. Veamos algunos de ellos:

"Caballeros:

La mujer de Alonso López, que Dios haya (significa que está muerto) deue dar 1 caballero. La mujer de Juan López, que Dios haya, deue dar 1 caballero.

Ballesteros:

1 ballestero, Mateos Femandez, y ha de servir su yerno Alonso Sanchez por él...". Otros nombres de habitantes de la Aznalcóllar de fines del siglo XV que servirían en las labores de acoso al reino nazarita fueron: Pero Sanchez. Bartolomé Rodríguez, Juan López, Alonso Fernández de Carmona, Alonso de Martín Alonso, Juan Márquez, Lorenzo Fernández, Juan Delgado y Ruy López de Gonzalo López, todos ellos ballesteros. Los nombres de los citados, más los lanceros García López el Mozo, Alonso Martínez de Guadalupe, Pero Fernández, . . .certifican la procedencia de los repobladores: el Duero y Castilla.

Por último citaremos a aquellos que habían de dar los dos asnos y la cebada: Gonzalo López de Martín Alonso y la mujer de Alonso López (los pollinos); la mujer de Alonso López, la mujer de Juan López, Juan Delgado, Lorenzo Fernández, Juan Márquez y Pero Domínguez (una fanega de trigo cada uno).

El documento cita incluso el que se encargaría de conducir a las bestias: Pero García de la Parrilla.

Después de ser nombrados o elegidos los que aportarían su esfuerzo a la conquista del último reducto musulmán, se les apercibía y ordenaba "...que estén prestos y a punto para salir los caballeros con sus caballos, los lanceros con sus lanzas...", puesto que recibirían otra carta de llamamiento, obligándoseles a desfilar bajo el pendón de la ciudad de Sevilla y al mando del Sr. Conde de Cifuentes.

El documento es firmado por el escribano de Aznalcóllar en esos años, D. Fernán Sánchez.


Fe de escribano: Hombres y armas de Aznalcóllar destinados a la guerra con Granada (24-07-1490).

En efecto, ante la ausencia de fuentes demográficas directas de la Baja Edad Media, estos documentos militares son útiles para nuestros fines, aunque estas "cifras de movilizables" (padrones militares) (146) solo indican el número concreto de soldados que han de integrar la tropa. Evidentemente, el servicio de armas a la Corona no obligaba a todos los miembros de la comunidad, sino que tenía en cuenta la edad y condiciones físicas del individuo; también la clase social y el rango jurídico del llamado a las armas.

Collantes nos da ya un padrón de población movilizable (147) en % con relación al total de vecinos respectivos, de los que sólo se extraen para nuestro estudio el de 3 pueblos:


Años
1407
1433-42
1484-85
Aznalcóllar
-
61'1%
-
Gerena
-
64,0%
-
Sanlúcar la Mayor
-
50'7%
68'8%


Se observa, aún con la falta de datos de principios del XV, que Aznalcóllar tendría una masa de población más joven que la de Sanlúcar, su centro administrativo matriz. Es muy posible que este tanto por ciento superior de Aznalcóllar y Gerena en cuanto a soldados movilizables se deba a que Sanlúcar poseía habitantes con mayor renta y status social y jurídico. Estos pobladores ricos de cierta edad pagaban dinero a pecheros y hombres jóvenes para que prestasen el servicio militar en su lugar, explicando quizás esa diferencia porcentual de más de 10 puntos.

La evolución demográfica una vez concluida la toma de Granada (1492) siguió siendo positiva para Aznalcóllar.

En 1511 había censados 93 vecinos, llegando a 125 en el año 1534, y a 132 según el padrón militar de 1538, pero seguía siendo muy inferior a la de Gerena, Escacena, y por supuesto, Sanlúcar la Mayor; esta última población ve su máxima elevación demográfica en 1534 con 629 vecinos censados, decreciendo su número a 524 cuatro años después.

Veamos otro cuadro de densidad de población obtenido parcialmente de los presentados por Borrero Fernández para el Aljarafe-Ribera (148):


Densidad de población en 1534 (vecinos dividido entre km2

Lugares
Km2
Vecinos
Densidad
Aznalcóllar
198'73
125
0'63
Gerena
129'68
264
2'03
Sanlúcar
134'76
629
4'67
Escacena
l35'05
349
2'58
Olivares
45'49
92
2'02


En este cuadro observamos como, a pesar de que Aznalcóllar posee más propiedad territorial que las poblaciones colidantes, su densidad de población es la más débil con un índice de 0'63. La máxima densidad demográfica corresponde a Sanlúcar con 4'67. Y Olivares, a pesar del reducido espacio geográfico que ocupa, muestra una densidad muy aceptable de 2'02, lo que demuestra la pujanza de este distrito que albergará en el XVII a la egregia figura del Conde Duque de Olivares, señor de Aznalcóllar por cesión real, como ya estudiaremos.

En la primera mitad del XVI, uno de los males más temidos por la población, el hambre, diezmó a la vecindad de Aznalcóllar. Aunque el Campo de Tejada era una magnífica zona de abastecimiento cerealero para Sevilla, Aznalcóllar (con poco terreno real para el cultivo, mediatizado a la parte Sur y SO del concejo) tenía una baja productividad de trigo y cebada, aunque suficiente para alimentar su bajo nivel demográfico.

Pero con los intensos años de sequía, intercalados con otros de lluvias torrenciales de la primera década del XVI, se produjo tal carestía que la población sufrió los efectos. A este respecto, rescatamos una cita de M. A. Ladero (149) extraída de los Archivos de Simancas, en la que se explica la crítica situación creada, en Aznalcóllar, en la que el pueblo se levantó y fue a reclamar pan del pósito eclesial al mayordomo, accediendo éste al reparto de grano para calmar la revuelta:

"...e para esto todo el pueblo se junto, e le requieron que les diesé el dicho trigo pues que el pueblo muria de hambre, sy no que de hecho entrarian e lo tomarian por no ver morir sus hijos delante de sy...".

Otro retroceso poblacional queda reflejado en las Actas Capitulares de 1507, del Archivo municipal de Sevilla, estudiadas por M. Borrero con relación al mundo rural sevillano del Aljarafe: "Fue sin duda la epidemia de 1507 una de las que más gravemente afectó a la zona. En Aznalcóllar, el Concejo del lugar asegura que de 90 vecinos que tenía antes de la pestilencia han quedado 33, es decir 1/3 aproximadamente" (150).


8.4. Organización política del Concejo de Aznalcóllar

En el siglo XV, el alfoz sevillano tenía 26 municipios rurales de realengo que tributaban directamente a las arcas reales. Uno de ellos era Olivares, que formaba parte del señorío laico, mientras Aznalcóllar estaba aún dentro de las fronteras del Concejo realengo. Según M. Borrero, en 1484 aún no estaban señalados los límites entre Aznalcóllar y Sanlúcar, ordenando Sevilla que se reuniesen las autoridades locales de ambos sitios para señalar sus lindes claramente. No obstante, Aznalcóllar empezaba a tener ya entidad propia, rigiéndose por las Ordenanzas del reino de Sevilla que antes hemos presentado, siendo la piedra de toque legal para el funcionamiento del Concejo de Aznalcóllar en los primeros años.

Podemos decir, pues, sin temor a equivocarnos, que a partir de fines del XV, Aznalcóllar posee su propio Concejo Local, que será llamado Concejo de Justicia y Regimiento de la Villa de Aznalcóllar, subordinado lógicamente a la competente autoridad concejil sevillana, y con su término legalmente constituido y con sus propios órganos de gobierno, compuestos por vecinos del lugar.

El rey aparece como último fiador responsable de los acuerdos y decisiones del concejo, el cual se somete a la tutela regia en lo relativo a privilegios y deberes. El rey designa oficiales y regidores para que diriman los asuntos y litigios que se susciten en el término, y para que administren sus rentas. Estos oficiales no viven en el término, sino en Sevilla, en contacto con el Concejo hispalense, el cual ejercía una fortísima presión sobre todos los concejos de su tierra.

No en vano están obligados sus pobladores a pagar los tributos y diezmos en Sevilla. Así los pobladores pagan peajes por los movimientos de mercancías y animales, así como, por sus instalaciones agrícolas. "Y es que la economía campesina del alfoz (...) contribuía con sus productos y rentas a hacer posible el estilo de vida urbano". (Ladero Quesada)

Existe pues una total interdependencia entre Sevilla y los concejos de su tierra.

El concejo realengo de Aznalcóllar no sólo dependía de si mismo y de Sevilla para subsistir. También tenía relaciones con los concejos limítrofes. No existían límites reales geográficos entre los distintos municipios; sí había vados y cañadas de uso común, llamadas "tierras de comunal", donde pastaban los ganados de los vecinos laicos y religiosos de la villa. La falta de terrenos "propios" (151) del Concejo, provocaba no pocas dificultades fiscales ante la Hacienda Pública. Un ejemplo de lo anterior queda reflejado en un Edicto dado a conocer el 25 de Enero de 1749, que lleva la firma del escribano oficial de Aznalcóllar, D. Joseph Antonio de Urrutia (152):

"Sea notorio a todas las personas, vezinos, estantes y havitantes desta V., criadores de ganado, panaderos y otras cualesquiera personas (...) que se hallan en este termino y jurisdiccion, como por su Majestad que Guarde y los Señores de su Real y Supremo Conzejo de Castilla se ha dignado hacer merced a esta villa en calidad de Propios las tierras llamadas: Vajondillo, Dehesa de la Sierra, de los Llanos, Campillo Chaparral, para que lo goze zerrado a todo aprobechamiento de pasto, lavor y bellota".

Para que el ganado antes pastante en esos terrenos tuviesen nuevo suelo quedaron libres como pastos de comunal Los Labradillos Altos y Bajos, y la Tierra de Tejadilla, pudiéndose usar por los ganados del común y comuneros más de 18 leguas de terreno.

Nota: Por ese tiempo actuaba como Comandante del Concejo de Justicia y Regimiento de la Villa de Aziarcollar D. Domingo de Zisneros.

Antes de las Reales Dotaciones de Propios a la villa de Aznalcóllar, era norma común el libre tránsito de mercancías, ganado y personas, produciéndose un intercambio permeable de personas y bienes productivos.

Con anterioridad a los RR. CC. y a esa fecha de 1484 que hemos citado para la segregación de Aznalcóllar del distrito de Sanlúcar, nuestro término se comportaría legalmente como una "pedanía".

En efecto, durante el reinado de Alfonso XI (1312-1350) se establece un modelo de organización municipal controlado por la Corona a través de los Regimientos, corporaciones locales de carácter centralista que sustituyeron a los concejos municipales. La minoría aristocrática y burguesa de Sanlúcar la Mayor, descendiente de la primera oleada de pobladores castellanos, dirigió los destinos productivos de la aldea de Aznalcóllar. Repetimos, no obstante, que Aznalcóllar y su término no fueron tierras de señorío o de orden religioso-militar, al menos hasta la cesión (por compra a la Corona) al Conde de Olivares y Duque de Sanlúcar la Mayor.

Desde los últimos años del siglo XV hasta fines del XVII, la propiedad del suelo siguió conservando la misma estructura medieval. Si en el período de 1312-1315, las tierras de jurisdicción realenga en el reino de Sevilla eran 22.587 Kilómetros cuadrados (es decir, el 74% del total), durante el reinado de los RR.CC. las posesiones reales solamente representaban 1/3 de las tierras del reino (153).

La cesión de tierras reales tenían un fin evidentemente productivo y asistencial, tal como hemos visto en los extractos de las Ordenanzas para la ciudad de Sevilla relativas a los Alcaldes de la Mesta o al uso por los acemileros: "...Que los azemileros puedan yr a acortar, y traer leña para sus provisiones, y no para vender, de los montes realengos... de Aznalcolla, y Caftilblanco, y Caftil de las Guardas,..." (154).

Esta disminución de las posesiones reales prosiguió en los siglos XVI y XVII, convirtiéndose en tierras de señorío. Dio comienzo un proceso de roturación de tierras y baldíos que crearon no pocos problemas y tensiones en el campo andaluz. Estos terrenos eran vendidos por la Corona, siendo usurpados por la nobleza (el Conde-Duque Don Gaspar de Guzmán, en nuestro caso), mientras los campesinos los cultivaban, ignorando a sus poseedores.

En 1633 se dicta una Pragmática (disposición legislativa especial que los soberanos dictan por cuestiones legislativas fundamentales) que mandaba que las tierras roturadas sin licencia desde 1595 volvieran a convertirse en pastos, debido a las continuas quejas de los alcaldes de la Mesta.

Las desamortizaciones significaron el fin de los realengos y supusieron la enajenación y subasta de las propiedades de entidades religiosas y tierras baldías a partir de principios del XIX, algo que estudiaremos en el capítulo correspondiente a Expedientes de Desamortización de la Comisión Gubernativa de Sevilla, impulsada por el Conde de Fuente Blanca.

8.4.1. Elecciones y cargos del Concejo

A fines del siglo XV y durante todo el XVI, los integrantes del Concejo de Aznalcóllar serán nombrados por regidores que tienen su sede en Sevilla, pues existe una dependencia jurisdiccional del Cabildo hispalense. Si bien los funcionarios concejiles de gobierno los eligen los vecinos lugareños 'libremente", deben pasar por el tamiz aprobatorio de Sevilla.

La elección de oficiales del Concejo local es anual, seleccionándose 6 personas de distintas escalas socioeconómicas que debían vivir en el término. Estos 6 individuos formaban una comisión que debía confeccionar una lista de elegibles entre todos los vecinos del término, excepción hecha de los escribanos -por cuestión de incompatibilidad pública- los francos o exentos de pecha -ballesteros, hidalgos,...- y gentes de poco juicio, cavadores, jornaleros...

A partir de la compra de Aznalcóllar por el Conde de Olivares, será el propio valido y sus sucesores en el condado, quienes nombren y den refrendo a los integrantes del Concejo.

Veamos un modelo tipo extraído del Archivo de Aznalcóllar correspondiente al año 1720: (155).

"D. Antonio Philipez de Guzman, Marques de Astorga y Conde de Altamira, duque de Sanlucar la Mayor, Marques de Leganes... (procedo al nombramiento) de personas de intelligenzia y satisfazion que sirvan los oficios de justicia de mi villa para el año que viene, de 1721, (... esperando que bien y fielmente usarán y gobernarán cada uno el oficio en que va nombrado..."). Corno dato anecdótico, citaremos los nombramiento como alcaldes ordinarios de D. Juan Antonio de Ortega y D. Francisco Martín de Ramos; como regidores D. Francisco Vernal de Estrada y D. Miguel Geronimo Navarro; como alguacil mayor D. Pedro Bernal; como alcaldes de la Hermandad a Alonso de Quintanilla y Sebastián Pérez González; y como mayordomo del Pósito a Pedro Delgado.

La fecha de elección sería el 24 de Junio, día de S. Juan.

Cargos:

a) 2 alcaldes, para la administración de justicia civil, nunca la penal o criminal.

b) 1 alguacil, encargado de ejecutar la justicia, y que según las Ordenanzas de Sevilla, debían ser "hombres nuevos y mancebos".

c) 2 regidores, elegidos por el rey periódicamente, y que no residían en Aznalcóllar, pasando por el término para repasar directrices emanadas de la superioridad. (No eran puestos de carácter vitalicio como los "veinticuatros" del Concejo hispalense).

e) El escribano, que sí era puesto de carácter vitalicio, siendo frecuente el traspaso de poderes de padres a hijos, ya que la población de Aznalcóllar eran gentes rurales iletradas en su mayoría. Es quizás el cargo más importante del Concejo de Aznalcóllar, por detrás de los regidores. Redactan las Actas del Cabildo, dan fe de las sesiones judiciales y en el caso concreto de Aznalcóllar administraba también la contabilidad, función que en otros Concejos más importantes del Reino de Sevilla llevaban a cabo unos funcionarios de depositaría o mayordomos. Lógicamente, este funcionario-escribano es el más rico de la comunidad.

Podemos citar como ejemplos nombres como los de Joseph Antonio de Urrutia, y Francisco de Andrade.

Será a partir del XVIII cuando encontremos la figura del Depositario mayordomo de cuentas. Nombres conocidos a través de nuestros archivos son Juan Rodríguez Figueroa, y Francisco Ramos.

Otros funcionarios concejiles designados directamente eran el portero, que realizaba las funciones de pregonero también; y el boyero, que guarda las dehesas y propios pertenecientes al común y al Concejo, informando a los alcaldes de las infracciones.

Junto a estos "habitantes oficiales", está la sociedad vecinal de Aznalcóllar, que es bastante simple; soldados pertenecientes a la guarnición del Regimiento; un grupo mayoritario de pecheros con sus familias, que actúan como pequeños propietarios y que muchas veces trabajan eventualmente como braceros en el olivar y el cereal (que son los cultivos más rentables del Aljarafe en este momento histórico). En primavera y otoño se echaba mano de "cogederas" de la Baja Extremadura, y por supuesto de Aznalcóllar.

Veamos lo expresado anteriormente con cifras facilitadas por M. Borrero en el ya muchas veces citado estudio sobre el Aljarafe y Ribera para los siglos XV y XVI.


8.5. Datos económicos sobre vecinos y tierras en los siglos XV y XVI


Propiedad vecinal a fines del XV. Tierras de cereal (Vecino/Fanegas)

Fanegas
1-5
5-10
10-20
20-50
50-100
Más 100
Total Vec / Fanegas
Aznalcóllar
13/18
1/9'5
7/87
4/118
3/173'5
-
28/406
Sanlúcar
33/83
11/84
22/348
17/559
5/337
-
88/411
Gerena
14/47
16/131
18/274
14/437'5
3/185
1/170
66/1244'5
Huévar
1/4
-
1/12
-
-
-
2/ 16
Aznalcollar
8/18
4/28'5
9/134
7/26
1/66
-
29 / 507

Nota: Fanega = 5.944'7 metros cuadrados.


Del extracto de pueblos seleccionados vemos como en Aznalcóllar predomina la pequeña propiedad, en donde 13 vecinos censados se repartían 18 fanegas de tierra de cereal de mediana calidad; 4 vecinos son propietarios de 118 fanegas; sólo 3 vecinos se pueden considerar ricos, repartiéndose 173 fanegas y media. Gerena nos muestra un único titular con más de 100 fanegas de posesión. Huévar es la población más pobre del Aljarafe en estos momentos con sólo 2 propietarios para un total de 16 fanegas.

A principios del XVI se nota una progresiva concentración de la propiedad, disminuyendo el número de pequeños propietarios: de 13 vecinos propietarios de 1 a 5 fanegas sólo quedan 8 que conservan sus posesiones sin venderlas a hidalgos. Aumentó la proporción de vecinos con fincas medias de entre 20 y 50 fanegas. No obstante, sigue sin existir la gran propiedad o latifundio.


Propiedad vecinal/Tierras eriazos y aranzadas sin especificar

Pueblos
Vecinos total
Aranzadas
Indice
Aznalcóllar
4
1,87
0,47
Sanlúcar
79
74,0
0,94
Gerena
41
27,0
0,66
Aznalcázar
101
101,86
1,01


Del extracto de pueblos seleccionados, Aznalcóllar aparece como la población más pobre en cuanto al índice (división entre vecinos y aranzadas, entendiendo por aranzada la porción de tierra que puede ser labrada por una yunta de bueyes en un día). Aznalcázar y Sanlúcar, las dos cabezas de distrito en época mora son las más ricas también en este periodo final de la Edad Media.


Propiedad vecinal/Tierras de viñas (principios del XVI)

Pueblos
Vecinos total
Aranzadas
Indice
Aznalcóllar
59
55,62
0,94
Aznalcázar
227
346,25
1,53
Mitación de Tomares
38
80,0
2,11
Coria
67
101,5
1,51


En cuanto al número de aranzadas plantadas de vides, también Aznalcóllar era deficitaria en relación a los vecinos. Sólo hay que echar un vistazo a una población como Tomares, con menor número de vecinos censados, y que, sin embargo, sobrepasa a nuestro término en 1'17 puntos en cuanto a cepas/índice. Aznalcázar también era la más rica propiedad con un índice de 2'11.

Además, a pesar de que el número de vecinos había aumentado en Aznalcóllar de 56 censados en los años finales del XV, hasta 59 en estos comienzos del XVI, el número de aranzadas se había reducido: de 56'89 a 55'62, con lo que el índice de cepas también se vino abajo en 0'7 puntos.

Siguiendo con nuestro estudio de los habitantes que conforman la sociedad de Aznalcóllar en los comienzos del Renacimiento y siglos siguientes, hemos de especificar que muchos de los vecinos censados son "absentistas", es decir, que no tienen vecindad permanente en la zona rural en que se asientan. Son sevillanos, con intereses económicos ligados al suelo aznalcollero, que sólo pasan pequeñas temporadas en él, organizando los asuntos de su hacienda. Naturalmente son vecinos francos, exentos de pagar impuestos, y tienen fuerte poder económico sobre la comunidad. Veamos esto con un documento extraído del Archivo Histórico de Aznalcóllar, correspondiente a los años 1637-1646 (156).

"Cristobal Ruiz, natural y vecino de la ciudad de Sevilla, y heredado en esta villa (Aznalcóllar) como más haya lugar en derecho, comparezco ante Vds. (Concejo de Justicia y Regimiento de la Villa) y digo que yo soy descendiente por línea recta del barón Lope Ruiz, vecino que fué de la villa de Requena... Soy caballero hijodalgo notorio de casa y solar y debengo quinientos sueldos según Fuero de España, por lo que debo gozar de todas las franquezas de tal hijodalgo como las han gozado el mismo Lope Ruiz y los demás mis predecesores".

Con esta instancia, pretende Cristóbal Ruiz que no se le incluya en la Carta Ejecutoria de Repartimientos de pechos, que fue elaborada por el Concejo de Justicia y Regimiento de la Villa de Aznalcóllar, pues según su condición, debe gozar "de todas las franqueças y pribilegios" que se le guardan a los tales caballeros.

En documento anejo de fecha 22 de Diciembre de 1637, y con firma de D. Juan Oliver (notario que certificó su validez en la Real Chancillería de Valladolid) se le reconoce al susodicho el título de hijodalgo, pasando directamente a ser vecino franco, exento de impuestos.

8.6. Los marginados sociales

En este recorrido por la sociedad de la Aznalcóllar postmedieval hemos dejado para el final a los grupos humanos marginales: criados, esclavos y desheredados de la fortuna.

El máximo estudioso sevillano en este aspecto concreto de la esclavitud es Alfonso Franco (157). En su estudio sobre la esclavitud en las tierras de Sevilla a fines del medievo facilita un cuadro estadístico obtenido de las "Relaciones de Padrones de bienes". Entender a los esclavos como bienes materiales, como lo es una casa o un animal, es algo usual en la sociedad medieval, y que no es en absoluto perseguido por la jerarquía eclesiástica. No obstante, la sociedad sí exigía al señor que bautizase al esclavo (obligación más moral que efectiva). Los libertos eran todos cristianizados, pues para obtener la ansiada libertad no sólo debían pagar por ello, sino profesar la religión católica, aunque tampoco parecía existir sinceridad en las conversiones a la fe:


Cuadro comparativo de esclavos en distintas épocas (S. XV-XVI)

Pueblos
Años 1484-1493
Años 1512-1519
Año 1538
Sanlúcar la Mayor
2
-
75
Aznalcázar
6
17-43
53
Escacena
14
-
35
Benacazón
-
4
-
Aznalcóllar
1
-
1

Según el cuadro presentado (reducido), la proporción es ascendente en todos los pueblos con datos suficientes, contrariamente a lo que pudiera pensar el lector si nos atenemos a la lógica que supone un descenso del número de esclavos a medida que la sociedad avanza.

Sólo Aznalcóllar mantiene su cifra intacta 54 años después del primer censo.

La posesión de esclavos, generalmente varones y adultos, era símbolo de preeminencia social; eran utilizados en el servicio doméstico, en tareas de labranza y oficios artesanales. Los criados eran de origen étnico diverso, predominando a partir del Descubrimiento los indígenas y los negros africanos. El precio de tasación de un esclavo adulto era de 5000-6000 maravedises, reduciéndose su precio a la mitad si el individuo era anciano.


8.7. Economía y producción laica y eclesial en los siglos XV-XVI

El siglo XV constituye el ocaso de la Edad Media. La llama humanista que ensalza el ideal antropocéntrico comienza a sustituir a la cultura teológica del medievo, sobre todo durante el reinado de los RR.CC.

La sociedad burguesa castellana y aragonesa realiza y aplica constantes progresos científicos y técnicos. Nuevos inventos o adelantos industriales serán la forja catalana, el molino de viento, el reloj de pesas, las gafas-anteojos, el herraje de los animales, el perfeccionamiento del timón de las naves, entre otros...

Con la ordenación jurídica de la vida ciudadana que incentivaron los Reyes Católicos, la actividad comercial se dinamiza con mercados y ferias (Aznalcóllar no tuvo ninguna conocida, pero sí Sanlúcar y otros pueblos); se lleva a cabo la regulación y almacenamiento de determinados productos (vino, aceite, por ejemplo); hay fijación de precios, pesos y medidas (158) y se inicia el control de las actividades agrarias en tierras públicas, baldías y privadas (159). Todo ello conlleva la aparición de impuestos ordinarios y extraordinarios, y el cobro de porcentajes por todo lo que se compraba o vendía, con excepción del pan, la carne y el vino. El aceite, abundante en Aznalcóllar y en todo el Aljarafe desde siglos anteriores, era gravado con un porcentaje fijo que en 1570 era de 5 maravedises por quintal, y una blanca por arroba.

No tenemos noticia exacta de datos económicos o de corporaciones gremiales de estos siglos finales de la Edad Media. Realmente, hasta el siglo XVIII, en que se realizan los catastros del Marqués de la Ensenada y se publican los Estados Generales de Cuentas y Producción de Legos y Eclesiásticos, no podemos hablar de manera taxativa de datos estadísticos en economía (160).

8.7.2. Economía eclesial

Tampoco sabemos gran cosa sobre las cofradías y hermandades asistenciales de carácter piadoso, creadas en el medievo por gentes de la misma profesión económica. El ejemplo más característico de Aznalcóllar sería la Hermandad de la Veracruz, fundada el 7 de Septiembre de 1491 (161).

Como dice el gran historiador sevillano Domínguez Ortiz: "Un conocimiento completo de la economía... en la era preestadística nunca será posible por la deficiencia de las fuentes... Las comunidades o individuos que eran objeto de tales investigaciones fiscales se defendía practicando una ocultación, cuyo grado dependía de la eficacia del aparato administrativo" (162).

Pero ¿qué ocurre con la Iglesia en este siglo XV?

A pesar de las frecuentes generalizaciones didáticas que indican un decaimiento del poder eclesiástico en favor de la pujanza aristocrática y burguesa, el poder económico y social de la Iglesia era enorme. Reduciéndonos al área geográfica del arzobispado sevillano, se sabe que apenas varió en su delimitación administrativa. Aznalcóllar estaba incluida, en la circunscripción de la archidiócesis, dentro de las vicarías del Aljarafe central, en concreto en la de Sanlúcar la Mayor, junto a Salteras y Gerena. El Campo de Tejada en este siglo, estaba en el final de su declive económico y poblacional.

Nota: Serán los profesores Ladero Quesada, González Jiménez y Borrero Fernández, del Departamento de Historia Medieval de la Universidad de Sevilla quienes nos introduzcan al estudio de la producción y economía de Aznalcóllar para los siglos XV y XVI; por ello, nos abstendremos de citarlos en las páginas posteriores.

Aznalcóllar estaba incluida en una división administrativa especial que se cita en un "Cuaderno de condiciones para el cobro del diezmo eclesiástico", escrito en 1420, y que está en el Archivo Catedralicio (8/7/142).

En efecto, la vicaría a la que se adscribe nuestro pueblo pertenecía a la tierra gallega, en oposición a las vicarías de la Campiña (Carmona, Écija, ...) que se incluían en la tierra morisca, (término que alude a la cercanía de la faja fronteriza granadina).

En el "Libro Blanco", que escribió el clérigo racionero de la Catedral Diego Martínez en 1411, aparece un dato importante en cuanto al número de dotaciones clericales con título de "beneficio" para Sanlúcar la Mayor: son 17 dotaciones, que participaban proporcionalmente en las rentas decimales y propias de la Iglesia de Sevilla, y lógicamente servían para atender las necesidades y oficios eclesiásticos.

Veamos el gráfico:


Datos de la Vicaría de Sanlúcar la Mayor

Iglesias Beneficios dotados Prestameras (P) Capellanías

Iglesias
Beneficios
dotados Prestameras
(fracción de tercio)
Capellanías
S. Pedro y S. Lucas
8
1/3
8
S. Estacio
1
1/2
2
Salteras (P)
3
1/3
NO
Gerena (P)
3
1/2
NO
Aznalcóllar (P)
2
1/3
NO


La renta eclesiástica suponía un cobro y un posterior reparto del diezmo, es decir un 10% de la cosecha de trigo y cebada de Aznalcóllar.
Se repartía en 3 porciones idénticas:

- 1/3 para el Arzobispo-Cabildo de Sevilla.
- 1/3 de fábrica.
- 1/3 de clérigos beneficiados.

Aznalcóllar, Salteras y Gerena formaban parte de un grupo de 33 iglesias donde el tercio del arzobispo y cabildo es percibido por un clérigo beneficiado, que elegía el propio prelado mayor; al ser este diezmo "pontifical" sólo revertía a Sevilla un 3'3% (o tercio de tercio de la cosecha).

Con respecto al tercio de fábrica, se usaba para el mantenimiento constructivo de la parroquia (la Iglesia antigua del cementerio) y para el beneficio del rey de Castilla, por ser Aznalcóllar lugar propio del Rey.

Por último queda el tercio de beneficiados, que se dividía equitativamente sobre clérigos que atendían a la parroquia.

En el cuadro facilitado más arriba, Aznalcóllar aparece con una letra P que indica ser prestamera pontifical, con 2 clérigos beneficiados y un tercio del dinero recaudado para prestamera o sustento que percibían ciertos agraciados por sus servicios o trabajos especiales para el cabildo eclesiástico: becas, estudios en alguna Universidad o trabajos administrativos.

Todos estos nombramientos beneficiales eran realizados por el arzobispo y había de ser ocupados personalmente por el nombrado.

Aznalcóllar en los siglos XV y XVI no estaba dotada de Capellanía. Y es que el mantenimiento de éstas corría a cargo de familias pudientes o grupos profesionales que quisieran establecer una fundación propia. Según los datos, la vicaría de Sanlúcar la Mayor tenía 10 Capellanías en total, no figurando Aznalcóllar en ellas. Será a partir del Barroco cuando encontremos este tipo de fundaciones pías en la Iglesia, una de ellas fundada por una tal María Rodríguez y otra por Amaro Gallego. (Libro 105 del Archivo de Aznalcóllar).

El Arzobispado sevillano recibía el diezmo o producción parcial de cereales de sus collaciones como Alcalá, Utrera, La Algaba,

Igualmente, La Campiña, Jerez (con Arcos, Sanlúcar Barrameda, Rota y Puerto), El Aljarafe, Huelva (Niebla, Moguer y Gibraleón), La Sierra (Almonaster, Zufre, Constantina) y La Ribera (Cantillana, Villanueva y Orden de S. Juan).

Veamos los porcentajes de producción correspondiente a cada zona en 2 períodos concretos, principios y mediados del XV:


Distribución zonal de la producción cerealista del Arzobispado

Zonas
Años 1408-1435
Años 1451-1467
Sevilla y collaciones
15'05%
14'70%
Campiña
32'83%
33'34%
Jerez
22'18%
20'49%
Aljarafe (*)
2'85%
7'26%
Huelva
11'13%
l0'02%
Sierras
6'52%
9'78%
Ribera
3'76%
3'04%

(*) Aznalcóllar no se incluye

En la estadística presentada (163), notamos cómo la mayor fuente de riqueza del arzobispado siempre procedía de la Campiña, aumentando la proporcionalidad dezmatoria en 0'5 puntos en el segundo período temporal expresado.

El porcentaje del Aljarafe es muy reducido, explicándose quizás esta baja productividad en la ínfima densidad de poblamiento de este territorio en los períodos estudiados. De todos modos, aumenta espectacularmente su porcentaje en cerca de 5 puntos en un período corto de 2 décadas, aunque su aportación cerealista a los pósitos eclesiales siga siendo muy reducida.

El aumento de producción se debe también a causas de estabilidad política, al incremento de los espacios de cultivo, y sobre todo al mejor engrase de la maquinaria fiscal cuyo perfeccionamiento suponía el aumento del cobro de diezmo.

En concreto, el año 1454 fue de máxima productividad cerealística declarada con 1.541.368 fanegas, seguido de 1.465 con 1.460.801 fanegas de cereal acumulado en los pósitos y tercias del Cabildo sevillano.

Por el contrario, 1408 fue el año más desastroso para la economía clerical que sólo acumuló 602.772 fanegas de trigo y cebada. Este año coincide con la preparación para la conquista definitiva de Antequera, obra del regente de Castilla, Femando; la concentración de tropas se llevó a cabo en las tierras del Arzobispado sevillano, reclutándose hombres y granos de sus tierras: trigo, cebada y paja eran escondidas de las tropas de asalto en silos y graneros ocultos para no tributar.

Descendiendo a zonas más concretas, el total de cosecha estimada en el período de 1.408 a 1.435 para el distrito de Diezmo de Sanlúcar-Aznalcázar fue el siguiente:

AÑOS
1408
1420
1422
1423
1425
1426
1430
1431
1432
1435
FANEGAS
5.755
6.610
6.710
4.451
5.564
11.265
6.546
8.674
10.529
2.945

 

Nota: Recuerde el lector que Aznalcóllar se incluye en este distrito pues aún no se ha segregado como Concejo de Sanlúcar.

NOTAS ACLARATORIAS: (Para volver, pulse sobre el número).


(98) Privilegios: "Por ondra (honra) de la çibdat de Sevilla, que es una de las más nobles e de las mejores çibdades del mundo daba Alfonso X unos amplios territorios, entre ellos Tejada, Sanlúcar, Aznalcázar, Aznalfarache, Alcalá del Río, Gerena y Guillena. Quedaba así delimitado el Aljarafe: Aznalcóllar quedaría dentro de Sanlúcar, como veremos. El 6 de diciembre de 1253, Alfonso X deslinda la parte norte del término de Sevilla: Fregenal, Montemolín, Azuaga, Constantina, Cortegana y Aracena. El especialista Julio González explica que en los privilegios de 6 y 8 de Diciembre, lo que el rey concede al Concejo de Sevilla no son alquerías, sino los términos de la jurisdicción. Es decir, retiene para sÍ los almojarifazgos (tributos fiscales) de Constantina, Tejada, Sanlúcar (Aznalcóllar como su heredad de pan), Aznalcázar y Alcalá de Guadaira, pero los integra en el municipio de Sevilla. Alcázares y castillos también quedaban bajo la tutela directa del rey. Pero esta situación jurídica no durará mucho tiempo, porque en 1255 regala a Sevilla las rentas producidas en el campo de Tejada y Constantina, mandando al mismo tiempo que los moros y cristianos de tales pueblos acudiesen con esas rentas al concejo -de Sevilla- al cual autorizó para tomar los heredamientos que eran del almacén real".

(99) "El mundo rural Sevillano en el siglo XV. Aljarafe y Ribera". Mercedes Borrero Fernández. Sevilla 1983. Diputación Provincial.

(100) "La ciudad medieval 1248-1492". Miguel Ángel Ladero Quesada. Universidad de Sevilla. 1989

(101) "El Repartimiento de Sevilla". Julio González.

(102) "Diccionario Geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar". Pascual Madoz. Madrid 1846

(103) "El Repartimiento de Sevilla". Edición de Julio González González. Página 140 del Tomo II. Tipo Espinosa. Capítulo "Heredamiento del cillero almacén y galeras del rey". Documento del año 1253.

(104) Por çillero debe entenderse el pueblo que tenía a su cargo guardar los diezmos o tributos de çilla, que es la casa o granero donde se recogen los frutos y granos. Sanlúcar fue una de las poblaciones repobladas según el fuero de Sevilla cuyas rentas se reservó para sí la corona de Castilla.

(105) Heredad de pan.- Según explica M. A. Ladero Quesada, "el rey distinguió dos tipos fundamentales de donaciones con los bienes raíces de Sevilla y las tierras conquistadas con ella (Aljarafe y partes de la Ribera y Campiña): los donadíos y los heredamientos. "Los donadíos son propiedades que el rey concede directamente a diversos personajes principalmente del clero y la nobleza, como recompensa. Dichas propiedades están sujetas a un régimen de obligaciones y derechos especiales, entre los que se encuentra acudir a los llamamientos de armas. El heredamiento (caso de Aznalcóllar por ejemplo) "es el conjunto de inmuebles y tierras que recibe en propiedad, y gratuitamente por partición o sorteo, un poblador, a cambio de someterse a los fueros, privilegios y obligaciones comunes de la ciudad".

(106) "Las Cortes y el Fuero de Sevilla". Dr. Vicente Romero Muñoz. Páginas 441-460. Año 1951

(107) Fuero de Sevilla. Versión de Alfonso X el Sabio. Archivo Municipal de Sevilla. Sección 1ª Privilegios. Carpeta número 1.

(108) J. González, al explicar la disposición estructural y dimensiones de las tierras repartidas, aduce que, "a pesar de no haber referencia del reparto de tierras béticas entre los romanos, ni de las dimensiones de las fincas, creo que no hay base para suponer que la propiedad fuese muy dividida (...) Las dimensiones tan frecuentes de 20 yugadas (...) parecen una tentadora base para pensar en que son fruto de un repartimiento general" (pág. 396).

(109) Las rentas del rey constituían el Real Almojarifazgo, "Almisserifatum meum. reditus scilicet regales", según cita sacada del A.H.N. por Julio González a partir del "Liber privilegiorum Toletanae".
El rey obtenía de Aznalcóllar el rédito de la explotación de fincas, el dinero obtenido por el sacrificio de reses propias, y el diezmo de la tierra, así como los derechos de aduana sobre los productos y mercancías que se moviesen por su señorío.
A veces, por Orden Real, se concedían parte de estos tributos a entidades eclesiásticas. Un ejemplo concreto, relativo a Aznalcóllar es citado por el historiador A. Sánchez Gordillo en su "Historia eclesiástica de Sevilla". Allí expresa que en 1410 se concedían a la Cartuja sevillana de Santa María de las Cuevas las tercias reales (rentas de la Hacienda Real Castellana por la que se percibía 2/9 de los diezmos eclesiásticos) de las poblaciones de Sanlúcar la Mayor, Salteras, Aznalcázar, Castilleja de Talara y Aznalcóllar. Dicho diezmo sería usado en la reparación de la fábrica eclesial.

(110) Julio Caro Baroja. "Los pueblos de España". Madrid 1981.

(111) Julio González. "El repartimiento de Sevilla". C.SIC. Madrid 1951.

(112) "Bandas y guerrillas en las luchas con Roma". A. García Bellido. Hispania XXI. 1945.

(113) "Bandas y guerrillas en las luchas con Roma". A. García Bellido. Hispania XXI. 1945.

(114) "Castillos de la Sierra Norte sevillana en la Baja Edad Media": Nuria C. del Prado. Diputación de Sevilla. 1993

(115) Julio González, en el Tomo I de su estudio sobre el Repartimiento de Sevilla, afirma que varios castillos que habían estado desatendidos durante la época musulmana fueron cuidadosamente reparados y guarnecidos de nuevo. Así, en 1255 (dos años después del Reparto) ordena que se destine dinero y rentas para reconstruir las fortalezas de Constantina y Tejada (A. Municipal de Sevilla). En el Aljarafe. sin embargo preocupaba muy poco el reino de Niebla, en manos de un reyezuelo moro aliado de Alfonso X. "y más teniendo en cuenta que la parte fronteriza había sido repartida a peones y almocadenes (ver lista del reparto sanluqueño) perfectamente organizados". Deducimos pues, que la muralla de Aznalcóllar y su castillo no se tocaron ni rehicieron, al menos durante los primeros años de asentamiento cristiano.

(116) Papeles del Mayordomazgo Legajo años 1384-1386. Carpetilla 135-136. Folio 1º. El correspondiente a Aznalcóllar dice así: "Por carta de Sevilla recibió el dicho Pero Ximenez del Concejo de Haznalcolla que le fueron alcanzados por cuenta 371 maravedises".

(117) Mértola.- Población portuguesa del Baixo Alentejo. en la confluencia del río Ceiras con el Guadiana, que fue antigua taifa musulmana hasta su conquista por Al Mutadid. En el año 1044 perteneció al reino de Sevilla y es de nuevo ahora objetivo militar de Juan I de Trastamara.

(118) Denominaciones como "La Choza del Moro". que aparece en un mapa cartográfico del siglo XIX, atestiguan la presencia musulmana durante largo tiempo en tierras del término.

(119) "Historia de los mozárabes en España"- F. J. Simonet. Madrid 1897.

(120) "Inventario de los papeles del Mayordomazgo". Francisco Collantes de Terán y Delorme, Periodo 1386-1396. (Castillos) Carpeta 1. Folio 8. Archivo Municipal de Sevilla.

(121) Alcalde o alcaide de la fortaleza nada sabemos de la condición personal del referido Martín López. Su categoría social debía sobresalir de alguna manera sobre la de sus vecinos, pues a partir de 1344 según resolución de Alfonso XI, se establecía que las alcaldías serían detentadas por habitantes de la misma localidad, donde hubiere castillos.

(122) La demolición de la fortaleza de Aznalcóllar (hacia 1478) se llevó a cabo cuando "partieron de Sevilla alcaides mayores, con gente a caballo y soldados a pie, que al llegar a las poblaciones fortificadas y contando con el apoyo de las poblaciones (personas armas y bienes) comenzaron las labores de derribo. A pesar de ello, no se suspendió el cobro tradicional de la tenencia hasta que el concejo de Sevilla, la suprimió con el beneplácito de la Reina Isabel la Católica, haciendo que el dinero pasara a los propios y rentas de la Capital". (Los castillos en la Baja..., Nuria C. de Prado...).

(123) M. García Fernández, en su obra "El reino de Sevilla en tiernpos de Alfonso XI", dice a este respecto que los años de 1302-1310 y 1311 fueron de gran pluviosidad para la región occidental del reino de Sevilla. Con facilidad podernos intuir que los ríos Agrio, Cañaverizo y Guadiarnar se desbordarían de su irregular cauce. También señala corno años pluviosos 1333, 1338, 1342 y 1343.

(124) El misrno García Fernández señala corno años calamitosos de hambruna el 1311 y el 1343.

(125) Guy de Chauliac, médico y cirujano francés, autor del libro de cirugía más famoso del siglo XIV "Guido".

(126) Años 1386-1387. Número 77. Folio 3º.- Alcaldes de la Mesta. Archivo Municipal de Sevilla. Papeles del Mayorazgo.

(127) "Caza y Paisaje Geográfico en las tierras Béticas según el libro de Montería". A. López Ontiveros y otros. Junta de Andalucía, Consejería de Medio Ambiente, A.M.A. Córdoba 1991.

(128) Vocería.- En el lenguaje cinegético, el vocerío es el lugar donde ante el posible paso de las reses, se colocan los ojeadores y voceadores, para dirigir a las mismas hacia las armadas.

(129) Armadas.- Son los grupos de cazadores nobles acompañantes del rey, que se sitúan en las líneas de acoso o manchas de caza, esperando para acechar las reses que levantan ojeadores y perros.

(130) La construcción de la Iglesia de Aznalcóllar debió coincidir con la parroquial de Gerena también del XIV. La influencia mudéjar de esta última es evidente, y nos puede servir para reconstruir la nuestra. La orientación de la iglesia gerenense es E-O, a partir de la torre del Homenaje con 3 naves separadas en 3 tramos por pilares cruciformes sosteniendo 3 arcos apuntados de ladrillos. La cabecera tiene bóveda octogonal y torre. La techumbre es de alfarjes de niadera con artesonado. Al exterior se nos muestran 3 portadas con arco y alfiz con piedra caliza de las canteras de la Dehesa. Se ampliará en el XVI con un tramo más y sustituyendo la portada por otra de estilo renacentista.

(131) Transcripción literal de las leyendas del plano: "Plano superficial de la iglesia parroquial de la villa de Asiarcollar en el que se demuestra con el color amarillo, el de sombra y el azul toda la situación de la dicha Yglesia y sus servidumbres, aunque con la diferencia. que el amarillo anota los gruesos de muros que pueden subsistir y con el de sombra se demuestran las paredes gualderas que amenazan próxima ruina y es necesaria construirlas desde sus simientos y el color azul advierte lo que deve demoler para dar trancito y uso de la nueva extensión. la que se manifiesta con el color de carmín de todo lo cual se vendrá en conocimiento por la explicación que va puesta a el margen y números sentados en dicho plano: Sevilla y marzo de 1781 años.
Explicación de la Yglesia que oy existe y sus Servidumbres:
1. Puertas que dan entrada a este Yglesia.
2. Capilla Bautismal.
3. Coro sobre la tribuna del Organo.
4. Nave de en medio.
5. Naves laterales.
6. Capilla Mayor y Presviterio.
7. Sacristía y Aguamanil.
8. Quarto que anterior era Sacristía.
9. Caracol por donde se sube al campanario.
10. Cañón de las pezas del relox.
11. Almazén de materiales.
12. Quarto taller.
13. Pórtico cubierto.
14. Porche y apartado con su Argive.
15. Ossario.
Explicación de la nueva extensión.
16. Puertas de entrada.
17. Extensión.
18. Situación para trasladar el Coro y sobre él la tribuna para el órgano.
19. Capilla Nueva Bautismal. Antonio de Figueroa y Alvarez (Se representa una escala gráfica y debajo pone: Escala de varas castellanas).

(132) La planta cuadrada en los alminares y torres viene de época omeya así como la decoración de mosaicos.

(133) En la nota 34 se explican cuales serían las obras nuevas de fábrica, en el apartado denominado "explicación de la nueva extensión".

(134) El arco de herradura se hereda del mundo hispanovisigodo.

(135) Los arcos lobulados de las ventanas son de estímulo abbasí.

(136) La restauración de la que habla Sancho Corbacho es la que sufrió la fábrica del edificio en el XVI con el insigne Arquitecto, Diego de Riaño, que según notas del historiador J. Hernández Díaz en su "Catálogo Arqueológico y artístico de la Provincia de Sevilla" (1939) inició obras en el primer tercio del siglo XVI en la Iglesia parroquial de la villa.
Con respecto a este Catálogo del año 39 he de señalar un error cometido por sus redactores al señalar que la planta de la Iglesia antigua sería de una sola nave, siendo de 3 como se ha explicado en este estudio. Dicho desatino fue debido sin duda, a que no se habían vaciado convenientemente los legajos de planos y obras catedralicias.

(137) "Anales seculares y eclesiásticos de la Ciudad de Sevilla". Diego Ortiz de Zúñiga. Libro XI impresas por Juan Varela de Salamanca en letra gótica. Las que aquí se transcriben son del año 1632 (un siglo después), bajo la dirección tipográfica de Andrés Grande.

(138) Estas Ordenanzas de Sevilla. editadas por vez primera en 1527, son una recopilación de las medievales, y fueron impresas por Juan Varela de Salamanca en letra gótica. Las que aquí se transcriben son del año 1632 (un siglo después), bajo la dirección tipográfica de Andrés Grande.

(139) Acemileros.- Aquellos que tienen por oficio cuidar de las mulas y caballos machos de carga imprescindibles para el transporte bagajes y empresas guerreras.

(140) La tazmía es el tributo de las 2/9 partes para la Hacienda Real procedente del tercio del diezmo eclesiástico.

(141) "La ciudad Medieval". Historia de Sevilla. M. A. Ladero Quesada. Página 67.

(142) "El mundo Rural sevillano en el XV. Aljarafe y Ribera". Mercedes Borrero Fernández. Cuadro 1 del Apéndice.

(143) "Padrones de cuantías de vecinos y moradores de Aznalcóllar y otros pueblos. Catálogo de la Sección 16. Diversos". Archivo municipal de Sevilla.

(144) Coeficiente multiplicador que propone A. Collantes de Terán Sánchez en las Actas del I Congreso de Historia de Andalucía. Diciembre de 1976.

(145) Sección 16. Diversos. Número 594. "Aznalcóllar". El número 593 corresponde a Gerena. Fe de escribano en 3 folios.

(146) "Los padrones militares de la Andalucía Bajo-medieval como fuentes demográficas". A. Collantes de Terán Sánchez. Actas del I Congreso de Historia de Andalucía. Andalucía Medieval. Tomo 1. Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba. 1978.

(147) Población movilizable: la que sirve para tomar las armas en combate.

(148) "El Mundo rural sevillano en el siglo XV: Aljarafe y Ribera". Mercedes Borrero Fernández.

(149) Los cereales en la Andalucía del siglo XV. Revista de la Universidad de Madrid. Número 69. (año 1969). Archivo General de Simancas. División de Castilla, legajo 42. Folio 27. Extraído de La ciudad medieval". M.A. Ladero Quesada.

(150) "El Mundo rural..." Mercedes Borrero Fernández. 1983.

(151) Propios: parte de la propiedad comunal cuyo patrimonio pertenece al municipio como a tal y cuyos rendimientos productivos (mediante arrendamientos) cubrían diversos servicios públicos.

(152) Legajo 258. Archivo municipal de Aznalcóllar. En relación a las Reales Provisiones de Dotaciones de Propios, que se estudian en el Capítulo correspondiente al siglo XVIII.

(153) Datos del historiador. Manuel García Fernández, en el Reino de Sevilla en tiempos de Alfonso XI. Diputación Provincial 1989.

(154) Ordenanzas de la Muy Noble y muy Leal Cibdad de Sevilla.

(155) Libro de Actas 4 C. Año 1720. Página 127.

(156) Actas Capitulares. Libro 3. Años 1637-1646. Documento 13. con sello de 2 maravedises que reza: Philippo II el Grande rey de las Españas año XV de su reynado.

(157) "La esclavitud en Sevilla y su tierra a fines de la Edad Media". Alfonso Franco Silva. Sevilla 1979.

(158) Se sabe que el almotacén o impuesto que gravaba los pesos y medidas utilizados por los vecinos de Gerena y Aznalcóllar era de 2 maravedises por cada pesa.

(159) "La ciudad Medieval'. Historia de Sevilla. M. Ángel Ladero Quesada.

(160) No obstante presentamos gráficos de distribución y riqueza ganadera individualizado, a partir de los datos de M. Borrero acompañados de un breve comentario didáctico.

(161) La Hermandad de la Veracruz será estudiada en capítulo aparte.

(162) "Historia Universal". Antonio Domínguez Ortíz. Volumen III. Capitulo 22.

(163) Diezmo eclesiástico y producción de cereales en el Reino de Sevilla (1408-1503). M. A. Ladero Quesada- M. González Jiménez. Universidad de Sevilla. 1978.