INVASIONES BÁRBARAS

La actividad minero-extractiva de Aznalcóllar no debió reducirse con el declive romano. En realidad, fuera quien fuera su dominador, estas tierras se explotaban desde tiempo inmemorial, y así seguirían hasta nuestros días. El profesor Bendala reafirma lo antedicho cuando dice que "La Bética mantuvo a buen ritmo su actividad económica, comprobada, por ejemplo, en la continuada explotación de sus minas (56)".

Pero ¿qué ocurrió con Itálica, nexo fundamental de interés económico para Aznalcóllar? ¿Se despobló, o por el contrario, aumentó su producción y población?. Los historiadores no coinciden en los juicios sobre las características que confluyeron en las zonas rurales y urbanas del Suroeste peninsular. Sí parece que, a partir del siglo III, las clases pudientes se desplazaron a las zonas rurales y disfrutaron de sus posesiones rústicas -y lujosas a la vez- dirigiéndolas personalmente o bien delegando en capataces. (Villicos) (57).

Las prospecciones realizadas hablan de un fuerte número de villae señoriales romanas que se fundan en esta época, poniendo las bases del futuro latifundio andaluz. En ellas, la producción oleícola seguiría siendo el bien más preciado, tal como explica Al Himyari en Levi Provencal: "...Este aceite procede del Aljarafe, región... toda ella sombreada por olivos e higueras" (58).

De todos modos, el lugar preeminente que ocupaba Itálica aún en la época de Constantino, se verá relegado ante la creciente influencia de Mérida en la época visigoda.

Será con la infiltración germana en las fronteras del Norte (año 406) cuando se produzca el fin del Imperio, siendo invadido sucesivamente por francos, visigodos, suevos, vándalos, alanos, burgundios, hérulos, ostrogodos... Son los pueblos eufemísticamente llamados "bárbaros", por estar situados fuera del limes o frontera romana, como también lo estaban los bereberes africanos o los partos de Pérsia.

La violenta invasión de las tribus germanas destruyó la ya deteriorada economía de subsistencia de la Bética noroccidental.

De nuevo, la relativa prosperidad cultural y económica retrocedía ante el empuje de las tribus germano-escandinavas. Bendala Galán, al analizar la Crónica de Hidacio -a la que califica de fuente primordial- insiste en una región "empobrecida y afectada por la presión fiscal... período de caos y destrucción".

De los pueblos procedentes del Norte del Rhin que cruzaron el Pirineo, los vándalos silingos (de origen escandinavo) se apropian de la Bética: los alanos de la Lusitania-cartaginense; y los suevos y vándalos asdingos de la Gallaecia (59).

"Hispalis tendrá que resignarse a ver como los vándalos son los únicos autorizados ahora a llevar armas en la ciudad y en el campo, y como imponen su derecho a instalarse en las fincas romanas, compartiéndolas con sus antiguos poseedores" (60).

Los vándalos silingos serán expulsados por los visigodos en la primera mitad del siglo V, pero hasta el reinado de Theudis (531-548) no se asientan definitivamente en nuestro término, si es que hubo consolidación efectiva en nuestras tierras. Quizás una guarnición pequeña se asentase en las cercanías del futuro Monasterio del Tardón, cerca del cual se desarrollaban tareas de extracción mineral, útil para la orfebrería y metalistería propia del arte visigodo.

En efecto, además de los restos romanos, esparcidos por doquier, la Doctora Valor Piachotta localizó un fragmento pétreo que muy posiblemente tuviese raigambre visigoda. (año 1993) (61).

Debemos pensar que, el ejército invasor -al igual que hicieron los precedentes- aprovecharía las infraestructuras y edificaciones ya construidas en este terreno, adecuandolas a sus nuevas necesidades.

Los visigodos no construirían nada que no tuviese función militar de facto. Pactarían con la clase aristocrática hispanorromana el pago de tributos, y la mayor parte de la población del término seguiría con sus labores de pastoreo y subsistencia agrícola que le caracterizaban, junto al inevitable trabajo del mineral. Así, los campesinos tributarían a la nueva nobleza visigoda, siendo esclavizados aquellos que no pagasen el "diezmo". En cuanto a la estructura social, "paralelamente a la disminución de la población libre, se va constituyendo una clase cada vez más homogénea compuesta por siervos, libertos, semi-libres, y en general, todo el campesinado dependiente en mayor o menor grado, que cultivaban las tierras de los grandes propietarios" (62).

En lo que el arte se refiere, Aznalcóllar no conserva, como Gerena, los cimientos de una basílica paleocristiana del siglo V. No haremos aquí una semblanza histórica del asentamiento de la ideología doctrinal cristiana en la Bética, pues no es ese nuestro objetivo. Pero sí debemos señalar hitos importantes que delimiten cronológicamente el por qué aparecen restos como el señalado en poblaciones tan cercanas geográficamente a Aznalcóllar.

Sabemos que la Iglesia cristiana consigue su primer triunfo con la libertad de culto, que se establece a raíz del Edicto de Milán (año 313) dado por Constantino. Con Teodosio se reconocerá el cristianismo como religión oficial del Estado. Pero con la llegada de las tribus germánicas, adoradoras de Odín -que sólo recibía en el paraiso o Walhala a aquellos que morían en combate-, se trastocó el orden religioso de la Bética. Esta cuestión religiosa quedó zanjada con la conversión de los godos al catolicismo en el 589, y la aparición de gigantescas figuras de la cultura eclesial que fueron San Leandro y San Isidoro, que convertirán Spalis (antigua Hispalis) en la sede arzobispal de la cultura y las letras.

Volviendo a la basílica gerenense, tenía planta rectangular, con ábside orientado al este; 3 naves, la central más ancha que las laterales, con cubierta sostenida por columnas -de acarreo- en un total de 10.

Los pocos restos artísticos que se conocen de la época visigoda siempre se relacionan a relieves de capiteles de impostas, donde predominan las decoraciones geométricas, espirales, círculos y rosetas, o bien figuras botánicas y zoomorfas de animales estilizados.

Una muestra rescatada de las excavaciones del Cortijo del Retamar es un capitel (parte superior moldurada de una columna) de raigambre germánica. Esta pieza está destinada para sustentar el arquitrabe o arranque de un arco.


Capitel visigodo

Mesa Visigoda

Adopta la forma de un cestillo prismático o pirámide truncada invertida. Tiene una ornamentación sencilla, con una protuberancia en forma de voluta vasta, mal acabada, que no llega a ser hoja de acanto o roleo, sino una simple moldura sobresaliente.

Está tallado en bisel y posee unas líneas en espiral que parten de un vértice central.

Otra muestra importante del asentamiento bárbaro en Aznalcóllar lo constituye un fragmento de mesa de altar, o ara de mármol blanco-grisáceo, de forma rectangular, también procedente del antiguo convento del Tardón.

Este altar (de altare, edícula o mesa para los sacrificios) se apoyaría sobre pedestales o cipos, aunque no sabemos si sería del tipo altar fijo (unido al pedestal) o altar aislado (ara insularia - no adosado a un muro o pilar)

Quizás el dintel de puerta en mármol con decoración de rosetas sea la forma estética más representativa del arte visigodo -tardorromano- en Aznalcóllar. (Está en un porche del Cortijo de los Tassara, desafiando las inclemencias del tiempo)


Dintel de puerta visigoda

NOTAS ACLARATORIAS: (Para volver pulse sobre el número).


(56) "Historia de Andalucía". M. Bendala Galán. Pág. 170

(57) Parece que la finca ideal era la de 250.000 metros cuadrados ó 100 yugadas, según explican los tratadistas de agrimensura tardorromanos.

(58) "Historia de Sevilla". A. Blanco Freijeiro. Pág. 159

(59) Los visigodos, posteriormente, mantendrán la organización administrativa creada en época de Diocleciano (245-313) el cual agrupó las provincias del sur del Imperio en unidades de gran tamaño: Bética (allí se incluía Aznalcóllar), Lusitania, Cartaginense, Terraconense y Gallaecia.

(60) "Historia de Sevilla..." Pág. 176

(61) Magdalena Valor Piachotta, Titular del Departamento de Historia Medieval en la Universidad de Sevilla.

(62) "Historia de Andalucía". Tomo I. Pág. 174