| AZNALCÓLLAR ISLÁMICA (VIII-XII)
SIGLO VIII 5. Itinerarios y vías de comunicación
en época de dominación árabes |
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En la historia de los musulmanes en España existen muy pocos documentos "de archivo" para que el investigador pueda apoyarse en ellos y construir una historia económica o social de la conquista, lo que redunda en un muy imperfecto conocimiento del mundo islámico. Es difícil para los arabistas organizar el entramado socioeconómico andalusí de las grandes ciudades; la tarea es aún más complicada en el caso de una población agrícola como la que nos ocupa: Aznalcóllar. Intentaremos, no obstante, dar algunos datos generales y específicos de la zona del Aljarafe que nos expliquen las formas de propiedad de la tierra, los grupos de poblamiento, la economía, el arte y las vías o itinerarios usados por sus habitantes. Los restos arqueológicos encontrados en el término municipal nos servirán para agrandar nuestra visión de conjunto sobre la zona. Comenzamos nuestro estudio de la etapa islámica explicando que
la conquista de las tierras del término de Aznalcóllar debió
realizarse entre los años 711 (92 de la Hégira)
y 712 (93 de la era musulmana). a) Versión de Ibn al-Sábbat. Tariq Ibn Ziyad, gobernador de Tánger, pasó el estrecho con un número aproximado de 7.000 hombres arabo-bereberes, mas otros 5.000 que se le unieron después. Los habitantes de Sevilla y su alfoz quedaron en pagar a los invasores el tributo o impuesto de capitación (yizya). A estos hispanos godos sometidos mediante tratado se les permitía conservar sus propiedades y realizar sus prácticas religiosas. A los hispano-romanos que habitaban las tierras del Aljarafe y la tierra de Sevilla, se les gravaba también con otro impuesto (jaray) sobre las tierras, del cual se les dispensaba si abrazaban la religión coránica. Muchos se acogerían a esta modalidad fiscal para conservar sus bienes casi intactos. Nota: Los cristianos que asumieron el Islam fueron llamados "muladíes". Los que por el contrario conservaron sus creencias, aunque viviendo en territorio islámico fueron llamados "mozárabes". "La vida de Sevilla debió cambiar poco mientras Tariq proseguía su marcha en dirección a Écija, Córdoba y Toledo", dice el arabista Bosch Vilá (63). El traductor más fiel de Ibn al Sabbat, Emilio de Santiago, explica como, una vez sometida Medina Sidonia, Tariq ocupó Morón, conectando después con la vía Augusta donde caería Carmona, la plaza fuerte más importante de Bética Occidental. El tratado de paz de Tariq con el gobernador de Sevilla, incluía -aparte del tributo- el derribo de la parte occidental del Alcázar visigodo (antiguo corral del Rey, parte trasera del recinto eclesial del Salvador). b) Versiones de Al-Razi, Ibn 'Idari y Ajbar Maymuá, entre los
más conocidos cronistas árabes. Hasta allí los persiguió Musa, dejando en la capital una guarnición. Los pobladores sevillanos, viendo marchar al invasor, se rebelaron siendo sofocados nuevamente por el hijo del walí, Abd al- 'Aziz hacia el 713 (año 94 de la era musulmana), pasando Spalis a llamarse Isbiliya. Es muy posible que los habitantes que vivían cerca de las minas y que habían sufrido multitud de razzias, correrías y pillajes a lo largo de los siglos ni siquiera se enterasen de que el lugar donde ahora se asentarían se llamaría Aznalcóllar. Explica Rafael Valencia (65) que "este término, de indudable origen árabe, al menos en la primera parte del topónimo, procede de la forma Hisn (fortaleza), plural Husun. Quizás pudiera tratarse de un término mixto de palabras árabe castellanas" (66). Vicente García de Diego López, en el año 1959 escribía (67) que Aznalcóllar procede del árabe azn-al-collar, forma reducida de Isn al-Culiy'at (colina-Isn) asentando en dicho término -con evidente error- la Tucci céltica. Según este autor, su castillo es anterior a los romanos. Pedro Barrera (68), atendiendo a
la etimología de su nombre, Hanz-al-Kollar, traduce como "recinto
amurallado". ¿A quién pertenecían los terrenos de la actual villa y sus contornos antes de la conquista árabe? Una mujer conocida como Sara "la goda", hija de Olmundo y nieta del Rey visigodo Witiza, aparece como dueña de amplias posesiones en la zona del Aljarafe (69). En efecto, recordemos que a la muerte del rey Witiza (710) se inició una guerra civil entre los partidarios de coronar al sucesor natural (su hijo Akhila) o a Rodrigo (favorito del senatus). Los partidarios del bando regio witiziano pidieron ayuda a Tariq, por mediación del Conde D. Julián -gobernador de Ceuta-, que los auxiliaría en su litigio contra D. Rodrigo. Los hijos de Witiza (Olmundo, Artobás y Rómulo) nunca pensaron en Tariq como jefe de una tropa de conquista, sino como un simple mando logístico aliado de una de las facciones enfrentadas. De todos modos, fueron recompensados (después de la derrota de Rodrigo en Waddi Lakka Qrio Guadalete? ¿Barbate? ¿Guadarranque?) por el Califa Al Walid. Alamundo (u Olmundo) "se reservó las propiedades que su padre tenía en Andalucía Occidental (70). Esas propiedades -se habla de las 1.000 aldeas, cortijos, fincas rústicas- debían de hallarse probablemente entre Sevilla y Niebla (71). Es lógico que Aznalcóllar fuese una de esas aldeas, que se transformaría en alquería (al-qarya) con los musulmanes. Sara viajó a Damasco para solucionar problemas de reparto territorial surgidos entre su tío Artobás y ella. En la ciudad Siria, el califa omeya Hisam b. 'Abd al Malik la desposó con Isa b. Muzahim. Este murió pronto en tierras de Al Andalus, contrayendo nuevas nupcias con Umayr b. Sa'id, cuyos descendientes serían la nueva clase aristocrática que gobernaría los destinos políticos y económicos del Aljarafe (y Aznalcóllar) durante decenios. Estas tierras altas van a ser repobladas en una primera oleada por árabes baladíes y sirios (yund). Pero los verdaderos pobladores, los que contribuirían al proceso de fusión étnica con los habitantes de la Aznalcóllar postvisigoda serían los yemeníes, "que formarían una nueva clase social árabe que, utilizando esclavos o viejos colonos (muladíes o mozárabes) para el cultivo de las tierras, prevaleció sobre el resto de la población..." (72). Los aristócratas yemeníes y lajmíes mandaron construir, gran cantidad de molinos para el trigo y la aceituna en el Aljarafe. Es muy posible que alguno de los actualmente desaparecidos en el propio término de Aznalcóllar (La Molineta, por ejemplo), tuviesen raigambre árabe. Buena parte de ellos estarían en activo con la siguiente conquista que sufriría nuestro término con las tropas castellanas (1.248) En un breve estudio de los recintos fortificados del Andévalo (73) sus autores admiten que los bereberes (berberiscos) se establecerían en las zonas más montañosas o de relieve accidentado (El Sened) tipo Aznalcóllar, frente a los árabes (yemeníes sobre todo) que se decantarían por las zonas bajas y llanas. Ortiz de Zúñiga (74)
nos habla de estas tierras como pobladas de alquerías, aldeas y
lugares en época mora. Sevilla recibiría de ella ordinario
y copioso alimento. En los lugares fuertes y murados los moros recogían
los réditos de sus rentas. Para Pedro Barrera (75)
Aznalcóllar "fue muy importante en tiempo musulmán
y bien fortificada, fue cabeza de distrito del Aljarafe. En el repartimiento
de tierras y alcarrias se refieren 4 términos: Aznalcázar,
Aznalfarache, Sanlúcar y Tejada", que según Ortiz de
Zúñiga, ponen en lugar de Aznalcóllar, que era la
cuarta cabeza de distrito. "En ello coincide otro historiador, Vicente
García de Diego López, que en su estudio de la toponimia
del Reino de Sevilla, dice: No se entiende el por qué estos autores colocan a Aznalcóllar como tal cabeza de distrito, máxime teniendo en cuenta que no conocemos documentos de época anterior al siglo XIII. Es por ello que debemos intentar no caer en falsas suposiciones, ni intentar engrandecer poblaciones o sucesos históricos para hacerlos acontecer en donde no ocurrieron. Una vez explicado lo anterior diremos que Aznalcóllar aparece citada por primera vez, y de manera documental, en el "Repartimiento de Sevilla", que fué el sistema de repoblación utilizado por el rey Femando III para premiar a las tropas que le ayudaron en el cerco y conquista de Sevilla y sus tierras dependientes, entre ellas Aznalcóllar. El máximo especialista en este menester es el historiador Julio González, que en su obra fundamental para el siglo XIII sevillano reconduce el tema sobre ía cabecera de distritos del Aljarafe: "...Los pueblos que tenía -el Aljarafe- en la época del Repartimiento eran Aznalfarache, Sanlúcar, Aznalcázar, ya cerca de las marismas y Tejada en otro extremo, bien comunicada y con campo rico. Los 4 distritos del Aljarafe fueron repartidos con Sevilla, a diferencia de los de la Sierra, que siguieron suerte diferente en eso" (77).
Comenzamos nuestro estudio acercándonos al término de Aznalcóllar a partir de la división administrativa que los árabes organizaron sobre las tierras, pueblos, aldeas, cortijos, haciendas y castillos (husum) sometidos y encuadrados en la cora de Sevilla (78). No existen tratadistas árabes conocidos que delimiten exactamente la ubicación de la cora sevillana, y mucho menos la localidad de Aznalcóllar. Sí tenemos descripciones de geógrafos árabes, de las cuales seleccionó la conocida cita de Ibn Gálib, y recogida por Joaquin Vailvé (79): "La cora de Sevilla se encuentra al este de la cora de Niebla y al oeste de la de Córdoba. Fue una de las capitales que los reyes no árabes escogieron como sede del reino. Está situada sobre el "Río Grande" (al-Nahr al-A'zam), cerca del mar. Se distingue por sus cualidades y particularidades sobresalientes. Las partes altas de la ciudad dan al monte Aljarafe (al-Saraf), la región más fértil y rica, plantada de olivos, siempre verdes, que se suceden sin interrupción. El Aljarafe tiene una extensión de varias parasangas o leguas, tanto en longitud como en anchura. Su aceite es famoso por su finura y dulzura; su sabor no cambia, pudiéndose conservar largo tiempo gracias a la calidad especial del suelo. Del mismo modo, su miel se conserva sin formarse grumos y pertenece largo tiempo sin cambiar su estado primitivo. También sus higos, una vez secos, se conservan mucho tiempo. Entre las cualidades que la hacen única es que su tierra produce un algodón extraordinario, que se exporta a todos los lugares del mundo y abastece a al-Qay-rawan y otros países. Todo lo que allí se planta o se siembra brota y crece como en ningún otro sitio y esto se ha comprobado y es evidente su superioridad. Posee los beneficios que encierra el mar y la tierra firme. Reúne las condiciones necesarias para el desarrollo de los cereales y de la ganadería, de toda clase de frutos y de la pesca y caza, tanto en tierra como en la ribera. Sus prados no se agostan ni se secan en verano y su forraje está siempre verde. Por eso la cría de sus animales es buena y la leche de sus ganados no falta. Si todos los rebaños de al-Andalus se encontrasen allí reunidos, podrían apacentarse con suficiencia. En sus costas se cultiva excelente la caña de azúcar. De Sevilla a Córdoba hay noventa millas. La cora de Sevilla tiene muchos distritos: el de la "Ciudad" (al-Madina). Uliya, al-Basal, el de Itálica (Táliqa), el del Aljarafe (al-Saraf), el del "Río", (alWadi), el de la "Vega" (al-Fahs), el distrito de Tussana (Tocina), el de Qatrasaniya, el de al-M(un)as(t)ir y otros". El profesor R. Valencia, titular del Departamento de Árabe del distrito universitario de Sevilla, explica con respecto a Aznalcóllar que dicha localidad era punto estratégico, enclave defensivo de cierto interés militar, pues de su baluarte dependían sus pobladores en caso de ataques desde el norte o la Lusitania. Este valor estratégico de localización hace que no se encuentren datos relativos a su fortaleza ni a la guarnición o defensas allí destacadas. Aznalcóllar no aparece ni en el despojo de crónicas, ni en descripciones geográficas o repertorios poético-biográficos andalusíes; no conocemos sus competencias jurídicas (como por ejemplo, si era residencia de un juez de distrito) o políticas (no sabemos si existía algún delegado del amil o gobernador de la cora). No obstante, las fuentes árabes si especifican algo más en relación al Iglim del Aljarafe (80), que es una entidad geográfica y tributaria más perfectamente definida. Jacinto Bosch, traduciendo a los geógrafos árabes de la época, nos describe el Aljarafe como "situado en un terreno ligeramente elevado, de tierra rojiza, que se extiende a lo largo de unas 40 millas (75 km.) de norte a sur y de 12 millas (22 km.) de oriente a poniente. Estima la superficie aproximada en 1.650 km2 para el límite del iqlim islámico, incluyendo en esa superficie "el sened" (o Sanad), es decir, "la parte menos llana, zona de cerros y collados, al norte del Aljarafe propiamente tal, hacia la Aznalcóllar y Gerena actuales y en dirección a Niebla" (81). Por lo explicado ya sabemos que Aznalcóllar pertenecía a la Cora de Sevilla (82) y que dentro de ese macroespacio se incluían los aqalim o distritos, 12 en total para los geógrafos del siglo XI, al-Bakrí y al-'Udri. No obstante, Ibn Gálib, del siglo XIII, los reduce a un total de 10. En uno de esos aqálim estaría incluida la aldea de Aznalcóllar. Es probable, por las deducciones de los estudiosos (83) que nuestro término se incluyese entre el distrito de Al-Barr y Al-Basal. En Al Basal (84) se encontraba Tilyata (Tejada). Bosch Vilá establece este distrito como las "tierras próximas al oeste del río Guadiamar" (85). Era pués, el límite oeste de la Cora, muy cercana y a la kura de Niebla. Al-Barr correspondería a los terrenos situados entre el Campo de Tejada, el Aljarafe propiamente dicho y el distrito de Al-Wadi (Alcalá del Río). Tendrían pués jurisdicción sobre ambas orillas del Guadiamar. La última unidad administrativa que nos queda por estudiar serían las alquerías. Ciertamente. Aznalcóllar sería una qarya (plural qurá): una unidad de poblamiento agrícola, minera y ganadera de rango administrativo inferior, es decir, lo que Bosch define como núcleo rural mínimo(...) de producción tributaria integrada en el Iqlim. (página 327 de la Sevilla Islámica). Su topónimo Hisn, ya citado más arriba, es una denominación característica de su cerca o amurallamiento. Posiblemente sus recrecimientos murados sea algo anteriores al siglo XII, y se realizaron, al igual que otros recintos amurallados del Andévalo onubense, para la salvaguarda de los núbleos de poblamiento rural en época musulmana. El arqueólogo M.A. Hunt Ortiz ha realizado una cata arqueológica de 4'2 metros en el Cerro del Castillo, distinguiendo hasta 16 estratos diferentes que se inician en la roca madre (estrato 1) y termina en el XVI, con el nivel revuelto superficial donde se mezclan restos cerámicos prerromanos y de épocas posteriores (86).
El máximo conocedor de la estructura y urbanismo de las ciudades y alquerías hispano-musulmanas, Leopoldo Torres Balbás (87) nos explica cómo eran los núcleos de poblamiento árabe: "Integraban las más importantes ciudades -no es el caso de Aznalcóllar- un núcleo central murado, la madina en el que solían estar la mezquita mayor, la alcaicería y el comercio principal, y una serie de arrabales (rabad en singular, arbad en plural) relativamente autónomos y apenas coordinados con aquella. Protegía casi siempre a estos últimos una cerca, independiente de la de la Medina. Medina y arrabales formábanse por la agrupación de barrios (harat, en singular hara) de muy desigual extensión, a veces reducidísimos, no más grandes que una calle, con puertas en sus extremos para cerrarlas de noche". Obviamente, Aznalcóllar no era una gran población; era un enclave defensivo que se acrecentó con el tiempo, adosándose arrabales al núcleo defensivo original. El relieve donde se asentaba el castillo condicionó la formación de esos arrabales. En Aznalcóllar, el único acrecentamiento posible es hacia el Sur, donde se asienta el actual Ayuntamiento y hacia el Oeste -menos probable-, ya que el profundo foso de la ladera hacia el río limitaba el resto de su perímetro amurallado por el este y norte. Lo más frecuente es que el barrio original estuviese hacia el mediodía, por ser el arranque del camino más frecuentado, en dirección a Solúcar Albayda, y hacia la ruta del mineral. El arrabal de Aznalcóllar tendría su propia cerca, de menor entidad, lógicamente, que el perímetro murado del castillo, hecha de tapial y pizarras macizadas con argamasa. La población se surtiría de pozos de agua de calidad media. Por ser una villa defensiva de poca entidad, quizás el rabad (arrabal) tuviese una sola calle, donde se realizaría el trueque de mercancías, que siempre estaría relacionado con la guarnición del castillo. En relación a la casa, la vivienda, debemos imaginarla construida con materiales ligeros (ladrillos) y peyas vegetales. Ello sería debido a la provisionalidad de los pobladóres que se asentaban en Aznalcóllar, siempre en relación a las rutas comerciales o a expensas de la expediciones militares. Esta "arquitectura de casas temporales" seguiría el típico tejido urbano que caracteriza a los árabes: calles estrechas, laberínticas, con variopinta tipología de tiendas, talleres y almacenes. Las casas de las familias más pudientes, así como los maysares (cortijos) se organizarían en tomo a un patio, interior o exterior a la construcción, pero siempre abierto al cielo. Las habitaciones eran polivalentes en su uso, y con mobiliario ligero, como corresponde a poblaciones nómadas: catres, esteras, alfombras, cojines... (88) La vegetación ocuparía un lugar importante para los pobladores musulmanes, y seguro que los alfares, aparte de construir ánforas para el aceite u otros líquidos, crearían macetones para flores que diesen frescor a las estancias interiores de la casa. Por último hemos de señalar estructuras constructivas de importancia capital para el funcionamiento de una población: son las acequias, norias y aceñas. Los pobladores de Aznalcóllar conocían los 3 sistemas de irrigación, usando fundamentalmente el primero y el tercero de los citados. La acequia (al-saqiya) es un sencillo canal por donde se conducen las aguas para regar o para otros fines; la acequia recogía las aguas directamente de los riachuelos que proceden de la Sierra, por efecto del desnivel. La aceña (al-saniya) sería el molino harinero típico situado en las cercanías del cauce de un río, o dentro mismo de él. Aznalcóllar es catalogada en el Repartimiento como "Heredad de pan", por lo que el número de molinos harineros tuvo que ser amplio. No sabemos si Aznalcóllar contó con norias fluviales. Estas elevan el agua por medio de grandes ruedas hidráulicas y son movidas por la corriente del río. Se asientan sobre fuertes pilares dentro del agua, que es levantada en cangilones o cajetas de madera, y que posteriormente se deriva por caños acequias y también conducciones subterráneas para hacer el riego. Las más cercanas a Aznalcóllar y estudiadas por Torres Balbás serían las de Palma del Río (Córdoba) sobre el Genil, hechas de cangilones o arcaduces. En tierras cordobesas son conocidas como "norias de vuelo" (na'ura en árabe) para distinguirlas de las "norias de sangre", movidas por tracción animal. Si hubo norias en Aznalcóllar en época musulmana, podemos deducir por el caudal bajo de los ríos que la riegan, que no pudieron ser del primer tipo (de vuelo) descrito. (89) No obstante, los árabes -inteligentísimos diseñadores de elementos hidráulicos- construían pequeñas presas o azud junto a estos ingenios para los momentos de reducido caudal o agua calma, acelerando el movimiento de los cangilones. Quizás el sistema de irrigación del Convento de los Frailes (que estudiaremos en el siglo XVII) tenga su precedente en estos sistemas creados por los musulmanes. Restos del amurallamiento del Castillo aún son visibles desde el actual cementerio, adaptándose a las curvas de nivel. La población árabe e indígena se autoprotegería con una simple muralla de mampuestos de pizarra, sin complicaciones constructivas (antemuros, barbacanas...). La población musulmana se asentaría en las faldas del Castillo, y en cerretes como la Mesa Grande y la Mesa de las Vacas. Otra zona de asentamiento posible sería en las inmediaciones del Cortijo del Negro, por restos arqueológicos y artísticos encontrados y que serán analizados después. A los pies de la fortaleza, en sus faldas pedregosas, numerosos alfares trabajaban el barro usándolos para recipientes de aceite, fundamentalmente. Un recuerdo de esta actividad la tenemos inmortalizada por G. Hoefnaglius en un conocido grabado del "Civitatis Orbis terrarum", dedicado a Gerena. Serviría, pues, el amurallamiento para defenderse de los frecuentes saqueos que sufrían los pobladores en su pobre economía de subsistencia (ganado y cosecha). El amurallamiento de Aznalcóllar quedaría definido en la cima del Cerro del Castillo, con un perímetro elipsoidal, y con un aljibe que los lugareños conocen con el nombre de "La Tinaja", que servía para acumular el líquido elemento. Nada sabemos de los que fueron sus constructores. Según Torres Balbás, "...hay poquísimos nombres conservados de arquitectos y maestros de obras de los siglos XI al XIII. Si aparecen nombres en lápidas o crónicas, casi nunca son del alarife (constructor o maestro albañil) sino de intendentes y funcionarios palaciegos bajo cuya tutela se elevaron las obras" (90). Al hablar de los recintos fortificados árabes del Andévalo Onubense los estudiosos Pérez Macías, Roldán Castro, Lorca y Funes (91) coinciden en afirmar que la nota dominante de este tipo de poblaciones, con las que Aznalcóllar tiene evidentes concomitancias, viene caracterizada por recrecimientos defensivos murados "por medio de una cerca, que por lo general no sobrepasa el metro y medio de anchura. Sus características constructivas son también comunes, mampuestos irregulares simplemente trabados con barro o a hueso... Son la defensa de la población ante la presencia de enemigos, sin ninguna posibilidad de contragolpes, y permitían el resguardo de la población hasta la llegada de los refuerzos militares de los centros urbanos de los que dependen". Al ser preferentemente bereberes los invasores islámicos que se asentaron en los cerros y collados de la Sierra (Sened), las características constructivas de su cerco mural no debían diferir mucho de los elevados en el Rif occidental (Norte de Africa) (92) por estos contingentes militares. Perímetros murales de parecidas características al de Aznalcóllar serían los Castillos de Buitrón, Salomón y Almonago, relacionados -¡cómo no!- con la explotación mineral del cobre y el metal argénteo. Posteriormente, albañiles, obreros. cerrajeros y pintores serán llamados constantemente desde la otra orilla del Estrecho para construir residencias y construir obras hidráulicas. Estos obreros de la construcción serían los que construirían. bajo la tutela de algún alarife desconocido para nosotros, el edificio religioso gótico mudéjar del siglo XIV. conocido como la Capilla del Cementerio, que más adelante se estudiará por ser unidad artística encuadrada en el Medievo Cristiano. Terminamos nuestras notas relativas al hábitat fortificado de Aznalcóllar señalando que su situación geográfica (altura superior a 300 metros, cercanía a la corriente fluvial del Agrio y a sus depósitos minerales, así como su conexión directa con las materias primas de la sierra) hacían del emplazamiento del cerro del Castillo un lugar idóneo para el poblamiento.
1.- Revuelta yemení contra la autoridad omeya de Córdoba, entre los años 765-766, capitaneada por Sa'id al- Yahsubi, alias al-Matan, en el distrito de Labia (Niebla). Ocupó Sevilla y en su camino hacia la capital llevó bandolería y pillaje por el Aljarafe. Fue derrotado en Alcalá del Río por las tropas de Abd al Rahman I.
2.- Invasión normanda de Tejada el año 844. Expediciones de saqueo vikingas (llamadas por los árabes mayus) afectan a las costas francesas gallegas y lisboetas, para posteriormente realizar rápidos despliegues por las costas de Al Andalus. Con navíos de excepcional movilidad y ligereza los hijos de Odín, adoradores del fuego, buscaban oro, plata, esclavos y ganado, en una dinámica guerrera propia de la mentalidad escandinava de ese tiempo. Parece que en septiembre del año 844 (230 de la hégira) pasaron por Isla Menor, Coria del Río y Tejada.Los habitantes del Campo de Tejada (Talyata) les hicieron frente pero fueron derrotados y saqueadas sus haciendas, cosechas y ganados. Cuando marcharon sobre Isbiliya la desazón de la población fué generalizada. Sólo la llegada de las tropas de Ibn Rustum les hizo retroceder, de nuevo hacia las zonas altas del Aljarafe, donde volvieron a saquear e incendiar, hasta que en noviembre fueron expulsados definitivamente en dirección a Lisboa. 3.- Revuelta árabe-muladí en Al Andalus, el año
889. El promotor de la revuelta contra el poder cordobés fué
Kurayb b. "Utman b. Jaldun, propietario yemení con haciendas
en el Aljarafe. Consiguió derrotar en Tejada al gobemador del emir,
aliándose con Ibn-Marwan de Mérida y con los bereberes
de Niebla y Sidonia. Así pués, los yemeníes de la
región se agruparon en tomo a dos familias: los Banu Jaldum y los
Banu Hayyay. En el lado opuesto, los hispanos agrupados en tomo a las
familias muladíes Banu- Sabarico y Banu Argelino, defendían
el poder establecido y apoyaban al emir cordobés Abd Allah.
4.- La caída del Califato (1035), tras la insurrección de Abu-l-Qasim trae la soberanía de Sevilla, que se convertirá en el más poderoso reino de taifa (93) de Al Andalus. El reino de Sevilla alcanzará su máxima expansión con la dinastía abbadi. Será con el hijo de Abu-l-Qasim, 'Abbad (llamado históricamente Al Mu'tadid con quien la taifa sevillana se expande territorialmente hacia el Oeste, atacando Mértola (1044) y Niebla. Dice J. Bosch Vilá (94) que "pese a su ataque, al Mu'tadid sólo consiguió que se formara una coalición contra él en la que entraban el bereber al-Muzaffar de Badajoz, y el también bereber Badis, de Granada, y los hanmudies de Málaga y Algeciras, para proteger al de Niebla frente a la codicia de "abbadi sevillano. Sin duda, las querellas guerreras de Al-Mutadid y sus adversarios asolaron los campos y ganados del término de Aznalcóllar.
La excusa para atacar el Aljarafe vino motivada por la "muerte alevosa de un judío, Ben Salib, recaudador de los tributos debidos por parte de al-Mu'tamid y el encarcelamiento de quienes le acompañaban... Alfonso no tuvo bastante con la excarcelación de los detenidos y, con todo, lanzó tropas a saquear e incendiar las aldeas del Aljarafe, reduciendo a la condición de esclavos a cuantos sevillanos hallaba en su paso" (95).
SIGLO XII
Entre el 1146 y el 1147 los almohades son dueños del Campo de Tejada (Aznalcóllar). Aznalcázar y todo el Aljarafe.
SIGLO XIII 9.- En 1224, el Aljarafe es atacado por tropas leonesas y los castillos
del Aljarafe son tomados por el disidente gobemador de Sevilla 'Abd Allah
al - Bayyasi, aliado de Femando III. Con esta derrota, declina finalmente
el dominio almohade en el Reino de Sevilla.
(Nota: las vías que aquí se citan son solamente las relacionadas con Aznalcóllar. Suprimimos pues el estudio de otras de capital importancia como la ruta Sevilla-Algeciras, o Sevilla-Córdoba). La comunicación de Sevilla (Isbiliya) con sus tierras del Aljarafe se hacía cruzando el río Guadalquivir. Esta vía fluvial había sido dotada con un "puente de barcas" que servía para comunicar el agro y la ciudad (badí y madina). Los patrones que dirigían barcazas y bajeles transportaban materias primas sobre sus aguas: cereales, carbón, ganado, ...también obreros y esclavos. Sevilla era cruzada por una red importante de caminos y calzadas, muchas de ellas de origen romano y ya citadas en este libro (96). Fátima Roldán Castro (97) sitúa a Aznalcóllar en el epígrafe de itinerarios menores con estas palabras: "...Hay unas vías de entidad menor (antes ha hablado de unos itinerarios mayores que unían distintas capitales de conventos administrativos) establecidas en función del comercio y transporte minero". Una de ellas era la que unía Niebla con Aznalcóllar. Lo describe así: "Está demostrado que ya en época romana se trabajaban en Onuba (Huelva) los metales extraídos de las minas del Andévalo, y que desde allí partían hacia el resto de la península o hacia el exterior por el río hasta el mar... El punto de confluencia de todas las vías de trayectos cortos que unían los centros mineros era Onuba... Hasta Onuba llegaba un camino procedente de Urium, que al mismo tiempo se comunicaba con Tucci en la vía que llevaba desde Ilipa hasta Sevilla". Estamos pues hablando de uno de los ramales de la famosa vía Hispalis-Ostio Fluminis Anae, citada como calzada romana. Pero parece ser que en época árabe Itálica quedaría fuera de la ruta Labla-Isbiliya. También sería transitada la que se conoció como 'Vereda de los Camellos", que recorría el borde norte del término de Aznalcóllar, lindado con el límite municipal del Castillo de las Guardas (Cortijo del Torilejo), que era la primitiva ruta tartésica del mineral. Al Udri, geógrafo almeriense del siglo XI, describe distintas
etapas o mansiones en el itinerario Sevilla-Niebla. El tramo árabe
es el mismo que el romano en lo que se refiere a Aznalcóllar: Los últimos estudios sobre itinerarios del mineral parecen señalar que la producción de las minas de Aznalcóllar en época islámica no tomaba el camino de Sevilla, sino que se fundía en poblados del Andévalo (Peñalosa y San Bartolomé de Almonte) para posteriormente ser vendidos o embarcados en las costas gaditanas. (J. Fernández Jurado y D. Ruiz Mata).
Al igual que hemos hecho en los anteriores capítulos, completamos, el estudio de la época islámica en Aznalcóllar en la presentación de objetos artísticos hallados en diversos lugares del término. 1.- Mango de espejo metálico. Con dimensiones muy regulares: 7 cm. de alto por 4 de ancho. Esta pieza de tocador femenino es maciza, con un mango rectangular donde se graban círculos concéntricos (6 en total) con una leve horadación rehundida en cada uno de sus centros. La parte superior, curva, con 3 bordes puntiagudos deteriorados, también muestra trabajo radial (3 circunferencias). El mango rectangular es dentado, con incisiones simétricas. Para el artista musulmán, los motivos geométricos no tienen solo carácter decorativo, sino que se piensan con sentido matemático. El radio del círculo puede ser un módulo compositivo que crece ad infinitum, y forma parte de la concepción esotérica del Universo musulmán.
2.- Mango de cuchillo metálico "alla damaschina". Con decoración de lazos fitomorfos y motivos vegetales muy del gusto oriental. En esta pequeña superficie se imita el arabesco, con finos tallos frondosos que, a su vez, forman parte de otros juegos de hojas y racimos sin fin. Interesa al artista la decoración total del mango, sin dejar vacíos. Los tallos florales resaltan de la base broncínea que está sulfurada o con pátina (sulfuración natural del bronce con el paso del tiempo y al contacto con el aire).
3.- Cuenta de collar hispano-árabe. Decorada con círculos
concéntricos (8 en total) de parecidas características a
las descritas en el mango de espejo arriba explicado. De nuevo la circunferencia
como génesis de desarrollo geométrico en la estética
de las piezas de adorno personal. 4.- Anillo emiral de plata. Siglos VIII al X?
5.- Dedal de oro. De 2,2 cm. de altura, de forma cilíndrica, encontrado
en unos terrenos conocidos como "La Cárcava", en el interior
del pueblo, hace unos 30 años. Su ley es cercana a los 24 quilates,
y su casquete es esférico, con un diseño muy parecido a
los dedales industriales de uso corriente, pero trabajado a martillo.
Una faja inferior con arabesco vegetal de 0'8 cm. de grosor, define su
decoración. El resto, hasta el extremo del casquete que lo cierra,
está trabajado con los hoyuelos típicos. Nota: La colección más importante de dedales de España se encuentra en Museo Marés de Barcelona. 6.- Dedal de espartero árabe. Como corresponde a la sociedad de
reducidos medios económicos que hemos venido describiendo en Aznalcóllar,
se encuentran en el suelo del término dedales para trabajar el
esparto, que eran empleados para hacer sogas, esteras, suelas. 7.- Compás de medición árabe incompleto. Este instrumento tiene forma de aguja, con 2 agujeros del mismo diámetro para colocar otra pieza gemela y así trazar arcos de circunferencia y distancias sobre los mapas. Dimensiones: 8 cm. de largo x 1,2 de ancho. 8.- Cucharitas y sondas metálicas para mezclas de polvos curativos.
Recordemos que árabes y judíos siempre fueron considerados
grandes especialistas en medicina; a ellos acudían los reyes cristianos
para sanar enfermedades, aún en contra de la opinión de
los miembros religiosos de sus cortes, que los tomaban por adoradores
del diablo. 9.- Tres pesas de plomo, usadas para nivelar los valores de las balanzas de precisión, también usadas por médicos y alquimistas. 10.- Moneda de oro fatimí, posiblemente acuñada en Lérida, del siglo XI, según el parecer del profesor Rafael Valencia. Anverso y reverso tienen una grafía de trazos elegantes y equilibrados; de las 5 leyendas radiales concéntricas, 3 están libres de escritura y 2 con decoración epigráfica (tercera y quinta faja desde el centro de la moneda). Acuñada en las fértiles llanuras del río Segre catalán, colonizadas por los musulmanes y que serviría para pagar la soldada de las tropas o bien reconstrucciones de castillos en época de la taifa sevillana que en ese siglo se expandía hacia el Oeste del Al Andalus. (Nota: también los dinares de los ziríes de Granada tienen leyendas concéntricas). 11.- Seis semi-dirham de plata almohades del siglo XII, bien conservados. El más pequeño es un cuarto de dirham. Uno de ellos sería falso, realizado en cobre, El tercero con caracteres cúficos y el sexto con escritura nesjí. Es considerado vulgarmente como el "dolar" de la época, moneda con la que se realizan buena parte de las transacciones comerciales del período. 12.- Monedas fraccionarias en plata del Califato, con mensajes proféticos y escritura nesjí y cúfica: No hay dios, sino Dios". También: "Mahoma enviado de Dios". Otra con el nombre del emir Ali b.Yusuf. La pequeña, horadada por 2 agujeros, sería un quirate sin valor, almorávide de Alí Ben Yusuf, de los años 500-537 de la hégira, con peso de 1 gramo de plata. 13.- Una vasija de barro, con asa, sin vidriado ni decoración.
En los primeros tiempos de la conquista, la funcionalidad privaba sobre
cualquier otro criterio decorativo. Las piezas cerámicas son de
una pobreza manifiesta, nada parecidas a las vasijas de lujo abasíes. 14.- Tres lucernas o lamparillas de aceite, en barro claro, poco cocido,
de 50, 55 y 90 gramos, respectivamente. Las lámparas de aceite
en arcilla presentan 2 orificios: uno para respiración y carga
y otro para que salga la mecha o quemador, que podía ser de cáñamo
o junco trenzado. Dimensiones de las tres encontradas en nuestro término:
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| NOTAS
ACLARATORIAS: (Para volver, pulse sobre el número). (63) Historia de Sevilla. "La Sevilla Islámica". Jacinto Bosch Vila. Pág. 16 (64) Historia de Sevilla. "La Sevilla Islámica". Jacinto Bosch Vila. Pág. 17 (65) "Sevilla musulmana hasta la caída del Califato. Contribución a su estudio". Tesis doctoral de Rafael Valencia Rodríguez. Universidad Complutense de Madrid. Febrero de 1985. Pág. 347 (66) Según Valencia, apoyado por el Diccionario árabe-español de F. Corriente, del Instituto Hispano-árabe de Cultura, hisn y sus plurales significan: fortaleza, fuerte, baluarte, torre. ciudadela, parapeto. (67) "Estudio Histórico crítico de la Toponimia mayor y menor del Antiguo Reino de Sevilla" (Separata Archivo Hispalense. 2ª etapa. n° 97. Autor: Vicente García de Diego López, año 1959). (68) "Breves apuntes históricos y arqueológicos de Aznalcóllar". Pedro Barrera. (69) El Aljarafe, o Iqlim al-Saraf, que traducido significa "el otero", es decir, terreno alto y superior, pero con sentido de elogio de exaltación del lugar. El Aljarafe es conocido desde la antigüedad por ser terreno feracísimo, y sin duda, uno de los máximos proveedores de la Itálica romana y la Spalis visigoda. El poeta árabe Ibn Saifar elogia dicha zona cuando dice que "ofrece las delicias del Paraíso". Poetas árabes cantaron en sus versos que "Sevilla es la novia y el Aljarafe su diadema". Antes de ellos, Estrabón -el célebre geógrafo griego del siglo I a. C.- escribía en su magna obra "Geografía" (dedicada por entero a Iberia) estas palabras: "aquella fertilisima porción de tierra que los antiguos llamaron Huerta de Hércules". Geógrafos latinos llamaron a estas tierras "Campum Elisium o ergentum", sirviendo de granero al Imperio. (70) Historia de Sevilla. "La Sevilla Islámica". J. Bosch Vilá. Pág. 61 (71) Historia de Sevilla. "La Sevilla Islámica". J. Bosch Vilá. Pág. 21 (72) Historia de Sevilla. "La Sevilla Islámica". J. Bosch Vilá. Pág. 29 (73) "Avance al Estudio de los recintos fortificados del Andévalo onubense y su origen norteafricano". J. Aurelio Pérez Macías, Fátima Roldán Castro, y otros. Actas del Congreso Internacional "El Estrecho de Gibraltar". Ceuta. 1987. Tomo II. (74) "Anales seculares y eclesiásticos de la muy noble y leal Ciudad de Sevilla". Diego Ortíz de Zúñiga. Madrid, 1677. (75) "Breves apuntes históricos...". Pedro Barrera. Pág. 3 (76) Estudio histórico crítico de la toponimia mayor y menor del Reino de Sevilla. Archivo Hispalense número 97. Pág. 58 (77) "El Repartimiento de Sevilla". Julio González. Madrid 1951. Consejo Superior de Investigaciones científicas (CSIC). Pág. 381 (78) Cora.- Del árabe kúra. plural kuwar. Es la circunscripción provincial en la que se dividía la España musulmana. La Cora o provincia de Sevilla, durante el Califato tenía un gobernador nombrado por el Califato y una caja de reclutamiento y movilización. (79) "La división territorial de la España Musulmana". Joaquín ValIvé. Páginas 322-323 (80) Iqlim.- plural aqalim: es el espacio territorial sometido a tributo, es decir, las zonas agrícolas, comerciales y artesanalmente agrupadas. Palabra que sería sinónima de "distrito". (81) "Sevilla Islámica". J. Bosch Vilá. Pág 335 (82) Según la tesis de R. Valencia, la cora abarcaba el tercio suroccidental de la provincia actual, así como los extremos norte y este de la provincia de Huelva. Históricamente correspondía, pues, a la parte central de uno de los conventi en los que se dividió la provincia romana de la Bética en época de Augusto. (83) E. Gálvez, R. Valencia y J. Bosch. (84) "Al-Basal", literalmente traducido como "la cebolla". Iqlim de la cora de Isbiliya, que según toponimia de documentos árabes, era su distrito más occidental, situándose en el límite con la circunscripción de Labia (Niebla) durante las épocas del emirato y califato omeya. (85) Río Guadiamar. Nombre que para algunos arabistas procede de Wadi Ahmar, y para otros de Wadi Yanbar. En el libro de la "Toponimia Fluvial" de Elías Terés se explica dicho río como aquél que bordea el Aljarafe sevillano, atravesando el distrito de Sanlúcar la Mayor, por lo que se le llama también "río de Sanlúcar". Esta última denominación es la que Madoz señala en la página 134 de su Diccionario y 167 del mismo, al hablar de su recorrido. La traducción podría ser "río rojo" o "río colorado". (86) Página 40. "Minería y metalurgia...". (87) "Estructura de las ciudades hispanomusulmanas". Tomo XVIII. Leopoldo Torres Balbás. Páginas 149-177. Revista Al-Andalus. (88) En relación a cortijos de los alrededores de Aznalcóllar ocupados por musulmanes, existe una cita de Pedro Barrera en la página 3 de su "Breves apuntes históricos y arqueológicos": (Hace unos años fue descubierto un patio de azulejos blancos y verdes en el cortijo de Crispín, en cuyo centro había un pozo que se conserva, y satisface hoy las necesidades del cortijo". Visitado el pozo de Crispín, observo que está reconstruido, con ladrillo rojizo escuadrado con arco de medio punto y geometrías pétreas coronado por esfera vidriada de azulejería sobre 3 plintos de piedra. Nada queda de ese patio, que tenía estructura circular, y que posteriormente sirvió como tentadero de vacas, según descripción verbal de uno de los encargados). (89) "Las norias fluviales en España". Leopoldo Torres Balbás. Revista Al-Andalus. (90) "Arquitectos andaluces de las épocas almoravide almohade". Leopoldo Torres Balbás. Pág. 214 (91)
"Avance al estudio de los recintos fortificados islámicos
del Andévalo alo Onubense y su origen Norteafricano". J. Aurelio
Pérez Macías: Fátima Roldán Castro: J. Andrés
Lorca Buenate: Ana Funes González. Congreso Internacional El Estrecho
de Gibraltar. Ceuta. Noviembre de 1987. Actas del Congreso. Tomo 11. (93) Reyes de taifas o reyezuelos y notables de las distintas coras de Al Andalus, que ante la debilidad de Córdoba, empezaron a independizarse. Ello provocó fitnas (guerras civiles, que debilitaron la unidad musulmana), provocando el resurgimiento castellano. (94) "Sevilla Islámica". J. Bosch Vilá Pág. 111 (95) "Sevilla Islámica". J. Bosch Vilá Pág. 125 (96) Levi-Provençal señala que los caminos mencionados por las fuentes árabes corresponden en gran medida al trazado de las vías romanas. En ello abunda también Torres Balbás. (97)
"Niebla musulmana". F. Roldán Castro. Páginas
137 y siguientes. Diputación de Huelva. 1993 |