| LA ROMANIZACIÓN
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La pacífica vida de los habitantes turdetanos de Aznalcóllar tuvo que verse necesariamente interrumpida cuando los cartagineses, al olor de los metales argénteos y cupríferos, fueron adentrándose en las cuencas mineras tartésicas. La invasión capitaneada por Amílcar, se produjo en el 237 a. C., desembarcando en las costas gaditanas. La causa principal de que el mediodía peninsular cayese bajo los intereses de Cartago (38) parece que se debió a que se quería compensar así las pérdidas de Sicilia, Córcega y Cerdeña en la Primera Guerra Púnica (264-261) contra Roma. "Ciertos dirigentes cartagineses -dice el profesor Bendala Galán (39)- propusieron salir de la crisis consolidando su posición y sus explotaciones en la propia Africa. Pero un sector de la aristocracia, encabezado por la familia de los Barca, logró imponer los criterios de quienes esperaban más del comercio y de la economía de mercado que de los frutos de la tierra. Se trataba de rehacer el imperio perdido y España, por sus riquezas y su mayor distancia de Roma, era la primera meta". Los turdetanos ibero-tartesios se defendieron como pudieron de la invasión, concentrándose en tomo a dos príncipes: Istolacio e Indortes. El primero de los jefes (muerto en el 237 a. C.), según el historiador Diodoro, formó un gran ejército con turdetanos y mercenarios celtas e íberos, que no logró detener la invasión del Valle del Guadalquivir, siendo derrotado por Amílcar Barca y crucificado. Indortes el segundo jefe íbero (muerto en el 232 a. C.) -siempre según Diodoro- tras la derrota de Istolacio reunió un ejército de vetones y lusitanos y sabiendo que no vencería a los cartagineses en campo abierto (40) se refugió en la Sierra, donde sitiado por Amílcar, fue capturado, sometido a tormento y crucificado. No conocemos los lugares exactos de dicha batalla, pero, sin lugar a dudas, lugareños de Aznalcóllar participaron en dichos ejércitos, bien como soldados, bien como personal auxiliar de avituallamiento, infligiendo daños al invasor en el sistema de guerrillas y acoso practicado por Indortes. Dominada la Turdetania, los púnicos intensificaron la explotación de la plata superficial de los criaderos de Riotinto y Aznalcóllar. De nuestras minas debieron salir muchos kilos de plata hacia Cádiz, para acuñar monedas -shekeles- conque sufragar los costes de la guerra. No se han encontrado monedas de este tipo con cabeza de Tanit y símbolos de la palmera y el caballo. Por el contrario, sí existe un sello pétreo, con una figura femenina (Tanit) que sería de influencia oriental aunque de la nueva órbita cultural romana que muy pronto se asentaría en Aznalcóllar. La sigilografía, como ciencia auxiliar de la historia, estudia estas matrices pétreas, que nos dan muestras de la actividad política, comercial y social de un determinado grupo humano. Sellar con una matriz de este tipo significaba un compromiso irrefutable que tendría el mismo valor que una firma actual de un contrato. Este sello, es pues, una marca de autentificación documental, como lo es, hoy en día la autenticación informático-electrónica de los bancos y documentos notariales. Y es que parece ser que los sellos aparecieron en la historia, antes incluso que la propia escritura. La imagen de esta Afrodita sobre palmeta es una muestra más de la espiritualidad oriental, marcada por la importancia de las poderosas imágenes maternas, que procedentes del Mediterráneo, comienzan a invadir las formas iconográficas que practican los artistas auctóctonos. Del culto a la Gran Diosa Madre se pasa a la Artemisa griega, y después a la Diana romana. Así, la Astarté de los fenicios se transformó en Afrodita griega y en Venus imperial romana -que ya se veneraba como Tanit ibera en Aznalcóllar-. Masa: 20 gramos. Diámetro: 2'1 cm. Nota al Lector: La sociedad cartaginense era mediocre en sus creaciones artísticas, llevando a cabo un arte ecléctico de influencia helénico-egiptizante. Comerciaban con oro marroquí, plata del mediodía peninsular, estaño de Cornualles, ámbar del norte, y con el marfil y esclavos africanos. Su producción industrial se reducía a tejidos de púrpura, telas ordinarias, alfarería y armas. Su religión se caracterizaba por la barbarie (sacrificios de niños a Baal-Amon, Melkart y Tanit) y la superstición, no dando forma humana a los dioses.
Cuando las tropas romanas toman la península, su objetivo constructivo es crear nuevas ciudades y territorios que sigan la imagen de las urbes romanas. Esta semejanza con las ciudades metropolitanas se obtenía homogeneizando las nuevas poblaciones en el ámbito administrativo, cultural, constructivo, así como en lo religioso y en lo político. Pero la romanización del Aljarafe sevillano, y, por tanto, de Aznalcóllar, fue sin duda fruto de una victoria violenta y no consecuencia de anexión pacífica, como ya hemos visto. Lo que mueve al invasor romano es el expansionismo político, pero de Aznalcóllar le interesa el metal argénteo de las minas. A este respecto, Caro Baroja cita a Estrabón en los siguientes términos: (43) "Los cartagineses que llegaron a Turdetania con Amílcar quedaron maravillados de que allí se usaran toneles y artesas de plata como algo natural a la vida doméstica". Esto demuestra que el nivel extractivo de mineral era alto. Pero, ¿quién trabajaba en las minas? ¿Tenía Aznalcóllar mineros profesionales en época romana?. Posiblemente cartagineses y romanos harían trabajar en las minas a los esclavos de guerra, a los prisioneros por delitos contra la República y a los siervos de menor estimación por parte del patricio. Aznalcóllar fue, posiblemente, un lugar de trabajos forzados; una zona que tenía un evidente valor económico por sus niveles extractivos de mineral, pero sin que se asentaran en ella los magnates o patricios de la nova urbs (Itálica). Estos, dejarían en manos de capataces (encargados de explotación, administradores de fincas) las tareas de dirección del proceso mineralúrgico y el mantenimiento del orden público establecido. De las primitivas minas a cielo abierto se pasaría ahora a los pozos y galerías excavadas, con el desarrollo instrumental que llegó gracias a los romanos. Lógicamente, el nivel de valoración social que ocuparían los metalúrgicos sería claramente ínfimo, pero su labor era insustituible. Itálica será el centro difusor de orden y protectorado de la zona; un gobernador ejercía la autoridad y establecía las directrices económicas y productivas de Aznalcóllar. Con la victoria sobre los púnicos, llegó una época de relativa calma. Los soldados y legionarios veteranos son premiados con la 'licencia", hecho que les permite asentarse en las tierras y parajes conquistados con una parcela de labranza (44). Dicho asentamiento permitirá el cambio progresivo de las costumbres del lugar, lo que provocará el ya citado proceso de romanización. Durante el proceso de asentamiento romano en Aznalcóllar, se produjo un fuerte avance del cultivo de la vid y el olivo. La preeminencia de estos cultivos en el Aljarafe contribuyó a una fuerte exportación que hizo disminuir la producción en Italia y Grecia. Se crearon, según J. González, "negocios de exportación, barqueros, trabajadores de envases (ánforas), almacenistas, crédito...". Localidades como Gerena y Aznalcóllar verían surgir talleres de alfareros que realizarían envases destinados a las industrias báquicas y aceiteras. Dichos envases, se inutilizaban al llegar al lugar de origen por lo barato de su fabricación. Es posible que el aumento de estos negocios fuese el detonante para que se creasen villaes en Aznalcóllar, al igual que en otros términos, que aseguraron durante mucho tiempo un régimen de propiedades semi-latifundistas. La romanización va a transformar, pues, la vida del término, creándose una clase dirigente, una élite social de funcionarios nobles, aristocrática y prepotente, que reside en villas de tipo urbano. La ciudad dirige así, como siempre ha ocurrido, la vida de los núcleos rurales: Este hecho se produce, sobre todo, en los 2 últimos siglos de la República; se crea una fórmula administrativa que permitía repartir entre los licenciados de guerra (Segunda Guerra Púnica) parcelas más o menos regulares de terreno -hazas-. Esta parcelación regularizará la distribución paisajística de modo ordenado y matemático, uniformidad que se mantendrá para generaciones y siglos venideros. Esta distribución se hizo agronómicamente, es decir, teniendo en cuenta la red de caminos y cañadas. Un aspecto interesante a destacar en Aznalcóllar y nuestra zona de influencia es el fenómeno del bandolerismo, que muchas veces sólo unimos cronológicamente al siglo XVII y siguientes. Y sin embargo, este mal endémico ha arrasado nuestra tierra, como mínimo, desde la época romana. "Natos abigeos (ladrones de ganado y bestias) fueron los andaluces, temibles cuatreros, decía Servio el escritor romano" (45). Según explica el historiador José Santos, en la época expansiva del Imperio, existieron "guerrilleros" que entorpecían la labor de los soldados conquistadores. Alude a otros historiadores, como el ya citado en este libro A. García Bellido, que recoge testimonios escritos de Cicerón en los que habla de Sierra Morena en general como lugar de ladrones (latro) y bandoleros tribales (praedo): "Era frecuente entre los pueblos peninsulares, antes y aún después de la llegada de los romanos, la formación de bandas armadas que desgajándose de las normas corrientes de vida se lanzaban a la aventura para vivir del robo y el saqueo, y en las que militaban los descontentos, los desheredados de la fortuna... Atacaban preferentemente utilizando el golpe de mano y se defendían en la ágil huida a las sierras, en cuyos escarpes anidaban como los pájaros de presa. Desde allí acechaban los caminos y los caminantes..." (46). El ya citado Viriato sería un latronun dux (jefe de ladrones). Una cita de Diodoro rescatada por A. García Bellido y recogida por Santos pone un primer punto y aparte al estudio de esta actividad delictiva, que veremos repetida en nuestro suelo y plasmada en papeles y legajos de nuestro depósito municipal de Archivos de Aznalcóllar: "Hay una costumbre muy propia de los íberos, sobre todo de los lusitanos, que cuando alcanzan la edad adulta, aquellos que se encuentran más apurados de recursos pero destacan por el vigor de su cuerpo y su denuedo, proveyéndose de valor y de armas, van a reunirse en las asperezas de los montes, allí forman bandas considerables que recorren Iberia, acumulando riquezas con el robo, y ello lo hacen con el más completo desprecio de todo" (47).
La élite social de funcionarios que progresivamente iba surgiendo en Itálica trajo como consecuencia la construcción de lugares de descanso (villas) para esa gente opulenta. Gracias al polígrafo y escritor latino Terentius Varro (Terencio Varrón (116-27 a. C.) sabemos como eran las mansiones de los ricos: columnas de mármol, buenos pavimentos y hermosos cortinajes; pocos muebles decoraban los dormitorios, que eran pequeños. Los terratenientes de mayor capacidad económica solían contratar el servicio de hábiles artistas para decorar sus viviendas (villae), que poseían todos los lujos tradicionales, incluidos los pavimentos de "opus signinum", así como mosaicos de pavimento en blanco y negro (48). Estas unidades de arquitectura rural -cuyos enclaves serían algunas de las actuales fincas que rodean Aznalcóllar y Gerena- servían no sólo como lugares de recreo sino fundamentalmente como unidades de explotación agraria. En cuanto a su estructura, quedaría definida por un pórtico, al que se añaden habitaciones laterales e interiores alrededor de peristilos y patios. Hernández Díaz, (49) en relación a la vivienda y urbanismo romano en Aznalcóllar nos habla del poblado de Los Merineros: "Situado a una media legua del pueblo; en él se encuentran gran cantidad de cimientos y muros de mampostería, tejas, ladrillos, trozos de columnas y revestimientos de mármol, vasijas de cerámica y algunas herramientas de hierro". También el poblado de Las Mesas, próximo al convento de los basilios recoletos, tiene muestras de sillares escuadrados que nos dan fe de la ocupación romana. Allí he encontrado muestras de tegulae y opus, que unidos a restos de cerámica sigillata facilitadas por aficionados y gentes del pueblo, dan noticia de la progresiva romanización del término municipal. El mismo Hernández Díaz habla del poblado, así como del cortijo de la Torre, en relación a restos romanos. Otro lugar que es posible citar como asentamiento sería el cerro Escombreras, del que han salido diversas monedas encontradas en el término. Ya fuera del término de Aznalcóllar, he visitado una finca, Mirandilla -del término de Gerena- de la que se deduce por sus restos que fue mansión de un rico hacendado. Una vez que sea excavado por los arqueólogos, es posible que su planta responda a la tipología tradicional que describía Varrón en "De re rustica": atrium (o cuarto principal de estar, con apertura superior) peristilo (pasillo cubierto en torno a un patio), lararium (altar de los lares o dioses de encomienda doméstica) triclinium (comedor) cocina -cuyo combustible sería la leña de la cercana siena- tablinium (despacho habitación para negocios del propietario, dormitorios y habitaciones para siervos, así como dependencias para instrumentos de labranza. El sistema de calefacción era con leña y carbón. Pero volviendo a Aznalcóllar y a nuestra hipótesis de que la población estaba compuesta por una parte de reos y otra de pastores -que se dedicarían a sus labores propias- es necesario citar que la vivienda predominante sería la chabola o barracón para hacinar a los presos en sus momentos de descanso o avituallamiento; el capataz y los soldados de la guarnición tendrían viviendas de mejores características pero con elementos higiénicos insuficientes. Las casas de la gente pobre autóctona sólo contendrían algunos catres y banquetas. Las mujeres tendrían rueca (hilo) y bastidor para tejer. Se han encontrado dedales rústicos (50) que son símbolos de una población empobrecida y dedicada a las labores de subsistencia. Bellotitas de metal y asas de caldero típicamente romanas se encuentran con relativa facilidad en diversos lugares del término. Así pues, parece que la sociedad asentada en nuestro término municipal evolucionó muy precariamente, dedicándose a lo que tradicionalmente ha caracterizado a Aznalcóllar: el pastoreo y las labores mineras. Cuando Estrabón, en el siglo I apoyándose en el geógrafo Posidonio, habla de la Turdetania como "lugar donde vivían los más cultos de los íberos (...) y país sumamente prospero (...) donde la exportación está facilitada por los ríos y estuarios..." lógicamente no hablaba de nuestro suelo. No obstante, empezaron a dibujarse las características estructuras de poblamiento y ganado que son tradicionales aquí. Hablo de los rebaños y grandes piaras de puercos que T. Varron describía en su "Re rustica", y que por lo visto causaban admiración de los grandes terratenientes romanos; en el paisaje romano de Aznalcóllar también se observaban rebaños de toros, como los descritos por Estrabón en su libro III (2,3). En época romana comenzaría la deforestación intensiva de la sierra para roturar y cultivar los campos. Es muy probable que la industria maderera fuese otro de los medios productivos de los que se surtían los habitantes originarios para sobrevivir. Y la miel, el jugosísimo néctar exudado y transformado por la acción de reacciones digestivas en el buche de las abejas. Lástima que no tengamos ninguna representación rupestre como la famosa "recolección de la miel" que posee el arte levantino en la Cueva de la Araña. Y es que la actividad apicultora tiene antecedentes remotos en nuestra cultura. Hoy en día, la miel de Aznalcóllar no tiene parangón en lugar alguno y surte a todos los pueblos del Aljarafe.
De nuevo vemos unida a Aznalcóllar y la nueva Roma de la Bética, como algún autor la ha llamado; de nuevo un núcleo rural surtiendo de productos a la ciudad. A. García Bellido (51) cita al historiador alejandrino Appianos cuando explica que "Itálica no fue, pues, sino un lazareto, un hospital permanente de campaña, y como consecuencia, un puesto militar avanzado", que debía servir para detener los ataques de los lusitanos y célticos que quedaban por someter, a la par de situarse en un punto estratégico de la vía Tejada-Aznalcóllar-Guillena-Alcalá del Río, que recogería la plata y el cobre de Aznalcóllar para ser embarcado en Ilipa Magna o en la misma Hispalis. Para el sostenimiento de ese puesto de avanzadilla (estamos todavía en el siglo II a. C.) hubo de recibir víveres y materias primas de las poblaciones circundantes, entre ellas la apreciada carne de jabalí y la miel silvestre de la que ya hemos alabado sus características más arriba. De nuestro término también procedería la necesaria madera de la sierra. Las canteras graníticas de Gerena surtirían del material pétreo para las construcciones de mayor envergadura, y para el futuro acueducto. Los ríos Guadiamar, Agrio... con la arcilla y el limo de sus cuencas darían la materia prima para los ladrillos que lleva la fábrica de esta obra pública.
Nota al Lector: Todos los datos que a continuación se expresan y algunos de los ya citados proceden de una memoria de Licenciatura leída en la Universidad de Sevilla en Mayo de 1.975, y que reza por título "El acueducto romano de Itálica", firmada por la ilustre investigadora Alicia María Canto. Dicha memoria, completísima y de evidente rigor científico, fue dirigida por el profesor Pellicer y otros miembros del Departamento; ingenieros de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir realizaron perfiles planimétricos de la conducción, que no serán reproducidos en este libro. Esta memoria me fue facilitada por D. José Valdera Gil, a quien agradezco la deferencia. En las líneas sucesivas evitaré las engorrosas e imnumerables citas a pie de página que ofuscarían al lector a quien van dirigidas estas líneas, y que quedan para publicaciones más especializadas. Cuando en el siglo II Adriano ordena la planificación de la nueva ciudad (amplias aceras con pórticos, nuevos sistemas de desagüe, nuevas termas, ...) los ingenieros observan la necesidad de ampliar la acometida de aguas, por el caudal insuficiente de los 4 manantiales que a partir de paredes rocosas de caliza, surtían el tramo del viaducto Pisana-Conti- Itálica. Desde el siglo XVII se tenía noticia de la existencia de esta obra pública de abastecimiento, que es citada por Rodrigo Caro, quien seguramente conocía los dos tramos diferenciados en el tiempo. (Páginas 294 y 323 del estudio). El 31 de mayo de 1783, el erudito Padre Zevallos, acompañado por D. Diego del Corral -alcalde de Gerena-, hizo el camino desde esa población hasta el nacimiento del acueducto, notando muchos parajes donde duran vestigios del Aqueducto". El padre Zevallos, que recorrió a pié todo el camino, sigue esta jugosísima descripción: "Las fuentes de Tejada nacen en lo bajo de un valle que viene de Norte a Mediodía, donde estuvo aquella antigua población. Luego que brotan las aguas, forman lagunas, que quieren ocultar su surgente" He visitado, al igual que hizo el sacerdote, el valle artesiano que nutría de aguas el acueducto. De estos nacimientos acuíferos, el más importante en cuanto a vascularización hidráulica está enclavado en el cortijo de Peñalosa, donde localicé el manantial "Fuente Grande", actualmente seco por desgracia. Casetas con potentes motores para el riego intensivo y pozos artesianos han desecado el manantial principal, así como los otros secundarios: Fuente Pequeña, Fuente de la Reina Mora, y otros de nombres curiosos que daban origen a numerosos arroyos (Junquillo, Fuente Vieja, Alpizar, ...). Lo penoso de todo esto estriba en que 36'5 km. de acueducto realizado en técnica mixta de cantería y ladrillo hayan desaparecido practicamente sin que nadie ponga freno a la acción antrópica que ha removido enormes sillares de piedra arenisca lisos y trabajados. Y es que una obra pública de tan grandiosas dimensiones (superada por los italianos Aqua Claudia de 69 km. y Aqua Marcia de 50 km.) que podía ser un orgullo más del mediodía peninsular, haya quedado reducido a tramos esporádicos como el que disfrutamos en el término de Aznalcóllar -no sabemos por cuanto tiempo-. Pero sigamos con la descripción que el religioso realizó de esta obra cumbre de la ingeniería romana al noroeste de Sevilla: "En algunos sitios, como al pié del monasterio del Retamar, de monges basilios recoletos, es manifiesta la fábrica del Acueducto, que es de pilastras y arcos rebajados, sobre las cuales dura todavía el encañado de las aguas dirigiéndose hacia Itálica. Dura esto por un tramo muy largo, por lo más bajo de la Dehesa de las Dueñas; sigue su viaje hacia la Pisana (...). La fábrica de este -acueducto-es siempre semejante hasta la muralla de Itálica. Es tan igual en dimensiones, forma y materiales, que parece haberse hecho en un día de una misma mano... La atagea o cauce por donde corría el agua es de dos varas de ancho, por donde se descubre mejor su hondura, que es por cerca de la Pisana, baja más de una tercia... Conserva en algunos sitios el estuco rebocado de este cauce cuando corrían las aguas por él... La obra fue sin duda espantosa, porque consideradas las vueltas y rodeos que toma, se podrá computar que corría por cerca de nueve leguas, grandeza que acaso no tendrá ejemplar en algunos de los Aqueductos antiguos y modernos... Esta obra sin duda magnífica, se puede creer haber sido hecha en el imperio de Trajano... Y si en otras ciudades de España levantó Trajano magníficos Aqueductos, más verosímiles, que proveyese a su patria Itálica del que tenía y traía con tan sumo gusto desde las fuentes de Tejada".
El proceso técnico de construcción de los 36'5 km. totales de recorrido hubo de contar con mano de obra trabajadora, que serían en casi su totalidad de las poblaciones por las que discurre el canal. Participarían también esclavos capturados en las muchas guerras que Roma libró hasta sofocar los reductos de resistencia local. Estos mismos se encargarían de las reparaciones, que hasta el siglo IV, se debieron realizar hasta que las circunstancias históricas hicieron cesar en su mantenimiento. Estos sometidos eran dirigidos por "aparejadores" y constructores expertos, que manejarían grúas y poleas para elevar los bloques pétreos en los tramos altos del recorrido. Parte de los esclavos, se destinaban a picapedreros, obteniendo el valioso material pétreo de las canteras de Gerena, que después serían usados en el encofrado de las arcadas. La profesora Canto señala que "no sería raro que los técnicos, architecti, fueran enviados de Roma con planos preparados", pués hay detalles constructivos impropios de la producción local. "Pudo participar en el rigor un equipo de militares, habituados a estos menesteres, quizás relacionados con la Legio VII Gemina". Cabe hablar ahora de la fuerte producción alfarera que parece caracterizó a las poblaciones de Aznalcóllar y Gerena, y que dotaría de mano de obras asalariada de primera calidad para la realización de la ingente cantidad de ladrillos que se usaron en la magna obra, que si bien no tiene el carácter colosal de otros acueductos hispanos (Segovia, Tarraco y Emérita) sí es una obra digna y "eminentemente pragmática. Se aprecia en general, un interés por economizar esfuerzo y riesgos, disminuyendo en lo posible las largas arquerías a base de rodeos, de evitar los sectores faldeando laderas (...) suavizando las pendientes, anexionando el mayor número de caudales posibles, calculando a la perfección el trasvase de cuencas" (52). El trazado es ciertamente accidentado, con tramos elevados y subterráneos.(4
km. de arquerías; 16 km en superficie y 17 de túneles. 0'5
en conexiones y subestructuras de la conducción). - El recorrido efectúa un amplio giro hacia el norte, buscando
las pendientes y evitando los terrenos llanos que no dan cota suficiente
(...). El acueducto serpentea buscando su nivel hacia los términos
de Aznalcóllar y Gerena, bajando hasta introducirse en Itálica
por el Oeste. Para terminar con el extenso estudio dedicado al acueducto romano de Itálica-Tejada, transcribo directamente los tramos correspondientes a Aznalcóllar y expresados en la tesis que nos sirve de base: a) El cruce del arroyo de Santa María.- Aquí solo se conservan
los machones de grandes pilares... cruzando la vaguada del arroyo... A
unos 300 metros al norte del lugar donde pasa el acueducto, existe un
manantial llamado Fuente Clara,... Virgen por la que actualmente se profesa
gran devoción en Aznalcóllar. Puede tratarse de la pervivencia
del culto a la ninfa del lugar. Después de enterrarse nuevamente
y girando ya hacia el norte reaparece para cruzar el arroyo del Pilar
Viejo, en términos del Cortijo del Negro... d) El Chaparral.- A partir del Agrio, y en distancia de 1.100 m., se
pueden seguir entre los olivares de esta finca vestigios considerables.
El muro serpentea cerca de la carretera AznalcóllarGerena, cruzándola
en 2 ocasiones. Casi llegando al arroyo de los Frailes, y junto a la carretera,
hay un sector de caja altamente interesante porque conserva 76 cm. de
altura, la mayor de todo el specus del acueducto. Lleva media caña
de hormigón hidráulico. La luz del arco es de 3 m., el dovelaje doble y la distancia interarcos
de unos 4 metros aproximadamente. La fábrica es una muestra perfecta
del trabajo de sillería romano, con una estructura macizada de
hormigón interior, en el que va encajado el specus (canal) revestido
de opus signinum (ladrillo). Los enjarjes están muy cuidados, para
evitar el desplazamiento del dovelaje.
a) Anillo de Deméter-Ceres "La posesión de un anillo, y mucho más, el derecho a poseerlo, vino a significar en la sociedad romana algo trascendental, un privilegio que distinguía a los hombres libres de los esclavos (...)" (53). El arte de grabar piedras duras fue llamado por los latinos "Caelatura" llamándose a su artífice "Caelator" (54). Como en el campo de piedra hay poco espacio, los símbolos o grabaciones deben ser muy significativos y expresivos. A este respecto, López de la Orden dice: "El anillo alojaba una figura o símbolo sagrado que identificaba a su propietario, de modo que debía procederse a su destrucción cuando este fallecía, o se les enterraba juntos (...)". Ejemplos de ello los encontramos continuamente en las necrópolis y excavaciones arqueológicas. Así pues, los dibujos tallados sobre la gema serán muy naturalistas e iconográficamente entendibles por su poseedor. Se necesita, además, un profesional de la talla que sepa realizar miniaturas artesanalmente: son los entalladores, artistas finísimos que condensan sabiduría y pericia. Roma es heredera en este aspecto, de Grecia y Etruria. Aparte de la significación sagrada a la que se alude más arriba, los anillos tienen otra faceta no menos importante: son elementos de fuerte carga simbólica-amulética. A ellos se les encarga el cuidado de nuestra salud ante la enfermedad, siempre en función del tipo de gema que se utilice en el engaste. Es lo que los técnicos conocen como "valor apotropaico": protección ante los males. Las sustancias minerales empleadas en la glíptica son de tres tipos: a) Bituminosas: azabache y ámbar amarillo serían ejemplos
de ello. El anillo de oro de la diosa Deméter es de gran pureza aurífera, con una ley sin duda superior a la de 18 kilates. Tiene un ópalo común naranja (o imitación vítrea de este mineral) engastado a cabujón en su aro delimitador. El nombre de ópalo parece proceder del sánscrito "upala" que significa gema preciosa. Los utilizados por los romanos, como en el caso que estudiamos, provenían de Dubnik, cerca de Presov, en la antigua Checoslovaquia.
Sus propiedades son: - Composición química: sílice con una cantidad variable
de agua. Nuestro anillo se talló con punta de diamante o con rueda (de barrenilla o punzón); los romanos utilizaban la ostracita humedecida en aceite o agua para el pulimento final. Nada podemos decir del artista caelator que realizó esta joya; sabemos, no obstante, que los orfebres eran libertos griegos con mote latino. No es aventurado pensar que es obra de uno de ellos, de los que trabajarían bajo la tutela de un hacendado romano aquí establecido. Cronológicamente encuadro la pieza dentro de la glíptica romana de época Imperial. Posterior, pues, a la Romana Republicana, y con seguridad construida a partir del siglo I d. C. Iconografía.- El entalle de época romana que estamos analizando representa a una divinidad grecorromana muy conocida: Deméter-Ceres. Deméter en la mitología griega es la "Madre de los cereales", la tierra fecunda que produce el trigo. Es hija de Crono y Rea. Recorre el mundo en busca de su hija Coré y será raptada por Plutón, hasta que el padre de todos los dioses, Zeus, permitirá a Coré ver a su madre todas las primaveras. Pertenece, pues, a la tríade de Eleusis (Deméter, Coré y Triptolemo) y tiene su antecedente en la religión -mitología egipcias (Osiris, Isis, Horus, y el renacer de la tierra cada primavera). La posesión de un anillo de esta divinidad supone para su poseedor una vida feliz en la eternidad existencial. Las 2 espigas de trigo que se observan en la talla aluden a dos símbolos: la muerte y la vuelta a la vida. En nuestro anillo, esta diosa de las cosechas y la agricultura es representada, pues, con una mano que agarra fuertemente el símbolo cerealístico (trigo). En otros objetos de glíptica de mayor tamaño (camafeos, por ejemplo), al tener más espacio para la talla cabe una representación más amplia, como figura de pié con una mano que sostiene un plato con frutos y la otra con espigas. Hay 2 modelos cercanos al anillo encontrado en el término municipal de Aznalcóllar: - Un nícolo azul de forma ovalada que se encuentra en el museo
arqueológico de Sevilla, del siglo II d.C. Existen otras muestras de orfebrería anular, tanto en oro como en metal broncíneo: - 2 anillos-sellos, el primero de los cuales representa un caballo sentado y a su lado una figura de hombre erguido. El otro una galera de remos. (La galera pretoriana tiene relación con las monedas de Marco Antonio). A este respecto diremos que la costumbre de adomarse los dedos con sortijas es antiquísima y aparece en casi todas las civilizaciones (egipcia, cretomicénicca...). Griegos y romanos los usaron labrados de diversa manera, siendo muy corriente el tipo anillo sello para autorizar documentos. Todos los hombres libres tenían el derecho a poseer un anulus signatorius. - Otra muestra la tenemos en un anillito de oro, sin inscripción, de 1'2 cm. de diámetro -para un dedo muy fino, de niñito o mujer-, y de gran pureza (ley cercana a los 24 quilates); realizado a martillo y con un simple óvalo superior de 0'6 cm. b) Cerámica sigillata. La sigillata encontrada es la corriente, la "Sigillata clara", con representaciones de momentos agrícolas. Si bien este tipo de cerámica se originó en Arezzo (Italia), pronto se extendió a la Galia y a Hispania, donde se crearon talleres-fábricas (Solsona, Mérida y valle del Guadalquivir) que las distribuían por todo el territorio, aunque variando los temas mitológicos clásicos de la sigillata aretina. Uno de los trozos encontrados nos muestra un agricultor con azada en plena faena agrícola y separado por un fino caulículo arcilloso; otra figura se nos aparece con un racimo de uvas. En un segundo trozo doble, de la misma pieza cerámica, otra figura masculina con faldellín y bota (de calzado) esparce el trigo desde una faltriquera. Junto, a él aparecen folículos vegetales (¿maíz?), que son el símbolo de futuras cosechas. El borde superior de todos los restos cocidos está trabajado con una decoración geométrica ondulada triple, en forma de U. Cronología aproximada: Alto Imperio, 27 a. C., a 192 d. C. El arte de cocer el barro tiene otras finalidades no menos importantes como son las labores constructivas. En efecto, el trabajo de los alfares durante la construcción del acueducto Tejada-Aznalcóllar Itálica fue ingente. La profesora Alicia María Canto, ya citada más arriba, explica en su tesis que, muy posiblemente se crearon hornos ex profeso, de reducidas dimensiones para el cocimiento de las piezas, cerca de las labores constructivas de los canales. Hace un estudio concienzudo de estos paralelepípedos latéricos mostrando la variada longitud, grosor, cochura y color, según de donde se tomase la arcilla: - Ladrillos cocidos con arcilla del Guadiamar: 28-29 x 4'5-5 cm. Estos ladrillos y tegulas (tegulae: tejas) se encuentran fácilmente en zonas cercanas al acueducto, así como en las faldas del Castillo y cerros y parajes que hemos citado en páginas anteriores como de asentamientos de poblados romanos.
También en barro cocido claro, sin pintar ni vidriar, aparecen figurillas humanoides, a la manera de exvotos, que son compactas y pequeñas sin separación efectiva de piernas. Y es que en los lugares de culto se efectuaban todo tipo de ofrendas, que se consideraban tanto más eficaces si se colocaba un exvoto o representación plástica (en metal, piedra o barro) de ofrenda a los dioses.
En bronce también encontramos una manita de 2'5 x 1 '2 cm., con el puño cerrado y borde superior curvo, que podría ser parte de una pieza de contenido erótico (mano fálica), o quizás simplemente un tirador mobiliar. d) Figurilla de niño alado, en movimiento, de metal broncíneo. Esta pieza de alas asimétricas y oria trenzada rústica que ciñe el pelo tiene cierta hermosura estética. En la cultura romana se tenía la costumbre de disponer en la casa de un espacio en forma de hornacina, en un ángulo del patio, llamado larario. Allí se colocaban las imágenes y dioses preferidos, y unas figuras -manes, lares y penates- que eran las protectoras específicas de la casa.
e) Figura alada antropomorfa en movimiento ascendente, broncínea,
con cierta rusticidad en su forma pero claramente naturalista en la parte
que se muestra al espectador. Parte trasera plana. Posiblemente sea de
fecha anterior al Imperio, con resabios de trabajo autóctono local.
Quizás sea una hebilla a la que le falta el clavillo (hebijón)
articulado del pasador, que serviría para sujetar la correa que
pasa por dicha pieza, la cual queda horadada por 2 hendiduras de diferente
calibre. f) Miliarios y otros elementos pétreos. (Encontrados muchos de
ellos en el sitio llamado "El Pedregal", una tierra de cultivo
situada hacia el km. 3 de la carretera de Escacena). 'USSIN - RINI - CIO - EUB" (¿ ?). Medidas: 32 cm. en declive y 22 de grosor. La vía Hispalis-Ostio Fluminis Anae iba desde la desembocadura del Guadiana hasta la capital de la provincia de la Lusitania: Emérita (Actual Carretera Nacional 630, Ruta de la Plata). El Itinerario de Antonino da una distancia total de Ayamonte a Mérida de 313 millas (463 kms.) La parte del trayecto que nos interesa es la ruta Niebla-Sevilla, donde estaría Aznalcóllar, que parece clara: Hispalis-Itálica: 6 millas. Tucci a 18 millas. Ilipla a 22 millas. Onuba a 30 millas. Ostio Fluminis Anae (desembocadura) a 24 millas. Otra pieza grabada se encuentra en el patio exterior de entrada al jardín del Cortijo de la familia Tassara. El nombre de "Valeria" (quizás una amante) se repite escrito 3 veces. De esta misma tierra de labrantío, y arrancado por los arados mecánicos tenemos una basa de columna marmórea, de dimensiones muy regulares, un machacador granítico con bola, y un dintel de puerta en mármol, con decoración de rosetas (¿tardorromano?) que está rebajado para el giro del gozne. Un capitel calizo -que fué expuesto en la vitrina de la biblioteca de Aznalcóllar- cierra esta brevísima reseña de objetos de raigambre romana. Este elemento, colocado sobre el fuste de la columna, está decorado con estrías y acantos perfilados. Altura: 20 cm. g) En lugares muy diversos del término de Aznalcóllar han aparecido multitud de monedas romanas; valiosas unas, vulgares otras. Denarios de plata republicanos e imperiales (con valor de 10 ases); sestercios (cuarta parte del denario) de Comodus y Gordiano III (Imper Gordianus pius divi Augustus), y alguno más raro como el sestercio de Lucilla (55) y otras monedas varias interesantes para aficionados al nummus, pero cuyo estudio no cabe en estas líneas.
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| NOTAS
ACLARATORIAS: (Para volver, pulse sobre el número). (38) Carthago en latín, Antigüa ciudad de África del Norte fundada por los fenicios de Tiro o Chipre, en el siglo IX, cerca de Túnez. (39) Manuel Bendala Galán. "Historia de Andalucía". Volumen I. De Tartessos al Islam. Pág. 130. (40) Dice Blanco Freijeiro (La ciudad antigua...) que: "pese a la encarnizada resistencia, los tartessos sucumben. El cartaginés traía consigo a sus veteranos de Sicilia, marcados y curtidos en 100 batallas. Su caballería númida, integrada por ágiles jinetes, constituía un digno rival para la ibérica..." (pág. 103). (41) "Delenda est Carthago: Cartago debe ser destruida", frase del estadista romano Marcus Porcius Cato (Catón el Viejo) que comenzó su carrera militar a la temprana edad de 17 años; con esta sentencia ponía de manifiesto a la peligrosísima rival que Roma tenía en Cartago. (42) Iliturgi. Nombre ibérico: Iltharaca, núcleo minero de Cástulo. (43) Estrabón II. 2, 14. cita literal de Julio Caro Baroja, en "Los pueblos de España". (44) Blanco Freijeiro dice: "A raíz de su victoria, Escipión establece un contingente de veteranos en Itálica, a ocho km. de Sevilla y en posición estratégica por 2 conceptos: al término de la vía de comunicación por donde los minerales de la Sierra de Huelva llegaban al Guadalquivir y a la entrada de la Céltica "región por conquistar". Página 108. La ciudad antigua. "Historia de Sevilla". (45) "El bandolerismo en Andalucía. Sevilla y su antiguo Reyno" de José Santos Torres. Editorial: Muñoz Moya y Montraveta. Página 90 y siguientes. (46) "El bandolerismo en Andalucía. Sevilla y su antiguo Reyno" de José Santos Torres. Editorial: Muñoz Moya y Montraveta. Página 90 y siguientes. (47) "El bandolerismo en Andalucía. Sevilla y su antiguo Reyno" de José Santos Torres. Editorial: Muñoz Moya y Montraveta. Página 90 y siguientes. (48) "El pater familias debía tener una finca bien edificada. con buenos materiales (...). Se debía atender a 3 partes: urbana, rústica y fructuria (almacenes). La primera sería rica; la tercera debía tener piezas para el aceite, prensa, vino, mosto, trigo, pajares: las del vino estarían lejos de los baños, cisterna, hornos y estercoleros. En las grandes fincas. (Merineros. La Torre, Mirandilla) la villa tendría 2 patios o cohortes. En el interior convenía que hubiese un estanque para abrevar los animales. En el exterior podía haber depósitos de agua para los estercoleros, aunque éstos debían estar fuera de la villa, junto a la cual se hallarían las eras, huertos y jardines cercanos. El cultivo del prado se haría con siervos, libres, o con ambos a la vez. La población de tales fincas no era muy grande: para un olivar de 240 iugera (yugada que labraba en un día una yunta de bueyes), bastaban un villico, con su mujer, 5 operarios, 3 yunteros, 1 asnero, 1 porquerizo y un pastor." Notas extraídas del estudio realizado por Julio González del Repartimiento de Sevilla, CSIC 1951. (49) "Catálogo arqueológico de la provincia de Sevilla". J. Hernández Díaz. Sevilla 1943. (50) La invención de la aguja y el dedal se data hacia el 16000 a. C. Este descubrimiento variará la existencia cotidiana de los humanos, porque los vestidos hasta entonces consistían en trozos de piel de animales colgados o anudados al cuerpo. Ahora es posible la confección y ensamblamiento a la medida del cuerpo. En época romana se seguirían usando, junto a las vasilos odres de piel de cabra cosidos, para la contención de líquidos (vino, agua o aceite). Además, la aguja permite crear múltiples objetos de adorno. Llevar colgado del cuello el símbolo de una bellota como la mostrada en páginas de tipografia, es un talismán valioso para un cazador de jabatos. (51) "Itálica". A. García Bellido. Biblioteca de Cultura Andaluza. 1.985. (52) La cuenca del Guadiamar, con los arroyos de Peñalosa, Barbacena, de las Cuevas, Tamujoso, Pilar Viejo, de los Arquillos y de los Frailes, así como los ríos Agrio y Guadiamar. En el tramo de Gerena, la cañada de Conti, y ya en la vertiente del Guadalquivir los arroyos de La Piedra, del Pájaro Blanco y del Judío. (53) "La glíptica de la Antigüedad de Andalucía", María Dolores López de la Orden, Universidad de Cádiz, 1990. Op. Cit. pág. 9 del prólogo. (54) Glíptica.- Arte de grabar sobre piedras finas. Será en Egipto y Mesopotamia donde adquiere dicha técnica categoría artística. Etruscos y romanos heredarán dichos conocimientos. (55)
Lucilla o Annia Lucilla. Hija de Marco Aurelio y de Faustina. se casó
con Vero en el 164 d. C. Al principio fue mujer virtuosa y prudente, pero
abandonada por su esposo, se entregó al desenfreno y la depravación.
Al morir Vero, casó de nuevo en segundas nupcias con el senador
Claudio Pompeyano, y vivió una unión incestuosa con su hermano
Cómodo. Muere desterrada en Caprea en el 182 d. C. El anverso de
esta moneda muestra a Lucilla: el reverso a Diana Lucífera, con
las siglas S.C. (Senatus Consultus). La Diana porta lanza. |