EL SIGLO XVIII


1. Introducción histórica
2. Política y cultura en la Aznalcóllar del XVIII
3. Economía
3.1. La hacienda municipal: ingresos y gastos
3.2. Aznalcóllar según los estados generales de legos y eclesiásticos (1756)
3.3. El último tercio del XVIII
CASTILLO DE LAS GUARDAS
EL MADROÑO
4. La iglesia de Nuestra Señora de la Consolación
4.1. Planta de la iglesia
4.2. Exterior de la iglesia de Ntra. Señora de la Consolación
4.3. Interior de la iglesia
4.3.1. Retablo del altar mayor
4.3.2. Retablo del Carmen
4.3.3. Retablo de la Soledad y el Santo Entierro
4.3.4. Capilla de la Virgen de Fuente Clara
4.3.5. Capilla del Santísimo Cristo del Perdón
4.3.6. Retablo de la Inmaculada Concepción
4.3.7. La custodia
4.3.8. El púlpito
4.3.9. Retablo del Santísimo Cristo de la Veracruz, Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista
4.3.10. Pintura
4.4. Pleito entre las hermandades de la Soledad y el Rosario
4.5. El bandolerismo en Aznalcóllar durante el XVIII-XIX


1. Introducción histórica


Esta centuria es llamada el Siglo de Las Luces, porque se pretende iluminar con la luz de la razón toda la existencia y aconteceres de los humanos. Si en el XVII todavía Dios y los teólogos dictan las actuaciones de los hombres, en el XVIII, la Razón (con mayúsculas) es la inductora de los cambios en el devenir histórico o natural.

El siglo se inicia con el cambio de la dinastía reinante, en el año justo de 1700. Carlos II hizo testamento en favor del borbón Felipe de Anjou (Felipe V), nieto de Luis XIV, con lo que la rama regia francesa se acomodaba en España.

Buscaba el rey Carlos la protección del paraguas militar francés, intentando evitar la guerra civil y la desintegración hispana, que se veía venir desde mediados del XVII. Las causas eran la pésima situación económica, el cansancio de las guerras europeas y el descontento de la gran masa de población pobre, mayoritaria, ante el aumento de los impuestos.

Los historiadores coinciden en afirmar que las revueltas no se produjeron en los pueblos de poca densidad (Aznalcóllar, por ejemplo) sino que prendía en capitales y poblaciones importantes como Córdoba, Sevilla, Écija o Sanlúcar de Barrameda.

El comienzo de siglo fue accidentado: en 1702 la Bahía de Cádiz era ocupada por una flota anglo-holandesa aliada del pretendiente austriaco natural a la corona hispana, Leopoldo de Habsburgo, que no aceptaba el testamento de Carlos II. Si Cádiz hubiera caído, al ser la receptora del comercio de Indias, y nueva vena yugular de la economía hispana en sustitución de Sevilla, es muy posible que se hubiera producido un nuevo cambio de rumbo en la política hispana.

Para poner fin al estado de indefensión militar en que se encontraba el país, Felipe de Anjou ordenó en 1704 la creación de 100 batallones de 500 hombres, correspondiendo al reino de Sevilla integrar de soldados a 10 de ellos. Es en este mismo año, antes de la organización efectiva del reclutamiento señalado, cuando Gibraltar (desguarnecida) es rapiñeada por los británicos sustrayéndola al dominio hispano.

Mientras las tropas andaluzas guerreaban en otras regiones españolas (217) las poblaciones pequeñas del interior quedaban solas y desprotegidas, siendo esta circunstancia aprovechada por pequeños grupos militares portugueses para hostigar las sierras onubenses y las más occidentales del reino de Sevilla (incluida Aznalcóllar).

Se puede afirmar que el XVIII fue para Sevilla un siglo de estancamiento en lo que a demografía se refiere, ya que por vez primera en la historia, Madrid y Barcelona la superaban en población, y Valencia la igualaba.

Así durante el reinado de Carlos III (1759-1788), 80.000 almas estaban censadas en la provincia hispalense.

Según esta cifra, en más de medio siglo la población de Sevilla solo había subido en 5.000 habitantes, pues eran 75.000 hacia el año 1.700 (recordemos que la epidemia de 1.649 había arrebatado más de la mitad de la población a la provincia) (218).

En lo religioso, se habla, por parte de los grandes historiadores, de cierta indiferencia y desprecio de los valores morales y religiosos tradicionales, aunque las clases populares y campesinas siguieron aferradas a sus ideas consevadoras.

Los documentos que se encuentran en el Archivo arzobispal relativos a Aznalcóllar son monótonos y demuestran una continuidad inamovible en el ámbito del acontecer religioso, con nombramientos, ceses... Sólo se animan las crónicas con algún pleito sonado como el que se produjo a finales de siglo entre los integrantes de la Hermandad de la Soledad, los de la Hermandad del Rosario y el cura párroco. Este pleito será estudiado más adelante.

Como muestra de la monotonía anteriormente expresada, tenemos el nombramiento de fecha 21 de Septiembre de 1.716, en la persona de D. Juan Márquez, que a instancias de D. Miguel García Pereda, cura y beneficiado de la villa, propúsolo como Sacristán menor de la Iglesia Parroquial de Hasiarcollar, por estar vacante su plaza (219).

Entre la multitud de legajos sobre peticiones de pontificales y bulas, selecciono una con firma de D. Lorenzo de Vivanco Angulo, Abad de Vivanco (...) y Caballero de la Orden de Calatrava:

"Certifico que el Consejo, en cumplimiento de lo resuelto por su Majestad, en decreto de 6 de Julio del año próximo pasado, acordando se de el paso a la bula (hulla en el original) obtenida por D. Domingo Fernández (...) para un beneficio simple quarto pontifical de Aziarcollar, en la diocesis de Sevilla, y para que conste y pueda usar de ella como le combenza doy la presente, sellada... en Madrid a 22 de Mayo de 1716" (220).

Esta certificación nos muestra cómo se obtenían cargos y prebendas económicas en esta centuria, y prueba la influencia creciente de las Ordenes religiosas en un territorio que siempre habíase destacado por su tutoría real.

Hay un acontecimiento telúrico que hará reflexionar a la sociedad del XVIII acerca de la primacía del razonamiento sobre las creencias religiosas y la fe ciega. En efecto, ya hemos dicho que desde mediados del XVIII se da paso a una visión más racional del mundo; a una visión más científica de los hechos naturales; a la-no creencia de que lo espiritual es el motor del planeta. Gaspar Melchor de Jovellanos es un ejemplo de ello a nivel nacional. Olavide y Jose Cevallos lo son a nivel local sevillano.

"Ningún fenómeno contribuyó más en España a esta polémica que el terremoto que sacudió a nuestra península el día primero de noviembre (Todos los Santos) de 1755. Durante los aproximadamente 6 minutos que duró perecieron miles de personas (221). La pregunta saltó de las bocas de todos los fieles que vivieron para contarlo: "¿Cómo puede ser Dios un ser todopoderoso y bueno si es capaz de matar a miles de personas en el momento en que se reúnen para adorararle?" (222).

En España, y en Sevilla en particular, surgieron multitud de impresos sobre el tema, intentando crearse una visión apologista y redentora del suceso, que por supuesto era de carácter natural (empuje de la placa africana contra el zócalo hercínico de la Meseta). Contra esa parcial e interesada visión eclesiástica luchó el benedictino padre Feijoo, cabeza visible del Racionalismo hispano, a quien se acudía en caso de dudas científicas o teológicas. El monje asturiano, en una misiva de 1756 propuso como hipótesis explicativa "una gran explosión subterránea, causada por un cúmulo de materia eléctrica, amontonada a una alta profundidad" (223), no señalándose en su explicación el más mínimo rastro de ira celestial o castigo divino.

El epicentro del terremoto, en Lisboa, debió causar fuertes daños en la Antigua Iglesia del Cementerio (de la que queda la Capilla mudéjar estudiada en el Siglo XIV), que sería derribada a fines de siglo.


2. Política y cultura en la Aznalcóllar del XVIII

El municipio de Aznalcóllar siguió manteniendo su estructura y características básicas descritas en época anterior, hasta los grandes cambios producidos en el XIX.

Nota a destacar fue la venta de cargos municipales, que fue impulsada desde el reinado de Felipe II. Así, se vendían al mejor postor los cargos de escribano, alguacil, almotacén,...

Según Domínguez Ortiz, con ello se pretendía "alcanzar promoción social y efectuar una inversión ventajosa". (224) Ello provocó la creación de una clase funcionarial ociosa, con multitud de privilegios y exenciones fiscales, siendo los pecheros quienes soportaban las cargas fiscales.

Conforme avanzaba el Siglo Ilustrado, los gobernantes dejaron de considerar a los municipios "como un rebaño que había que ordeñar; se trató de imprimirles unas normas de racionalidad e incluso se intentaron modestas reformas estructurales" (225).

Dice D. Francisco Aguilar Piñal (226) "La Ilustración es un ideal minoritario de renovación social, cultural y económica, con el que se pretende soltar el lastre del pasado, para orientar la proa de la convivencia hacia el esperanzador horizonte del progreso, la razón y la sensibilidad en el comportamiento humano". Un ideal que en España en general, y en Aznalcóllar en particular, encontró numerosos obstáculos. Así, cuando el 10 de Octubre de 1749 se emite la Real Orden para averiguar con fines informativos, las características socioeconómicas de las 22 provincias que formaban la Corona de Castilla (Catastro de Ensenada), Aznalcóllar fue uno de los pueblos cuyas autoridades municipales intentaron ocultar y defraudar a la Hacienda pública. En efecto, en el pueblo, los ediles imponían a sus vecinos gravámenes e impuestos que nunca se habían legislado desde la superioridad.

Estas prácticas viciosas, con impuestos inexistentes e ilegales, generaban una economia doble de las haciendas, con ingresos que no se reflejaban en los libros de cuentas y en las rentas de propios. El dinero obtenido con estos gravámenes no autorizados se lo embolsaban los alcaldes de justicia, ordinario, regidores y colaboradores directos; los estudiosos Concepción Camarero Bullón, José Villa Rodríguez y Jesús Campos (227) explican que los intentos de ocultación debieron ser cientos, pero los métodos de verificación aplicados por el Catastro debieron desanimar a los más. Señalan que habían sido plenamente probadas las prácticas fraudulentas en otras poblaciones como Niebla, Pilas, Vejer y la ya citada Aznalcóllar, aunque los delegados denunciadores de tales fraudes (Francisco de Villasota y Joseph de Mendoza) creían que ello era práctica generalizada en todos los pueblos... (228)

Otros estímulos que abrían paso al ideal reformista fueron las Reales Ordenes de 1.745 sobre rendición de cuentas (por orden de Felipe V); o la creación el 6 de Octubre de 1719 de la primera Biblioteca pública en Sevilla capital (algo que los habitantes del pueblo de Aznalcóllar no han conseguido hasta el 1 de Julio de 1994, en que un Ayuntamiento democrático la ha inaugurado).

Ello demuestra la tesis sostenida por la mayoría de los historiadores de que los ideales ilustrados solo calaron en las grandes poblaciones; también debe entenderse en este afán reformador la creación de la Contaduría General de Propios y Arbitrios en 1760 (orden de Carlos III), que afectaba directamente a Aznalcóllar.

Y es que en la política y en la cultura, este siglo XVIII se mueve en el "Absolutismo Ilustrado", que los historiadores han condensado en la famosa frase de "Todo para el pueblo pero sin el pueblo".

La revolución Francesa (1789) tendrá un impacto enorme en el proceso político español; en ese año reinan en España Carlos IV y Maria Luisa. Los ilustrados afrancesados van a ayudar al desmantelamiento del Antiguo Régimen. Con la Revolución gala, los españoles pasan a tomar partido por uno de los dos bandos: el conservador o el progresista (hablamos de las clases sociales con un mínimo nivel de riqueza; porque para la gran masa laboral de Aznalcóllar, muy pobre, estas disquisiciones político-culturales eran desconocidas).

Los programas de regeneración y reconstitución internas que son impulsadas por las minorías ilustradas, no llegan a pueblos como el que estudiamos, muy alejados en ese tiempo de los centros de comunicación importantes. Aznalcóllar comienza a alejarse cada vez más del progreso, máxime cuando Carlos III, en su arriesgado ensayo de Reforma Agraria, crea numerosas poblaciones nuevas en Sierra Morena, asentando un nuevo Camino Real desde Madrid a Sevilla, por Despeñaperros, desplazando a la tradicional ruta extremeña "Vía de la Plata", junto a la cual se asienta Aznalcóllar.

Pero si hay un acontecimiento que hará renacer la actividad económica y cultural de la Aznalcóllar del XVIII, este es la construcción de la nueva parroquia de Nuestra Señora de la Consolación, que merece un estudio individualizado.

Hacia 1796 Sevilla acoge a la familia real de Carlos IV durante el breve período de 11 días. El motivo de la visita a la capital hispalense era "cumplir la promesa de rezar ante el cuerpo incorrupto de San Fernando en acción de gracias por la recobrada salud del futuro Fernando VII (229).

Como es norma usual, la ciudad agasajará al rey y séquito; se sabe que a su paso por el Ronquillo, la comitiva regia recibió presentes de los aznalcolleros en forma de cebada, caballos, sábanas y camas para atender la corte del monarca.

Ello es narrado con mayor lujo de detalles por D. Pedro Barrera en la obra local ya citada "Breves apuntes históricos y arqueológicos de Aznalcóllar". Citemos sus palabras:

"El 17 de Febrero de 1796 llegó al Ronquilio, de paso para Sevilla, el rey Don Carlos IV. Era, por lo visto, obligación de todos los pueblos situados a cierta distancia el auxiliar y atender, con toda generosidad al alojamiento del monarca y de su séquito, por cuyo motivo recibieron las autoridades de Aznalcóllar un oficio para que aprontasen 250 fanegas de cebada, dos caballos de los mejores y una infinidad de camas y sábanas.
Mandáronse estas. No siendo posible que de este pueblo sólo se mandaran las 250 fanegas de cebada, se ofició, porque así lo autorizaba la orden, a los pueblos de Paterna y Escacena, a fin de que cada uno de ellos remitiese al Ronquillo 73 fanega
s (cada uno) que con 104, puestas por Aznalcóllar, componían las 250 fanegas pedidas. Mandáronse también los caballos, conducidos por Francisco Varón. Eran de Juan Mateos Almendral uno, y el otro de Gregorio Polo. Fueron devueltos con el dicho de que allí sabían que los había mejores. Nuevamente hubo que buscar otros caballos, conviniéndose... en enviar uno de Diego Barrera y otro de su hijo Ambrosio...". Al llegar estos al Ronquillo parece que fueron aceptados como de buena raza.

El Rey Carlos IV, una vez en Sevilla, se dedicó a la pesca del sábalo en el río, a la caza de lobos en Gerena y de avutardas en Santiponce.


3. Economía


3.1. La hacienda municipal: ingresos y gastos


En el XVIII, las tierras comunales de un municipio como el de Aznalcóllar eran básicamente de 2 tipos, a saber:

a) Los propios, que son las tierras e inmuebles propiedad del Concejo, cuyos beneficios y rentas por su alquiler se destinan a cubrir los gastos del Ayuntamiento y sus servicios. Aznalcóllar no tenía apenas terrenos de estas características, citándose este particular en el Legajo 258 del Archivo Municipal de Aznalcóllar con estos términos (230):

"...por quanto por parte de la villa de Azarcollar, una de las del Reynado de Sevilla se nos representó se hallaba grabada con las precisas obligaziones de villa, nuestros tributos y otros indispensables gastos, cuyo importe era el de 18.486 reales en cada un año sin tener propios algunos con que poder subbenir destas obligaziones mas que unas cortas porciones de tierras que llamaban de Espantarratas y la de la Dehesa de Los Llanos...".

b) Los baldíos o comunes, que son tierras de aprovechamiento conjunto por parte de los vecinos del municipio, cuyos beneficios (si se alquilaban) también eran del Concejo de la Villa. En el Legajo 256 del mismo archivo municipal se habla de estos terrenos (231) que eran las Dehesas de la Sierra, la Dehesa del Llano del Palmar y la del Campillo, todas ellas baldías según el testimonio del Juez subdelegado del Rey, Juan Bernal Suárez.

Estas dehesas pertenecían a la Cámara Real, siendo administradas por el Concejo de vecinos de la villa de Aznalcóllar, previo contrato con el dueño legal: el Conde de Olivares.

Las dehesas citadas eran tierras acotadas y bien custodiadas para evitar usos indiscriminados como el que se reseñó en otro capítulo en relación a la usurpación por ganado porcino de comunidades religiosas.
La reglamentación tenía que ser rígida por la escasez de tierras de pastos. Deducimos pues, que la economía de Aznalcóllar seguía siendo evidentemente agraria, basada en la asociación de labranza y pasto. El hombre necesita al animal como alimento y como fuerza motriz, teniendo que alimentarlo en las dehesas preparadas al efecto. El uso de las dehesas se dividía en todo el reino de Sevilla en 2 períodos cada año:

- Desde principios de Mayo al 29 de Septiembre (S. Miguel).
- Desde S. Miguel a fines de Abril.

Las dehesas de Aznalcóllar se dedicaron indistintamente, desde la Reconquista hasta el siglo que estudiamos, tanto al ganado como al cultivo. Conforme la política fue favoreciendo a La Mesta, se dictaron medidas para la reinstalación de pastos en las dehesas roturadas (siglos XV-XVI).

A partir de mediados del XVII muchas dehesas se convirtieron en agrícolas, obteniendo un rendimiento económico a partir del fruto de la bellota.

Así, en el documento del 1719 que hemos citado, se calcula el valor "de las espigas y frutos de la vellota de 5 años en 26.763 reales", siendo las deudas o cargas municipales a satisfacer de 92.430 reales, produciéndose un descubierto o numeros rojos de la Caja del Ayuntamiento de 65.667 reales. Esta situación de quiebra técnica era usual en los municipios de realengo, pues no tenían medios más que los que destinaba la Cámara Real a través de los presupuestos del Supremo Juzgado de Castilla.

Ello provocaba que muchos vecinos abandonasen el domicilio, despoblándose Aznalcóllar; su masa laboral se ausentaba a otros pueblos o parajes, donde no sufrían las extorsiones de los munícipes y funcionarios del Concejo. Esta es una de las causas de la baja densidad de población que ha disfrutado el término hasta el siglo XX, en que la llegada de capitales para la producción minera hizo reconvertir a la mayoría de agricultores del término en obreros especializados.

Siguiendo con nuestra centuria dieciochesca, el 26 de marzo de 1.719, el Real y Supremo Juzgado de Castilla dotó a la villa de Aznalcóllar de los siguientes bienes de propios:

"La dehesa de la Sierra y El Campillo, la de los Llanos con las tierras de labor y sus frutos de bellota para usarlas aparte, y labor en que se incluía el pago de Espantarratas, que baldrian anualmente 5.000 reales de vellón."

El Chaparral y su mesa, su yerbaje, pasto y fruto de vellota que baldrian en cada año por quinquenio 1500 reales; Los Labradillos altos y bajos y tierras de Tejadilla con los frutos de vellota de los partidos que la comprende y que estaban en las tierras mas asperas del termino de la villa en que se incluyen las casas y sitio del Monte del Torilejo... por valor de 3.000 reales."

Esta caótica situación de las haciendas de los ayuntamientos era un caldo de cultivo fantástico para los ambiciosos, a pesar de que supuestamente, las cuentas se llevaban de manera ordenada. Un tímido intento de reforma concejil se produjo en el último tercio del XVIII, impulsado por el ministro de Hacienda hispano D. Pedro Rodríguez de Campomanes (que ya ha sido citado por su informe sobre los disturbios en los monasterios del Tardón al Consejo Supremo de Castilla, Carlos III). Para intentar sanear el estado de las corporaciones locales, se pensó en incorporar a los cabildos de mas de 1000 vecinos 4 diputados del común y 2 diputados para los pueblos de menor entidad poblacional (Aznalcóllar, por ejemplo). Los diputados tendrían las mismas atribuciones que los antiguos regidores y propietarios hidalgos en materia de abastecimientos y propios (terrenos). Pero la poco ilustrada población de Aznalcóllar, así como las de otros pueblos limítrofes, no reaccionó a estas medidas de reforma ilustrada de las haciendas concejiles; las palabras del insigne historiador Domínguez Ortiz son alusivas al respecto:

"..la masa seguía convencida de que los ayuntamientos debían seguir siendo patrimonio exclusivo de los nobles" (232).

El cabildo de Aznalcóllar tenía unos fuertes gastos. Hay libranzas de pago multiformes en sus archivos. En este siglo, destacan las libranzas realizadas con la venta de los frutos de bellota y otros a soldados y militares, como los realizados al Sargento mayor del Partido de la Villa de Coria (Diego de Jaraquemada); los pagos se realizaban en especie: carne, vino, leña... También a predicadores cuaresmales, como a los Carmelitas Descalzos; estos y otros pagos contenidos en los albaranes del Legajo 256 de 1710.

Como dato económico aleatorio interesa señalar el valor de las bellotas y lentiscos de las dehesas del Llano del Palmar, de la Sierra y el Campillo desde 1680 hasta 1709 con valores fluctuantes. Así en 1682, el precio obtenido fue de 5.583 reales; en 1709, 5.932 reales; el total acumulado en esos 29 años es bajo, con un total de 117.811 reales de vellón, que apenas servían para satisfacer las deudas del municipio, que incluían pago del escribano, alcaldes, pregonero, médico, predicador cuaresmal, maestro de primeras letras, obras públicas y de adecentamiento, gastos de viaje y manutención de los concejales (desplazamientos a Sevilla u otras regiones para solventar problemas de la comunidad), amojonamientos, compras de material, exterminio de alimañas; y otros pagos mas difíciles de justificar como las viandas consumidas en las sesiones del Concejo. Todo ello provocaba enormes fraudes y economías paralelas que no se reflejaban en los libros de cuentas, como ya explicabamos en otra parte de este libro.

A fines del primer tercio del XVIII, la economía de Aznalcóllar seguía teniendo los mismos problemas financieros que a principios de siglo. En el libro 257 del Archivo municipal de Aznalcóllar, con sello de 1738, el Alcalde del Crimen más antiguo de la Audiencia de Grados de la Ciudad de Sevilla otorga una prórroga por 6 años más de los "arvitrios que antecedentemente habían sido concedidos a la villa de Aznalcóllar en virtud de 4 Reales Facultades" (233).

Dichos arbitrios o impuestos municipales para gastos públicos consistían en la venta de la bellota de la Dehesa de la Sierra, Campillo,. Chaparral y Labradillos Alto y Bajo, con licencia para convertir sus productos en comida para la Caballería de los Reales Ejércitos, reintegración de pósito, paja, y otros servicios ordinarios y extraordinarios.

La petición se hace a través del escribano de la Audiencia de Sevilla D. Francisco de Andrade, que a su vez había recibido la petición del escribano de Aznalcóllar Joseph de Urrutia (literalmente: escrivano público y del Cavildo de la villa de Aziarcollar).

Este Legajo 257 es interesante porque conocemos las personas ligadas al Ayuntamiento en esas fechas desde 1728 a 1735. En él se da cuenta de todos y cada unos de los pagos realizados a cuenta del Concejo de Justicia y Regimiento de la villa de Aziarcollar. Veamos algunos nombres de personas y entidades en esos años:

- Se pagó por vestuario de milicianos y caballos 3.406 reales de vellón cuyo valor en maravedíes era 116.484,"que por mano de D. Rodrigo de Zambrano y Ortega, vecino de dicha villa (de Aznalcóllar) y de su orden se pusieron en las arcas de las Rentas Reales de esta ciudad.
- Por repartimientos de paja en diferentes años: 6.218 reales.
- Por las fiestas de la Purísima, 747 reales.
- Por limosna del Sermón de S. Sebastián: 260 reales (8840 mrs) repartidos del siguiente modo:

a) 50 reales en una libranza de 21 de enero de 1730, pagados al padre Sebastián de Segura.
b) 50 reales el 24 de diciembre de 1730 pagadas a Francisco Bernal, mayordomo de la cofradía de Ntra. Sra. para pagar el sermón de dicho día.
c) 60 reales para el depositario Francisco Ramos.
d) 50 reales para el mayordomo de la Cofradía del Sr. S.Sebastián, "para que ayude a su fiesta."
f) Los 50 reales restantes fueron para el depositario de arbitrios.

- Por limosna a los Santos Lugares (de Jerusalem), 145 reales (4930 mrs), dados por Fray Juan de Molina, y pagados por mano del Alcalde de la villa, D. Diego Márquez.
- Por arrendamientos de casas Capitulares, ya que el Concejo no tenía edificio propio, se dotó al concejo con 869 reales, que sirvieron para pagar a D. Francisco López Manzanilla, "por el arrendamiento de las casas que sirven de Ayuntamiento y por la custodia de los papeles del Cavildo".

Nota: El pago se realizó el 9 de noviembre de 1735, no especificándose la calle donde estaba la Casa Capitular.

- Por precaución de la Salud 418'5 reales (14.229 mrs), que servirían para pagar guardias de la salud pública. Se nombró a Juan Antonio Castill para la cobranza del repartimiento, y hubo dietas para un sargento llamado Francisco González Garfias.
Por predicador de Cuaresma y su ama 3.360 reales, distribuidos a los siguientes personajes: El padre Juan de Salazar, de los Clérigos menores, Fray Diego Lancha, de los Mercedarios calzados y Fray Joseph Espinosa de los Monteros, de los Carmelitas del Convento de Santa Teresa; Fray Francisco Alguacil y Fray Diego Moreno, ambos de la orden de los Predicadores; Fray Francisco Criado, trinitario calzado y Doña María Rodríguez, asistenta del último religioso que cobró la "módica" cantidad de 100 reales.
- Por arrendamiento del granero del Pósito se despacharon 7 libranzas por valor de 66.300 mrs. Los individuos que obtuvieron pingües beneficios por alquiler de sus casas para la recogida del trigo fueron Francisco Ortiz, Francisco López y D. José de Urrutia, por entonces el funcionario más rico de Aznalcóllar que no tenía reparo en aprovecharse de su cargo municipal (recuerde el lector que era el escribano) para obtener ingresos adicionales.
- Por cavallos y soldados quantiosos, 2550 reales (86.700 mrs), pagados el 22 de enero de 1735 a D. Rodrigo Zambrano, vecino de Aznalcóllar, por la compra y entrega de 2 cavallos para el "Real Regimiento de quantiosos", establecido temporalmente en el término, y de 2 hombres, por orden de D. Enrique Ponce de León, teniente coronel de caballería y Sargento Mayor de dicho Regimiento. Una parte se pago a D. Manuel Antolinez, comisario (policia) que condujo a la ciudad del Puerto de Santa María (conocido penal etarra de hoy en día) a Simón Sevillano, desertor del regimiento.

(Nota: Los pagos, y personas que se han citado son resúmenes extractados de los documentos citados en los protocolos 1° al 16° del grueso legajo 257).

Hemos dicho en líneas anteriores que los gastos de un municipio del XVIII como el de Aznalcóllar suponían variedad de partidas. Una de ellas es la destinada el 24 de Octubre de 1732 para la Construcción del Puente de Aznalcázar, por la que se facultaba a D. Francisco de Escobar y Castro, jurado de la ciudad hispalense, a repartir 2.000 reales a la villa de Aciarcollar para las obras de ingeniería citadas.

Por causa desconocida, solo llegaron a repartirse 1000 reales, pues un decreto posterior de Rodrigo Cavallero, Intendente-Asistente de la capital, suspendió el pago de los otros mil sine die.

Otro pago obligado eran los derechos de contaduría del Consistorio, cuyo Secretario, Joseph de Aldecoa cobró 330 reales. También se abonaron 276 reales por el costo del asentamiento de soldados del Regimiento del Rosellón en los terrenos de Aznalcóllar.

Prueba de que la conciencia ecológica comenzaba a tenerse en cuenta en este siglo, aunque solo por los beneficios económicos que producía el monte para los habitantes del pueblo, es el pago realizado por el alcalde de Aznalcóllar en 1735, D. Rodrigo Zambrano, a los soldados del "Quartel de licencias del Pósito", que ayudaron a apagar el fuego que se prendió en la sierra ese año (599 reales y medio).

La parte del león de los gastos del municipio se lo llevaban, no los peones del concejo (léase alcalde y escribano), sino el Gobernador que refrendaba las elecciones anuales del Concejo.

Así, en el protocolo número 20, en los gastos de elecciones de Justicia, se pagan 2880 reales (97.920 mrs.) a D. Manuel Alfonso Llanos de Vergara,"Governador del estado de San Lucar La maior". Se justificaba documentalmente con la siguiente expresión: "hizo de gasto el Govemador con su persona y criados cuando fue a dar la posesión de los empleos".

Otros empleados municipales eran:

- El médico.- en 1728 Francisco José de La Cámara, médico titular, cobraba 2.200 reales; en 1729 y 1730 el mismo médico subía sus honorarios a 3.000 reales. De 1731 a 1735 un nuevo matasanos, D. José Pedrajas, sustituye al anterior titular, cobrando a razón de 2.200 reales.
- El escribano, el ya citado Joseph Antonio de Urrutia, que cobraba 8.000 reales.
- El boticario.- pagadas en 7 libranzas de 200 reales anuales a D. Pedro Díaz Alferrán, D. Francisco de Olivares, y a su hijo D. Juan Francisco de Olivares y Crespo.
- El portero.- alguacil ordinario.- 526 reales cobrados de 1730 a 1735 por Francisco Macías, Julio Rodriguez Figueroa, Jose Domínguez y Pedro Miguel Domínguez. Este último cobró una extra de 60 reales por un viaje que hizo a La Mancha a solicitar trigo para el abasto de la villa, porque las reservas existentes estaban acaparadas por propietarios sin escrúpulos que lo ponían a unos precios imposibles en época de carestía.
- El pregonero.- se abonaron 750 reales a la familia de los Romero: Juan, Juan José y Domingo.
- El reloxero (relojero).- 495 reales (16.830 mrs), pagados a Juan Navarro, "persona que govierna el Relox de esta villa".
- Salario del maestro de primeras letras y arrendamiento de su casa.-

No debe extrañar al lector el que el Ayuntamiento pagase, no solo un sueldo anual (mísero, como se verá ahora) por el trabajo docente, sino también la casa de vivienda del maestro (234). Dicha costumbre, necesaria en una época en la que el Magisterio estaba mal pagado (pasarás más hambre que un maestro de escuela, dice el chascarrillo) permitía a las clases desheredadas,mayoritarias en Aznalcóllar, obtener cierto acceso a la cultura, lujo que solo disfrutaban las clases acomodadas.

Dice Aguilar Piñal (235) a este particular lo siguiente:

"El analfabetismo, que presenta un porcentaje elevadísimo en las zonas rurales, se reduce considerablemente en las urbanas (...) En esta época la capital sevillana disponía de un total de 31 escuelas primarias, a las que acudían aquellos niños cuyos padres podían costear los 4 reales que costaban la enseñanza, que por otra parte no era ni podía ser obligatoria."

Tenemos 9 libranzas de pago por valor de 2.650 reales de vellón (90.000 maravedises) desde 1729 a 1735. "Ciento y cinquenta y cuatro reales en una factura de veinte de Henero de mill setecientos veinte y nueve, pagados a Lázaro Sánchez, (...) dueño de la casa arrendada en la que vivió el maestro de primeras letras..." (236).

Maestros de estos años fueron D. Nicolás de Figueroa, que cobró 300 reales por su trabajo de 7 meses, pagándose los 5 meses restantes del año académico natural en 125 reales para D. Joseph Medrano. Este mismo maestro trabajó a razón de 300 reales anuales desde el 11 de diciembre de 1729 hasta el 3 de enero de 1733. Su "hixo", Femando Medrano, trabajó desde el 4 de enero de 1734 hasta el 17 de enero de 1735, abonando el Ayuntamiento 366 reales,de los que 300 eran para el docente y 66 para el arrendador de la casa-habitación (Lázaro Sánchez).


3.2. Aznalcóllar según los estados generales de legos y eclesiásticos (1756)


Este documento de carácter fiscal es de gran utilidad para conocer cómo era la Aznalcóllar real de mediados de siglo; qué personas y qué establecimientos trabajaban en su suelo; qué cantidades producía, en suma, la actividad económica desarrollada por sus gentes (237).

En el "Estado E" (Legos) que asienta lo que "se produce en efte Reynado con diftinción de pueblos, los alquileres de casas, molinos, mesones, tabernas, panaderias, hornos, tiendas, camicerias, estanques, barcas y demas correfpondiente en reales de vellon", tenemos que la villa de Aznalcóllar producía en alquileres de casas la cantidad de 22.091 reales según este catastro de mediados del XVIII; no se especifican tiendas ni tabernas pero sí mesones, que producen anualmente 100 reales. Por carnicerías se obtenían 300 reales, no citándose a efectos fiscales panaderías ni hornos.

En cuanto a los molinos (238) la población civil secular no poseía molinos harineros de agua (sí los monjes del Tardón como vimos) ni batanes, aunque se cita una producción de molinos de aceite valorada en 600 reales y taonas en 1200. Tampoco poseía nuestro pueblo producción a efectos hacendísticos basada en juros, censos, barcas, ferias, estanques ni calderas de aguardiente.

Se enajenaba de la Real Corona la cantidad de 6.378 reales de vellón, cifrándose el total de producción de Aznalcóllar para el concepto dezmatorio E un total de 30.975 reales. Para hacernos una idea de otros pueblos colindantes, el total de producción de Gerena era de 30.206; del Castillo de las Guardas 19.831 y de la villa de Sanlúcar La Mayor, la más rica de los contornos, 82.794 reales.

En páginas anteriores hemos abundado en afirmaciones sobre el carácter eminentemente rural de los habitantes del término de Aznalcóllar, así como en la doble economía de subsistencia basada en agricultura y ganadería.

Pablo de Olavide (239) en su "Informe sobre la Ley Agraria" nos informa de manera concreta sobre la realidad del campo en este lapso temporal. Citemos sus palabras (240):

"La población agrícola se puede dividir en cuatro partes. La primera y menos numerosa es la de los propietarios; de estos, muy pocos se dedican a cultivar sus tierras. La mayor parte las arriendan, y nunca quieren arrendarlas por largo tiempo. El que más, arrienda por 3 años, porque a cada contrato nuevo exige del colono que aumente el precio, y este se ve obligado a suscribir, porque le sería mayor inconveniente dejar la tierra sin tener donde acomodar sus ganados, perdiendo sus pajares y no sabiendo donde colocar sus utensilios.

La segunda es de estos arrendadores grandes, que por un precio determinado arriendan en dinero, uno o más cortijos por junto. De estos, unos los labran todos por si, con la división de 3 hojas (labranza, barbecho y pasto) y con la imperfección y negligencia que es preciso tenga la cultura de tanta tierra dirigida por una sola mano; otros, reservándose la mejor parte, subarriendan la peor a los pobres pelentrines...

La tercera clase es la de estos arrendadores, que aquí se llaman pelentrines. De estos hay muchos en todos los lugares, villas y ciudades; es clase respetable de hombres aplicados que, con su industria, han adquirido dos o tres yuntas, que mantienen, un corto caudal con que pagan el arrendamiento adelantado, porque así es la costumbre. Estos son los que trabajan una gran parte de la tierra que se labra, pero no pueden labrarla bien porque ni tienen casa inmediata en que abrigarse ni pueden ser ayudados de sus mujeres ni de sus hijos, que se quedan en los lugares, acostumbrándose a la ociosidad y mendiguez; ni puede coger amor a la tierra que cultivan, porque cada año están amenazados de que se la quiten...

La cuarta parte es la de los braceros y jornaleros. Estos hombres no tienen más que sus brazos y con ellos han de ganar sustento... Los braceros son muchos y toda su ambición esta circunscrita a la tierra situada a menos de media legua de distancia; los propietarios, abusando de estas circunstancias, se las hacen pagar a precios exorbitantes, causando dolor que un infeliz bracero pague diez pesos por el arriendo de una fanega de tierra, cuando a media legua de allí se ven millares de fanegas abandonadas...".

Después de este informe desalentador del corregidor sevillano, es obligado hacer mención del número de individuos, labradores, carpinteros, albañiles, etc, que nos dan "Los Estados Generales" en su epígrafe G (para Aznalcóllar); según este informe fiscal, en la villa de Aziarcollar había censados 217 individuos como labradores, incluso hijos y mozos, ganando un máximo de 4 reales y un mínimo de 2 (los mozos) al día.

Censados como trabajadores y sirvientes de varias clases había 4 personas que ganaban a razón de 3 reales y 3 individuos a razón de 2 reales.

Carpinteros oficiales había 7, a razón de 5 reales; albañiles 2 (a 5 reales). Oficiales herreros 2 que ganan 4 reales y 1 que gana 3 Zereros y confiteros solo se muestra en el extracto 1 individuo que gana 4 reales; también un aprendiz de zapatero, cobrando 1,5 reales. Herradores de bestias había 2 oficiales, ganando 4 y 3 reales respectivamente. Cargadores uno, aprendiz, que ganaba 2 reales.

En relación a los milicianos que no estaban en cuerpos o gremios reglados aparece uno que cobra 5 reales y 16 individuos a razón de 2 reales.

Nota. - es frecuente que un determinado vecino sea miliciano y a la vez realice otro oficio: labrador.... Recordemos que Aznalcóllar sigue llamándose en este tiempo "Concejo de Justicia y Regimiento de la villa". El 30 de enero de 1734 se crearon mediante Real Cédula 33 regimientos de milicias, cada uno de 700 hombres, que tendrían por misión el ser un ejército en la reserva para ser movilizado según se necesitase. Los regimientos recibían nombres de villas, acentuando su carácter territorial. En tiempos de paz solo recibían paga si realizaban trabajos para el Concejo, como sofocar incendios, o perseguir forajidos.

Aunque cada gremio u oficio tuviese sus propias ordenanzas, todos estaban sometidos al control municipal, ya que nadie podía establecerse sin licencia del Concejo, desde un barbero a un maestro de escuela.

Las industrias en Aznalcóllar eran desde luego de baja productividad, de caracteres artesanales y de subsistencia. Los jóvenes aprendían directamente las labores del campo de sus padres, o bien acudían (los menos) a los talleres gremiales (carpintería y herrería como vimos) con objeto de aprender el oficio. y de paso descargar a sus padres de la manutención diaria. Si eran aceptados, pagándose a veces por ello, recibían enseñanza práctica, nunca teórica, además de casa y comida; en contrapartida, actuaban como sirvientes y criados "obedeciendo al maestro en todo lo que ni fuese opuesto a la honestidad y buenas costumbres" (241).

El estado F (Legos) nos facilita las cantidades a que ascienden las utilidades productivas del Comercio Mayor mercaderes de tienda abierta, industriales y demás en reales de vellón:


Villa de Aziarcollar

Comerciantes por Mayor.- no tiene.
Comerciantes de tienda abierta.- utilidad = 4400r.
Médicos = 4011 1 r.
Cirujanos = 2.000 r.
Boticarios = 1650 r.
Abogados y procuradores.- no tiene.
Corredores de lonja.- no tiene.
Escribano = 2.150 r.
Notario.-no tiene.
Dependientes de rentas de Su Majestad = 1.460 r.
Idem de Justicia = 730 r.
Sacristanes, organistas y músicos = 3.630 r.
Harrieros = 36.092(son los que trajinan con bestias de carga).
Mesoneros = 3860 r.
Panaderos, atahoneros y horneros = 9490 r.
Taberneros, tenderos y pasteleros.- no tiene.
Carniceros = 912 r.
Alquiler de coches y caballerías.- no tiene.

Industrias de varias especies (sin especificar)= 22.892 r.
Embarcaciones.-no tiene.
Artistas.-no tiene.

Otro epígrafes del Estado F (Legos) son:

- Arrendamiento de reales enajenados.-300 reales.
- Arrendamiento con diezmo y rentas.- 2.372 reales.
- Lucro de colonos en tierras de eclesiásticos.-154.999 reales.
- Lucro de molineros.- 4.278 reales".

Todos estos conceptos relativos a utilidad productiva del comercio suma un total de 263.943 reales de vellón.

El Estado H (Sección legos) nos avanza informaciones detalladas del número de cabezas de ganado que poseían los habitantes del pueblo para este período. Pero antes de pasar a la relación cuantitativa de estos animales, no privaremos al lector de ilustrarle sobre las leyes vigentes sobre el diezmo y que se especifican en el Archivo General del Arzobispado sevillano (242).

Así, el diezmo de miel y cera debe pagarse en su mitad a la parroquia donde el señor de las colmenas fuere vecino y gozare de vecindad. La otra mitad donde estuviere el campo a castrar. Por cada colmena no castrada debía pagarse al arrendador 3 maravedises.
De los ganados (becerros, borricos...), de cada 10 reses se debe dar una como diezmo. De los cochinos igual que en los ganados. Si los cerdos no llegan a 10 se pagarán 2 maravedises por cada uno.

En cuanto a las aves, el diezmo se percibe en dinero o en especie.


Villa de Aziarcollar.-

- "Bueyes, vacas y terneras".- en el término aparecen censadas 471; fuera del término 11.
- "Cavallos, yeguas y potros".- en el término 100. No había ganado de esta especie fuera del término.
- "Machos y mulas".- 47 en el municipio, nada fuera.
- "Obejas, cameros y corderos".- 420 ejemplares en el pueblo, ninguno fuera.
- "Machos de cabron, cabras y cabritos".- importante numero de cabezas, cifrados en 2.962.
- "Jumentos, jumentas y pollinos".- 194 cabezas.
- "Cerdos grandes y pequeños".-359 piezas.
- "Colmenas".- censadas había 2.194 pies de colmenas. De los pueblos de alrededor, solo superan a Aznalcóllar las villas de Aracena (3765 pies) y Castillo de las Guardas (4873 pies).

El Estado E ya nos habla de los bienes eclesiásticos y patrimonio beneficial de la Iglesia en Aznalcóllar. En efecto, Aznalcóllar se encuentra incluida en la geografía administrativa de la Vicaría (foránea) de Sanlúcar La Mayor, junto a Umbrete (cuya parroquia tiene ciertas similitudes constructivas con la de aquí, como veremos), Salteras, Gerena, Gines....

Según datos de Martín Riego (243) en el siglo XVIII existen 40 vicarías en total para el arzobispado, mientras a fines del XV era solo 23. La subdivisión del arzobispado en el aspecto territorial se hacía en 3 veredas: la de la banda morisca; la de Ecija con la Sierra de Cazalla; y la vereda del condado de Niebla, en la que está explícitamente citada Aznalcóllar.


Villa de Aziarcollar.- (Eclesiásticos-Beneficial)

- Por Alquiler de casas.- 3701 reales de vellón.
Juros (forma de propiedad urbana en que ésta se concede a perpetuidad) por valor de 3.308 reales. Censos a razón de 4874 reales; diezmos y enajenados por la Real Corona 30.084 y 313 reales, respectivamente.

El total de producción eclesiástica era de 42.931 reales, no muy superior al total del Estado E relativo a legos, que como estudiamos era de unos 31.000 reales.

Nota.- Existe un apéndice de la misma estadística E, relativa a patrimonio, que especifica que el Arzobispado recibía 278 reales por alquiler de casas patrimoniales.1206 reales por censos (impuesto sobre bienes raíces dedicados a misas), sumando el total de producción los antedichos 278 reales.

Siguiendo con los datos de la Mesa Arzobispal hispalense, en el período de 1751-1755, las rentas anuales de los pontificales (244) en Aznalcóllar (Parroquia de Ntra. Señora de la Consolación) ascendían a 4766 reales. La Iglesia de la Purísima Concepción de Gerena era algo más rica, con 6542 reales.

Los valores diezmatorios más altos se daban en Aznalcazar con 19.864 reales y los más ínfimos en S. Nicolás del Puerto, cuya parroquia de S. Sebastián recibía 950 reales solamente.

Para el quinquenio de 1751 a 1755, la parroquia de Aznalcóllar recibía 2 beneficios dotados procedentes de la Archidiocesis, por valor 4.704 r.
Gerena tenía 3 beneficios para la Purísima Concepción, pero solo recibía 3626 reales. Sanlúcar la Mayor obtenía 10 beneficios en total (8 para la parroquia de Santa María y San Pedro y 2 Para S. Eustaquio) con 6.630 reales anuales.

En estos conceptos de ingresos por diezmos no podemos olvidar el prestimonio o prestameras, que eran beneficios económicos para dotar de una pequeña renta a los estudiantes sin recursos monetarios y a los que combatían contra los herejes e infieles (Martín Riego).

La contraprestación para el estudiante que recibía esta beca era el rezo de 5 Padres nuestros y 5 Dios te salve cada jornada, aunque jocosamente he de señalar que no se sabe si ello se realizaba por el discente con puntualidad o vigilado por el cura. Aznalcóllar recibía por este concepto 2342 reales anuales.

Otro concepto de ingreso crematístico o fiscal eran las tercias reales. Ello correspondía al 33'3 % del diezmo, de la que 1/3 parte (11'l%) se destinaba a labores de fábrica y reparación de la iglesia. Aznalcóllar recibía 2.234 reales en estos años. Gerena 1724 y Sanlúcar la Mayor 3230 r. para sus tres iglesias. Para comparar, señalaremos que la renta anual más alta para reparaciones, compra de ornamentos y todo lo relativo al culto lo recibía Jerez, y en concreto, la hermosa y rica parroquia de S. Miguel con 35.142 reales; la peor dotada era la parroquia de Riotinto llamada S. Bartolomé que sólo recibía 240 reales.

El titular de la parroquia de Aznalcóllar no participaba directamente en el cobro del diezmo. Solo cobraba la primicia, o primeros frutos de los campos, viñas, huertas y arboles. Este concepto fiscal es muy antiguo, pues procede de la ley hebrea (mosaica), que obligaba a consagrar a Dios una parte de los primeros productos de la cosecha anual. Por este concepto de primicias, la parroquia obtenía del trabajo de la comunidad 1428 reales, íntegros para su párroco. Gerena, con 2 curas, solo obtenía 1212 y Sanlucar La Mayor, con 4 párrocos solo 520 reales.

Es curioso este dato para Aznalcóllar ya que aparece por encima de estas dos poblaciones que en principio tendrían más poder económico y poblacional. De todos modos, las cantidades aportadas a los curas párrocos por este concepto -que podríamos considerar como sueldo- eran muy bajas, en relación a otras como fábrica, prestameras y beneficiados.

3.3. El último tercio del XVIII

En el año 1785, Tomás López, geógrafo de la Corona, obtuvo multitud de informaciones geográficas (muy precisas algunas, otras intrascendentes), así como datos históricos, económicos y sociales a partir de un cuestionario de 15 preguntas mandadas a los corresponsales respectivos de cada villa del reino. Este madrileño (nacido en 1731) actuaba desde el patrocinio estatal de figuras como el Marqués de la Ensenada, el príncipe de Esquilache y el valido Manuel Godoy. A partir de las respuestas obtenidas se pretendía redactar un Diccionario Geográfico fiable, en los intentos que desde todos los ambientes ilustrados se llevaban a cabo para sacar a España de su situación de atraso. Este geógrafo, para tan ingente obra, tuvo que gozar del apoyo de distintos estamentos eclesiales. Tomás López murió repentinamente, no pudiendo publicar sus informaciones. Será en el siglo XIX cuando Pascual Madoz utilizó dichas respuestas para su famoso Diccionario. De todos modos, parte de las informaciones recogidas procedían o eran copia literal del Catastro del Marqués de la Ensenada, del que ya recogimos en páginas anteriores las informaciones relativas a Aznalcóllar. Otras informaciones procedían del Censo de Floridablanca. Aznalcóllar, por alguna razón, no aparece en el índice de poblaciones con respuestas de su párroco, pero sacaremos algunos datos sobre el pueblo a partir de villas de los alrededores que sí contestaron al cuestionario y hablan de Aznalcóllar (245).

Castilleja del Campo.- El 15 de febrero de 1795, el cura capellán de Castilleja del Campo, Jose María Liberal y Ribas manda contestación "al interrogatorio que vuestra merced me remitió y devuelvo con un borrón (dibujo) de este pueblo y sus territorios."

En un curioso mapita señala con el número 49 un lugar llamado Aznalcóllar, "vulgarmente Aziarcollar, que dista 3 leguas". Con el 50 marca las huertas llamadas de Tejada, "abundantes de man-sanas exquisitas, que distan legua y media". Con el 51 la ciudad llamada de Tejada. arruinada, que dista legua y media; con el 54 lugar llamado Escasena del Campo, que dista una legua". Termina con una advertencia: "el lugar de Aznalcollar ya es de sierra."


CASTILLO DE LAS GUARDAS

El 30 de Diciembre de 1785, el vicario capellán Francisco Romero da respuestas "según el conocimiento que tengo de esta villa y de su jurisdicción y noticias que he tomado de varios vecinos naturales, prácticos".

Prosigue el eclesiástico del Castillo de las Guardas con estos términos: "Esta villa del Castillo de las Guardas la Mayor es villa realenga... Dista esta villa de la ciudad de Granada cuarenta y cuatro leguas. a donde esta sujeta por lo Real, y por lo eclesiástico y rentas provinciales a la ciudad de Sevilla, que hay ocho leguas: dista de la villa de Aziarcollar este pueblo, con quien solamente tiene pastos comunales, 5 leguas, y está hacia el mediodía... Esta villa inmediata a la ribera del Guadiamar... y pasa por el Cortijo de la Pisana, y por debajo corriendo hacia el mediodía se junta con el río de Aziarcollar, que también nace en este término, junto al monte de Peralejo y sigue dicha ribera a la derecha de Sanlúcar la Mayor y de la villa de Aznarcazar, en donde tiene puente de cal y canto de 14 ojos y sigue hacia el mediodía a entrar en el mar."

Interesante es la parte relativa a la vegetación, que por ser término anejo a Aznalcóllar. sirve igualmente aunque corresponda al municipio del Castillo de las Guardas: "...Todo el término es un bosque, la mayor parte de el poblado de encinas y alcornoques y olivos. En inmediaciones del pueblo varias huertas de hortalizas y pocos árboles frutales; está todo el término poblado de todo género de matas que se denominan madroños, murteras (mirtos), charrecas (charrascas), jaras, aulagas, lantiscos (lentisco), juagarzo (jaguarzo) y otros varios nombres... Los frutos de este país son bellota de encina y de alcornoque con los cuales se engorda mucho ganado de cerda, los que no pudiéndose consumir en esta villa se llevan muchas piaras a la ciudad de Sevilla y otros pueblos".

Por último, cita el párroco el tipo de vecindario y sus labores, sin duda de parecidas características al de Aznalcóllar: "Este vecindario se compone de braceros que hacen carbón de humo y chispas, otros arrieros que lo conducen a la ciudad de Sevilla, otros labradores que cultivan la tierra con bueyes y vacas y criadores de ganado de todas las especies."

La respuesta a la pregunta número 10 es relativa al comercio de ganado: "No hay ferias o mercados en esta villa (tampoco las hubo en Aznalcóllar).. .solo hay un medio comercio en el ganado cabrío pues unos vecinos a otros compran chivos, y borregos y después que tienen 3 años los venden a forasteros que vienen a comprarlos como las reses vacunas viejas para proveer sus pueblos y para el matadero de Sevilla, y lo mismo sucede con el ganado de cerda". Lo que aquí se describe como actividad natural del sistema económico de hace 200 años sigue presente en la actualidad en ciertas dehesas y cortijos de Aznalcóllar, donde se engordan cochinos y se venden a 2.000 pesetas la arroba, según el mercado de precios que regía en 1994.

Veamos que se dice de Gerena que interese, por su relación directa con Aznalcóllar. En este caso es el párroco Diego de Frias, cura más antiguo de la villa de Gerena:

"...La villa de Gerena...fue castillo o pequeña plaza de armas conocida con el nombre de Xerea (Segura Graiño traduce Xerea o Xarea como procedente del árabe vulgar que quiere decir oratorio).

Fue conquistado por el Rey Santo, con alguna dificultad por lo fuerte de su cituación antes que la ciudad de Sevilla" (año 1247 por sometimiento voluntario, posiblemente al igual que Aznalcóllar).

Se cita a Aznalcóllar en relación a límites geograficos de este modo:

"Confina al oriente con la villa de Guillena, por el norte con la del Garrobo, al poniente con la de Alziazgoyar (sic) y por el mediodia con la de Olivares... Tiene tambien a distancia de un cuarto de legua la ribera llamada de Guadiamar hacia el poniente, cuyo nacimiento es en los montes y fuentes de la villa del Castillo de los Guardas, cuyas aguas juntas con las del riachuelo del Retamar y ribera de Azialcoyar (sic) finalisan en el rio de Sanlucar la Mayor".

Interesa el capitulo relativo a la caza y vegetación descrita para la villa de Gerena, cuyos terrenos lindan con los de nuestro pueblo, lo cual paso a transcribir:

"...Poblados de árboles fértiles como son encinas, alcornoques, nestos y monte bajo de haras (jaras), lentiscos, maguarsos (magarza), romero y tomillo de cuyos quebrados y monte abundan de todo género de caza, como son los venados, siervas, habalies y casa menuda como son perdises, gallinetas, sorsales y otros".


EL MADROÑO

El cura del Madroño, D.Bartolomé Castillo, responde también al cuestionario, señalando cosas curiosas como éstas:

"Al siete (pregunta número 7): que se ignora cuando se fundó este lugar o aldea porque no hay quien lo diga". En relación a la pregunta 11 del índice propuesto por Tomás López, si hay personas con estudios generales o particulares", responde D. Bartolomé así:

"A la once digo: que no hay estudios, pues todos saben muy bien para sus negocios" (quiere decir esto que los habitantes no necesitan ningún estudio, pues su vida transcurre en labores de cría de ganado).

El párroco del Madroño incluía un mapa autógrafo de su aldea y poblaciones colindantes.

En la página 155 y siguientes, Segura Graiño da la relación comprensiva de todas las ciudades, villas lugares o despoblados que contiene este reinado de Sevilla con expresión de las parroquias que hay en ellas, casas de que cada uno se compone, vecindarios que comprenden, medidas de tierra que hay en sus respectivos términos, leguas de circunferencia que tiene el territorio de cada uno y los cortijos y términos redondos que se hallan en sus recintos.

Aznalcóllar aparece como villa, no citándose despoblados en ella, con una sóla parroquia, y doscientas cincuenta casas y unos trescientos vecinos (cabezas de familia). Cita veintidosmil setecientas sesenta y tres medidas de tierra de todas especies que hay en sus términos, de nueve leguas de circunferencias y siete cortijos en su interior, con cinco términos redondos en su recinto. También se cita Castilleja de Talhara como despoblado, con una parroquia, nueve casas y cuatro vecinos más 1550 medidas de tierra y legua y media de circunferencia de territorio.

Sobre la grafía heterogénea del término Aznalcóllar diremos que Tomás López, en el índice de la Tesorería de Sevilla, redactado por Ramón de Larumbe en 1764, en la sección "Administración y Rentas", escribe Anarcollar, que era el nombre del pueblo en documento oficial para ese año.


4. La iglesia de Nuestra Señora de la Consolación

El año 1781 se decide solicitar a la Diputación de Negocios del Cabildo eclesiástico hispalense la construcción de un nuevo templo que sustituyese a la antigua parroquia enclavada en el cementerio. En el capítulo dedicado al ábside-capilla del siglo XIV que vimos en páginas anteriores, ya señalamos el proyecto inicial de remodelación arquitectónica elaborado por los arquitectos Antonio Matías de Figueroa y José Álvarez, que pretendían una ampliación de la iglesia gótico-mudéjar. Pero este proyecto fue abandonado, y en 1782 el maestro diocesano onubense José Álvarez (246) trazaba los planos de la nueva parroquia de Aznalcóllar.

El cronista Navarro (247) nos habla de las discusiones que surgieron sobre el lugar idóneo para la edificación de la iglesia nueva. Relata que el Arzobispado seleccionó un terreno propiedad del vecino D. Diego Barrera que se asentaba en la calle Alta y que se cedía o permutaba por otro cercado. Este criterio se oponía al de un grupo de vecinos que la quería en el mismo lugar del camposanto o en la calle Paterna.

Pero una vez se hubo marchado "el maestro que vino de Sevilla" (José Álvarez), los frailes del Retamar, por tenerla cerca de su hospicio y la gente de la Plazoleta, sin tener en cuenta lo mandado, la empezaron a edificar en el sitio que actualmente ocupa, en la Plaza de Ntra. Señora de Fuente Clara. Para su construcción se derribó el antiguo hospital para mendigos de S. Bartolomé.

En el informe de aparejos constructivos de diciembre de 1782 se determinaron no solo la estructura y decoración propia del edificio, sino también los detalles sobre cimientos, calidad, materiales, tiempo de reposo (o secado) para el fraguado, etc.

Siguiendo el manuscrito, diremos que los cimientos se abrieron en enero de 1783, colocándose la primera piedra el dia de S. Juan (24 de junio) del mismo año, siendo cura D. Juan Martín Majuelo. El aparejador o maestro albañil que estuvo a pie de obra fue el ya citado Antonio López, Chamusquina (248), que recordamos también como el autor del derribo de la Iglesia antigua. Durante.el sexenio 1782-88 los cultos sagrados se celebraron en la Capilla de S. Sebastián, sede de la actual Caja de Ahorros, destruida por un incendio voraz el 21 de marzo del 1788, desapareciendo con él valiosas imágenes renacentistas como el Cristo de Veracruz, la Virgen de los Dolores, la del Rosario, y la titular de la Consolación, más la virgen de la Hermandad de la Soledad. También quedaron carbonizadas las imágenes de S. Bartolome, S. Juan Nepomuceno, S. Francisco y 5. José.


4.1. Planta de la iglesia

La planta de esta iglesia consta de una gran nave central de 5 cuerpos inscrita en un rectángulo, cuyas dimensiones son de 45 m. de largo por 18 metros de ancho. Ello conforma una planta de cruz latina, así llamada para diferenciarla de la cruz griega de brazos iguales.

Posee 8 capillas laterales construidas entre contrafuertes interiores, todo ello sin contar las 2 capillas de los brazos del crucero.


Planta de la Iglesia de Ntra. Sra de la Consolación. Diseño antiguo.

Idem. Diseño Final.

Las cubiertas de la nave central son bóvedas de medio cañón, siendo de aristas las que cierran las capillas laterales, que corren paralelas al muro perimetral.

Una cúpula ochavada de media naranja con 8 nervios de sustentación hace de cubierta del crucero, que es el lugar que marca la circunferencia.

Observamos también 3 entradas al templo: una a los pies, la principal, que a su vez está flanqueada por 2 torres de base cuadrada y distinta área; las otras 2 entradas son portadas menores, a derecha e izquierda de los lados mayores del rectángulo, y que actualmente están cegadas con ladrillo, no siendo practicables.

La iglesia presenta un testero o cabecera plana. Del estudio de la planta actual y de la que inicial-mente se diseñó por J. Álvarez se deduce un cambio de cierta importancia, cual es el traslado de la sacristía y cuarto aledaño -proyectadas en principio en el muro de la Epístola- a la cabecera de la iglesia.

A este respecto dice Sancho Corbacho: "...con esta modificación aumentó la semejanza que tiene con la planta de la parroquia de Umbrete, de Diego Antonio Díaz; Álvarez siguió fielmente la distribución de la Iglesia de Díaz al proyectar ésta..." (249).


4.2. Exterior de la iglesia de Ntra. Señora de la Consolación

En la edificación es notorio el intento de llevar a cabo una obra original, aunque en las trazas se deje llevar Álvarez por el influjo de los maestros contemporáneos. Así, la terminación exterior es el paramento vitolado, con bicromía rojo-ocre, típica de las edificaciones de la escuela sevillana de la saga de los Figueroa.

El material empleado es el ladrillo, ya "en limpio" (casi todo el exterior eclesial), ya "enfoscado" (piñón de remate o enlucido de arcos y frisos). Se juega óptimamente con los volúmenes cúbicos del ladrillo en las molduraciones de las portadas y entablamentos. Y es que en la Iglesia Nueva de la Consolación triunfa de nuevo la utilización constructiva del barro cocido, retomando la tradición mudéjar de la Iglesia vieja; y todo ello a pesar de la cercanía de las canteras de granito de Gerena, que sirvieron para multitud de edificaciones y cimientos de edificios cercanos, como el destruido Convento del Retamar.

El ladrillo será utilizado no solo como material constructivo de soporte y cerramiento, sino también en labores ornamentales; un ejemplo lo tenemos en el dignísimo remate superior de la imagen pétrea incluida en la hornacina del 2° cuerpo, que guarece a la Virgen de la Consolación, y que está terminado con la técnica del ladrillo tallado.

Lo importante en José Álvarez es la grandeza de su arte, que radica en una interpretación "a la sevillana" de los formatos lineales de los tratados, adaptando las frías composiciones librescas a nuevas normas de tradición local, obteniendo viveza y hermosura con medios económicos precarios.

La portada tiene 2 cuerpos y se adoma con movido frontón y hornacina rematada por piñón en la parte superior.


Fachada principal de la Iglesia Ntra. Sra. de la Consolación, año 1936. Negativos del Laboratorio de Arte. Universidad de Sevilla.

Idem. Fachada lateral.

La entrada principal nos muestra un vano de medio punto enmarcado por gruesas molduras que parten de la base de la imposta del arco y que conforman un alfiz rudimentario. Otra molduración más gruesa enmarca unas orejetas laterales que compartimentan el espacio central, separándolo de las dobles columnas de entrada.

La inscripción en el friso de triglifos y metopas dice: "Domus dei et porta celi (Casa de dios y puerta del cielo).

Las columnas dórico toscanas tienen un orden gigante, pero no tienen valor constructivo de sostenimiento. Se apoyan en ménsulas ochavadas, duplicándose la escala columnaria para acentuar la verticalidad del conjunto.

Sobre la cornisa quebrada en distintos planos de entrante y saliente que dan movilidad a la planimetría del imafronte, se sitúa el segundo cuerpo. En él destaca la imagen de la titular de la parroquia, que se incrusta en una venera cuyo intrados está adornado con casetones, de efecto claroscurista.

La Virgen aparece noble y convincente en su hornacina, aunque algo hierática. Su labra tiene un diseño no planiforme, movido, turgente, de bellos plegados en el manto.
La Virgen de Consolación es también patrona oficial del pueblo de Osuna, desde 1645. La que allí se venera tiene un rostro radiante, siendo de regular estatura y con forma de maniquí articulado; tiene el niño Jesús en los brazos, como nuestra imagen pétrea, y ostenta el cetro de realeza en el otro (250).

Una ráfaga aureolada rodea la imagen ursaonense para darle mayor majestuosidad. Es muy posible que la imagen escultórica de la parroquia de Aznalcóllar sea una recreación en piedra de esta imagen de vestir que sale en procesión en Osuna el 8 de Septiembre.


Detalle de la imagen pétrea de Ntra. Sra. de la Consolación y el Niño en el segundo cuerpo.

Juan J. Rivera, cronista de la villa de Osuna, recoge una letrilla creada por la musa popular, que nos recuerda como los peregrinos buscaban el consuelo a sus cuitas y aflicciones rezándole a esta Virgen (251):

"En toda tribulación,
confiados en tu medio,
esperamos tu remedio,
Madre de Consolación"
.

Nuestra escultura pétrea queda enmarcada en su alrededor por un juego de volúmenes pétreos de color rojo avitolado, que nos muestra la afinidad constructiva con la escuela sevillana de los Figueroa.

Otros elementos ornamentales de la fachada son la ruptura de las cornisas, la concavidad y convexidad de los remates y la sobriedad parietal y volumétrica de los exteriores.

Este segundo cuerpo queda enmarcado por 4 plintos cúbicos, que prolongan la simetría biaxial del primer cuerpo; pero únicamente 2 columnas de diseño jónico clásico enmarcan la hornacina moldurada en la que se incluye la Virgen y el Niño. La opinión de Sancho Corbacho es que dicha hornacina, y concretamente su remate de ladrillo tallado, es una copia directa de un modelo de Figueroa.

En cuanto a la torre campanario, hemos de decir que la iglesia se concibió en planta para tener 2 torres que flanquearan el imafronte central. Pero sólo se construyó una, ya que la arquitectura dependía de las posibilidades pecunarias disponibles en el arzobispado sevillano del XVIII, que al mismo tiempo estaba construyendo las parroquias de Umbrete, Brenes o La Palma del Condado, siendo los recursos limitados.

El cuerpo de campanas es francamente insatisfactorio en su acabado; queda horadado por 4 arcos peraltados y por un juego de molduras biseladas. Lo más original es el baquetón o listel convexo de las 4 esquinas, que se alarga en su diseño hasta la parte inferior del cuerpo de campanas, sobrepasándolo. El remate es un chapitel poligonal de caras rectas y de azulejos bicromos con cuerpos cúbicos de bolas sobre ábaco, asentados sobre un banco octogonal; ésta tipología la tenemos también en la parroquial de Umbrete, anterior en construcción (1730).

La torre lateral, que quizás debió tener la misma altura y dimensiones que su gemela, se terminó con un plinto octogonal de ladrillo enlucido y 3 esferas de remate.

En el entablamento neoclásico, el arquitecto quiso buscar la simplicidad constructiva, pero a la vez acentos arquitectónicos que dieran vida al conjunto.

Pero el esquema bipartito de índole clasicista es poco elegante en su conjunto; las líneas puristas no logran mitigar la sensación de reciedumbre del muro. La fachada se acabó con un frontispicio triangular en punta, en forma de piñón de remate y óculo central, que parecen inacabados.


4.3. Interior de la iglesia

En nuestro recorrido histórico artístico por la parroquia de Aznalcóllar le toca el turno al interior del recinto eclesial. Comenzamos nuestro periplo por el Altar Mayor.


4.3.1. Retablo del altar mayor


Antes de describir el retablo moderno, bueno será hacer mención del retablo neoclásico perdido en el incendio de 1936. Era este una construcción lignaria presidida por una imagen de Nuestra Señora de la Consolación, con el Niño en sus brazos, del estilo del XVIII. En las calles laterales había sendas esculturas de S. Francisco de Asís y San Antonio de Padua, en madera policromada, así como una imagen de vestir de San Basilio, que como sabemos era el Patrón titular del Monasterio del Buen Suceso, extramuros de la villa. Dicha imagen se situaba en la parte superior del retablo.

Son los arqueólogos e historiadores del Arte D. José Hernández Díaz y D. Antonio Sancho Corbacho quienes en 1937 se encargaron de transcribir para la posteridad cómo eran las imágenes que se veneraban en el interior del templo antes de la quema de 1936. (252)

He aquí lo que rescataron para nuestra memoria histórica, no así para nuestro patrimonio:

"El retablo de Santa Ana, de estilo neoclásico, con las imágenes de San Joaquín, su Esposa y la Virgen Niña".

El del Santo Cristo de la Veracruz, del mismo estilo, con restos de talla antigua, donde se veneraban el Crucifijo y las imágenes de vestir de la Dolorosa y San Juan.


Interior de la Iglesia. Presbiterio tras la quema de 1936. Extraída del Laboratorio de Arte. Universidad de Sevilla.

El de San Bartolomé, del mismo tipo, con la imagen del Santo Titular en madera policromada.

El de Nuestra Señora del Carmen, con la escultura titular en talla y una pequeña imagen de vestir del Niño Jesús. En la parte superior tenía la pintura del Arcángel San Miguel.

El de las Ánimas del Purgatorio, con pintura grande de esta advocación.
En la capilla dedicada a Nuestra Señora de Fuentes Claras, cerrada por verja, retablo de estilo neoclásico. La imagen titular, con su Hijo en brazos, es de vestir. Además figuraban en dicho retablo las esculturas de San Ramón Nonato, San Luis Gonzaga, Santa Rita de Casia y las de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y la Inmaculada Milagrosa, éstas en cartón piedra.

En la capilla bautismal el retablo de Nuestra Señora del Buen Suceso, de tipo neoclásico, con la figura de la Titular y su Hijo, que eran de vestir.

En capilla especial el retablo dedicado al Sagrado Corazón de Jesús.

Los retablos de Nuestra Señora del Rosario y Nuestra Señora de la Encamación, neoclásicos también, con las imágenes titulares presentadas en forma de candelero. En este último retablo una pequeña imagen de San Juan Nepomuceno.
El del Sagrario, con aplicaciones antiguas doradas, presidido por Nuestra Señora de la Soledad, imagen de vestir, y hallándose en el mismo un sepulcro con la figura yacente del Redentor.

El retablo de San José, de tipo neoclásico, con la figura del Patriarca en madera policromada, y el Niño Jesús en sus brazos.

Citaremos, por último, una imagen interesante, de talla, representando a San Sebastián, una Inmaculada adquirida recientemente y un Cristo atado a la Columna.

Perdiéronse también varios cuadros repartidos por la iglesia, el órgano y varios enseres del culto.

Desapareció casi todo el archivo parroquial y buena parte del perteneciente al Juzgado Municipal, por haber servido para formar parapetos.

La Junta visitó el pueblo el 13 de septiembre de 1936".

Con anterioridad a la quema del 1936, también ardió en 1932 la Iglesia Parroquial de Aznalcóllar, aunque las llamas solo afectaron a la puerta principal, el cancel interior, el órgano y la bóveda del templo (253).

El actual retablo del Altar mayor es obra de José Montero Rodríguez, según inscripción que le reza, y que se realizó en su taller de Sevilla. Esta obra arquitectónica que decora el presbiterio es de tipo neoclásico; se bendijo en 1956 siendo párroco de la Iglesia D. José Barea.

Consta de un cuerpo con división en 3 calles, banco y ático. La calle central nos muestra la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, que nace para honrar la memoria de Cristo en su vertiente humana, recordando al fiel el corazón humano del hijo de Dios como símbolo del amor misericordioso por todos los hombres. Esta devoción tiene su origen en la Edad Media, pero se difunde con fuerza en el siglo XVIII con S. Juan Eudes y Santa Margarita María Alacoque.

La figura del Sagrado Corazón de Jesús no tiene valor artístico alguno, pues es de escayola policromada, midiendo 2'6 metros de altura, y elevándose sobre una peana de 30 cms. Ha sido recientemente repintada, coincidiendo con las labores de limpieza y adecentamiento de la Igleisa, que se ha llevado a cabo con el patrocinio del Ayuntamiento de Aznalcóllar y ayudas de feligreses.

Esta imagen que en mi opinión debería ser sustituida por una nueva plasmación en madera de la destruida titular de la Consolación, fue regalo de Doña María Teresa Llosent Marañón de Tassara.

La calle lateral izquierda nos muestra una imagen de la Virgen que sostiene al Niño entre dos columnas de tipología corintia, gigantes en su orden, con fuste que imita el mármol y capitel de volutas doradas. Esta Virgen está hecha en pasta madera, teniendo el Niño el meñique partido. El borde de la toca que cubre su cabeza tiene estofado de oro. Su altura es de 1'70, elevada sobre peana cuadrada rebajada en los extremos. Es de escaso mérito artístico.

En la otra calle, San José y el Niño, sostenido el conjunto por una ménsula. San José lleva manto azul con cuello recto fileteado por triángulos; tiene barba y calza sandalias. El Niño lleva saya rosa, y cruz en el pecho símbolo de su futura pasión. Mide 1'20 metros de altura total, y no tienen valor histórico.

En el ático o cumbrera del retablo se enmarca un cuadro de la Santísima Trinidad, la Virgen del Perpetuo Socorro y San José, que se apoya en una cornisa quebrada de recuerdo barroco. Costó el retablo 100.000 ptas. (600,01 Euros) Ya hemos dicho que el retablo destruido en 1936 constaba de un cuerpo superior, en la que incluía la imagen de San Basilio en hornacina; dicha advocación era beneficiada por la importancia que disfrutaron los frailes del Retamal hasta la desaparición del Convento con la Desamortización. Así mismo, en el cuerpo central del retablo se colocaba la imagen de la Consolación, sobre peana, con el símbolo monográfico de la media luna. En las calles laterales S. Francisco de Asís y San Antonio de Padua. Por último, en el sotabanco, sobre un altar portátil, una pequeña tabla de S. Sebastián.

Según Hernández Díaz, el retablo que precedió al citado más arribá, es decir, el retablo de la Capilla del Cementerio, fue encargado a Juan de Oviedo "el viejo", maestro entallador que quedó obligado en 1584 a labrar una de estas arquitecturas lignarias para la parroquial gótico-mudejar. Para este mismo edificio Jerónimo Hernández, concertó en 1573 una imagen mariana para la Capilla Mayor, con su tabernáculo correspondiente, entregándose terminada en 1575. En 1603 Juan de Salcedo, pintor de imaginería, cobraba cantidades a cuenta del importe de la pintura, dorado y estofado de un retablo. En 1625, Marcos Maestre, bordador, se obligó a ejecutar una casulla y 2 dalmáticas para la parroquial. Nada de esto se conserva en nuestro patrimonio.


4.3.2. Retablo del Carmen

Es un retablo de madera con carnaciones sobredoradas en oro fino. Sobre fondo de terciopelo rojo aparece la Virgen del Carmen, de tamaño natural, y realizada en pasta madera.

Tanto el Niño como Ella sostienen el símbolo iconográfico de la orden de los Carmelitas: el escapulario secular. Ello es una bolsita de tela, de diseño rectangular, unida por dos cordones o cintas, que según la tradición fue otorgado por la Virgen al sexto general de los carmelitas, San Simón Stock. La imagen es un regalo del marqués de Pickman a la parroquia y se bendijo en 1942.


4.3.3. Retablo de la Soledad y el Santo Entierro

La Virgen de la Soledad es una imagen de candelero, de buena factura obra del maestro de imaginería Manuel Pineda Calderón, realizada en su taller de Alcalá de Guadaira.

Vestida de blanco virginal, esta talla es una muestra más del arte patético que se complace en representar escenas concretas de momentos críticos de la muerte y resurrección de Jesús. Estos temas fueron favorecidos por la Contrarreforma Católica, que procuraba mitigar el influjo protestante con representaciones de Virgenes Dolorosas, de Angustias o Piedades.

El Cristo yacente es una imagen realizada en escayola pintada con cabeza de madera. El Cristo reposa sobre una urna acristalada con un sotabanco de madera sobredorada, sin valor artístico destacable.


4.3.4. Capilla de la Virgen de Fuente Clara

Es la Virgen de Fuente Clara la patrona del pueblo, en oposición a la patrona de la Iglesia, La Virgen de la Consolación. Es una imagen sedente moderna, que se hizo a imitación de la original, réplica de la famosísima Virgen de los Reyes de la Catedral de Sevilla.

Se construyó la actual en los talleres sevillanos del maestro Rivera, bendiciéndose el 8 de diciembre de 1940. La imagen destruida en 1936 era de estilo neogótico.


Imagen desaparecida. Virgen (sedente) de Fuente Clara. Obsérverse su parecido con la Virgen de los Reyes de la Catedral Hispalense.

El manto de la Virgen, rosado, acoge un vestido con bordados de aguja a ganchillo de perlas, realizado a mano, y que combina el hilo plateado con el color áureo del cordón que ciñe la cintura de la imagen.

El Niño Jesús, que sostiene bola del mundo, va vestido con encajes de nylon. Las coronas que ciñen la Dama y el Niño son repujados de filigrana con un trabajo de orfebrería a base de finos caulículos de plata cortadas en tiras de cadeneta, que se disponen formando arabescos, montados sobre un campo del mismo metal.

La corona de la Virgen tiene una imitación de piedra preciosa engastada de cabujón con la representación de un ángel pensativo.

La tradición nos cuenta que la devoción a esta imagen comienza con la llegada de los soldados cristianos de Fernando III, acaudillados por su lugarteniente Garci Bravo, nombre que ha permanecido para el cortijo donde se celebra la romería de la Virgen de Fuente Clara.


En un momento de fuerte desfallecimiento de la tropa, uno de los soldados fue agraciado con la visión de la que sería patrona del pueblo. Lo cuenta con un tono hermoso y poético Pedro Barrera:

"El calor, el cansancio y la fatiga extenuaban a los esforzados combatientes que en medio de aquella llanura, abrasada por los ardientes rayos del sol, sufrían la más espantosa sed; la asfixia empezaba ya a hacer estragos, cuando uno de aquellos soldados, poniéndose en pie, y elevando los ojos al cielo, con el alma henchida de fe, mientras tocaba con su espada una de aquellas piedras, exclamó: Madre mía. Una fuente clara! Y en aquel mismo instante dejóse ver la Santísima Virgen, sentada en unas nubes, sosteniendo al Divino Niño, con el brazo izquierdo, al mismo tiempo que con la mano derecha le indicaba una cristalina fuente" (254).

Las leyendas de este tipo no son inusuales para los pueblos de los contornos, sirviendo estos supuestos milagros para dotar de un sustrato común a los pobladores cristianos de las nuevas tierras conquistadas.

En el manuscrito foliado del cronista Navarro se señala cómo la imagen era sacada de la ermita en tiempos calamitosos o de crisis, para socorrer a la población.

4.3.5. Capilla del Santísimo Cristo del Perdón


Es una capilla restaurada hace pocos años e integra en su espacio un Cristo de 3 clavos (siguiendo dictados renacentistas) de figura doliente, al que el artista ha quebrado en agonía, y que se cubre con un paño de pureza de anudación bilateral. La imagen es de la escuela sevillana del XVIII, restaurada en 1972. De autor anónimo, es una talla exquisita, de 1 metro de altura; la longitud de sus brazos abiertos es de 87 cm. Su pie mide 16 cm. Está clavado sobre una cruz lignaria cajeada, negra, sin valor. Se apoya sobre una peana con 3 caritas de ángeles, imitando a una venera, labra que se repite en los brazos de la cruz y en el remate superior.

El Cristo del Perdón tiene sus ojos cerrados, nariz recta y barba. Curiosamente tenía colocada una corona de espinas hecha con cable eléctrico marronáceo, que en la limpieza se ha eliminado lógicamente, pues posee la suya propia tallada sobre los bucles del pelo (Parece que algún devoto se la colocó para resaltar aun más el sentido de la pasión divina).

Un mechón de pelo tallado cae en ondas sobre la clavícula derecha. El hombro izquierdo está roto a la altura del deltoides, hendidura que prosigue por la axila. Es necesaria su rápida reparación, así como el antebrazo izquierdo, que está abierto en canal.

Este hermoso Cristo, antes de su restauración en la década de los 70, estaba oculto bajo una talla de escayola, que seguramente era del gusto de alguna de las hermandandes de la parroquia de otro tiempo. Hoy está felizmente recuperado para el deleite de los amantes del arte.


Santísimo Cristo del Perdón y detalle del rostro. Siglo XVIII

4.3.6. Retablo de la Inmaculada Concepción

El retablo es de madera pintada en celeste (símbolo de la virginidad de María) y moldurado en oro. Es de estilo neogótico.

La Inmaculada es una talla de bulto redondo, policromada, de la escuela sevillana del XVIII. La imagen de la Virgen fue una donación de Doña María de los Ángeles Tassara Buiza, 4 años después de la quema del 1936.

Sus símbolos iconográficos característicos son la corona de 12 puntas de estrellas, y la media luna a los pies, adosada a una bola del mundo con cabeza de angelote, entre nubes. Posiblemente se tomó su inspiración de la docena de imágenes que Murillo posee de esta advocación.

Tiene un manto verde decorado con flores de lis y ramajes; la cubre un blusón ocre con carnaciones de oro. Sus zapatillas tienen color verde con líneas doradas de resalte, así como el borde sogueado de su toga.

El pelo negro, en ondas, largo y suelto; sus ojos negros y sus orejas con lóbulo horadado, preparado para lucir pendientes. Sus manos en actitud de oración, que coincide con la mirada pulcra, de niña, de la madre de Jesús.

El dedo meñique de la mano derecha ha de ser restaurado por tenerlo partido.

La altura total de la pieza es de 82 cms. (incluyendo la peana). La imagen propiamente dicha mide solo 73 cms. Flexiona la pierna izquierda.


La Inmaculada (Siglo XVIII).

Detalle de La Inmaculada.

4.3.7. La custodia

De todas las piezas de orfebrería de la Parroquia destaca una custodia procesional de oro y plata, hecha por F. Marmolejo en sus talleres sevillanos.

Esta pieza sirve para exponer el Santo Sacramento a la veneración de los fieles. Adopta el esquema o perfil del Sol, a diferencia de las turriformes o las de templete, características de siglos anteriores.

El sol está ornado con un resplandor simple que desprende ráfagas serpenteantes y triples rayos que se alternan. Se corona con una cruz cincelada y repujada que engasta un esmalte con la imagen de una Inmaculada de manto oscuro.

En el centro, un hueco circular para incrustar el viril, que es la pieza de soporte para colocar la hostia consagrada (255).

El astil o mango de sujeción tiene templetes con columnillas adosadas rectangulares con las figuras de los 4 Evangelistas, todo ello en el primer cuerpo; angelillos y puttis juguetones en el segundo cuerpo del mango.

La base de la custodia es estrellada, combinando el perfil curvo y lineal en los salientes, con cuatro torrecillas cúbicas de remate.


Custodia de oro de F. Marmolejo y detalle superior.

En la base se lee esta inscripción:

"Siendo cura el Excmo D. Manuel Palacios Muñóz Seca fiso facer Marmolejo Sevilla. Custodia de Ntra. Señora de Consolación de Aznalcóllar, año del Señor 1948 por donativos de los feligreses".


4.3.8. El púlpito

El púlpito de la Iglesia es la pieza más antigua del templo. Es la plataforma metálica con antepecho y tornavoz desde la que antiguamente se cantaba la epístola y el evangelio. Esta reja procede de la antigua parroquia gótica que se encuentra en el cementerio de S. Sebastian.

Es de hierro forjado, de bucles simétricos y compartimentación axial. La escalera es añadido posterior, según deduzco por la soldadura.

En la base del púlpito se lee: "Manuel Rivero me fecit.1692".

4.3.9. Retablo del Santísimo Cristo de la Veracruz, Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista

El retablo actual de la Hermandad de la Veracruz es moderno, siendo diferente del antiguo, construido por las hábiles manos del tallista Manuel Guzmán Bejarano (256). Más que retablista el maestro Guzmán es imaginero, siendo el creador del proyecto para el nuevo paso del Cachorro, estrenada en la Semana Santa sevillana de 1976; también son suyos 6 candelabros del guardabrisas del paso de Montesión del año 1955. Su aportación personal radica en el cornisamiento truncado en la talla; este entablamento o conjunto de mo!duras poliédricas al que se sustituye un vértice o una arista por un plano tiene su inicio en los respiraderos del paso del Cristo de Las Almas.

En el inventario de la Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, de 1904, se lee que la Veracruz poseía "un altar antiguo de madera oscura y parte dorada, con el Cristo de la Veracruz, con potencias y remate de la Cruz en plata, y a los lados Nuestra Señora de los Dolores con corona antigua de plata y San Juan Evangelista con diadema de plata cincelada".

El retablo antiguo tenía 2 cuerpos claramente diferenciados en altura y coronamiento calada con 2 ángeles que le flanqueaban. Un juego de arabescos y figuras fitomorfas servían de marco a una hornacina cuadrada con remate quebrado en el segundo cuerpo, que presentaba en su interior una imagen alegórica e imaginaria de la cara de Jesús, parecida a la de la Sábana Santa de Turín.

El primer cuerpo nos mostraba las esculturas de Cristo Crucificado, Nuestra Señora de las Angustias y un hermoso S. Juan Evangelista.

El Cristo, estilizado y con pelo natural muy largo, era de 3 clavos, con paño de pureza de anudación unilateral; sabemos que su autor fue Blas Molner, escultor valenciano, formado en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, y muerto en Sevilla en 1812.

Este Cristo se incluiría por su estética, dentro de los cánones dictados por el Academicismo clasicista de la Real Escuela de las Tres Nobles Artes, cuya dirección ostentaba Blas Molner (257).

Otras tallas suyas imagineras o para figurar en retablos fueron la Dolorosa de la Cofradía de la Santa Cruz o también la Virgen de los Dolores de las Penas de San Vicente, así como las imagenes marianas del paso procesional de la Sagrada Lanzada (La Magdalena de la Iglesia de San Martín), todas en la capital hispalense.

Por lo que observamos en la fotografía anterior al incendio del 36, parece que una de las columnas estípite, de raigambre balbasiana, perteneciente al retablo, estaba sin terminar, concretamente la colateral a la imagen del joven Evangelista.

El retablo actual de madera dorada se compone de 3 nuevas imágenes que sustituyen a las mencionadas anteriormente. El Cristo de la Veracruz es una talla neobarroca del maestro Manuel Pineda Calderón, de Alcalá de Guadaira. Se talló en 1946 en madera de cedro, que como sabemos es de color más claro que la caoba, pero igual de compacta y duradera que ésta.

El Cristo es de potente musculatura, de 3 clavos, policromo y con carnación ensangrentada en el costado.

La Virgen de los Dolores es una imagen de madera, de candelero, de la que desconocemos su autor, aunque no su procedencia (hispanoamericana).


Retablo antiguo de la Veracruz desaparecido.

Detalle del Cristo de la Veracruz, Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista.

En efecto, la fundación de Hermandandes de la Veracruz tiene devoción universal; el descubrimiento hispano de América hizo que los Austrias y Borbones reglamentasen perfectamente la creación de cofradías y hermandades en el Nuevo Mundo. Por ello, de una de las Hermandades hermanas de Argentina (258) fue enviada esta imagen, de escuela italiana, que disfrutamos actualmente en el crucero de la parroquia. El nombre de María Santísima de los Dolores, hace alusión al que, por antonomasia, se da en la vida de la Virgen a los 7 sucesos más tristes de su vida, desde la huída a Egipto hasta la sepultura de Jesús.

Con respecto al S. Juan Evangelista, diremos que es de Antonio Castillo Lastrucci, imaginero sevillano nacido en el seno de una familia de clase media el 27 de febrero de 1882 (259). Su maestro en el arte escultórico será Antonio Susillo, otro sevillano universal autor de los monumentos a Montañés, Velázquez y Daoiz en la ciudad hispalense. En los últimos años del XIX estudiara en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla, donde aprenderá modelado, escultura y pintura.

Casó en 1905 con Teresa Muñoz, de la que tuvo 7 hijos; los varones se dedicaron a trabajar en el taller, donde se llevaba un sistema de trabajo en cadena, que revivía la técnica y el espíritu de los talleres que animara Pedro Roldán a fines del XVII. Así, el taller de Castillo tenía una plantilla de especialistas para cada labor artística: entalladores, carpinteros, lijadores, policromadores, tallistas, ensambladores,.. Discípulos suyos fueron, entre otros, Antonio Illanes y Antonio Dubé de Luque.

La fama le vino a nuestro autor con sus realizaciones y encargos para las cofradías y hermandades locales sevillanas. Parece que de su taller salió el actual S. Juan Bautista del Retablo de la Veracruz de Aznalcóllar, así como los angeles pasionarios de los retablos principal y lateral de la Hermandad de la Cruz de Arriba, así como la restauración de la Virgen del Rosario según carta autógrafa que se conserva.
Conoció Castillo Lastrucci a otros artistas que dejaron su huella en Aznalcóllar, como al orfebre Femando Marmolejo, autor de la hermosa custodia ya estudiada. En 1940, las hermandades y cofradías que ostentaban alguna imagen salida de sus talleres, le tributaron homenaje en el Palacio del barón de Bretauville, hoy casa Hermandad del Gran Poder sevillano del que fue gran devoto.

Las obras realizadas para Aznalcóllar se incluyen dentro de su período de plenitud entre 1936 y 1967. De este lapso temporal son también el Cristo de la Buena Muerte (1937) o la Virgen de la Hiniesta, dos obras de fuerte impacto en la imaginería sevillana, ambas del mismo año. Sus modelos estéticos son fácilmente reconocibles, y son siempre los mismos en su rostro, no así en los gestos y actitudes; Jesús es representado sin sufrimiento, hermoso de rostro, carente de aflicción. El S. Juan que integra el grupo de la Veracruz de Aznalcóllar no sigue el modelo iconográfico del de Benito de Hita y Castillo (Hermandad de la Amargura, S. Lorenzo,) sino que se asemeja más al joven Evangelista que vemos procesionar en la cofradía de "La entrada en Jerusalén" (Iglesia del Salvador), o el misterio del Beso de Judas y del Prendimiento.

Es Castillo Lastrucci el más grande y fecundo de los imagineros del siglo XX, siendo una tercera parte del total de imágenes que desfilan en la Semana Santa hispalense suyas (o de su taller). Muere el día 29 de noviembre de 1967 en su domicilio de la calle 5. Vicente (número 52), teniendo la suerte Aznalcóllar de disfrutar de muestras de su arte más significativo.

La Hermandad, la cual cuenta actualmente con 525 hermanos.


4.3.10. Pintura


La Iglesia de Nuestra Señora de Consolación tiene una pequeña colección de cuadros, todos de ámbito religioso, y sin excesivo valor artístico.

Del XVIII tenemos un lienzo de S. José y el Niño, que según se especifica en la relación-inventario, fue un regalo de las señoritas de Chaix. De esta misma centuria tenemos una cuadro de S. Francisco de Asís, bastante deteriorado. De sencillez extrema, con el santo franciscano arrodillado, implorante y pensativo ante la visión de la cruz. La imagen del titular está bien trazada, con rasgos bien definidos. La mano en la calavera es el símbolo del paso temporal e intrascendencia de la vida terrenal. De esta época es también una Apoteosis de Santo Tomás, en la que se nos muestran 2 mundos claramente diferenciados: arriba, el celestial, donde el santo comparte su espacio escénico con 4 Padres de la Iglesia; el terrenal, abajo, en el que personajes en actitud de oración contemplan la escena.

Ya dentro del XIX, un lienzo de S. Bernardo de Claraval decora las blancas paredes del recinto eclesial. Es variante o copia de mediana calidad de los óleos sobre lienzo pintados por Murillo y Ribalta en el XVII, y que actualmente se encuentran en el Museo del Prado. El santo es representado joven, místico, pensativo, contemplativo, arrodillado, con hábito blanco y cruz abacial; abre su mano izquierda, sosteniendo en la derecha un corazón encendido de fe, henchido ante la imagen del Crucificado.

Nota. Otro cuadro de un joven acólito de mirada dulce y con símbolo crucífero, podría ser una copia libre del tema anterior, aunque de ínfima calidad.

Hay también un S. Félix Cantalicio, copia de un Murillo de 1664, que actualmente se exhibe en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. San Félix es el patrón de la Orden de los Capuchinos. El santo, mirando hacia la Virgen que desciende etérea, envuelta por un corro de angelillos niños, sostiene en paternal actitud al Niño desnudo entre sus brazos, cuyas ropas de lino se apoyan en una roca. Imita claramente el cuadro que Murillo pintó para el Políptico del Convento de los Capuchinos de la ciudad de Sevilla, y que dejó fijada su iconografía.

Otro cuadro es La Circuncisión en el templo, lienzo que representa el rito que se practica en el sexto día del nacimiento del varón entre los hebreos.

Aquí se mezcla el tema sacro citado con el de la Presentación de Jesús a los doctores del templo. También copia de Murillo es una Anunciación de María, es decir la salutación angélica realizada por el Arcángel S. Gabriel, anunciándole el misterio de la Encarnación. La escena está representada con poca profundidad y las figuras son poco convincentes en sus gestos, siendo el lienzo obra de un pintor aficionado.

Por último, una Divina Pastora, versión femenina del infinitas veces representado Buen Pastor. Esta iconografía mariana se inicia en el XVIII, representándola como conductora del rebaño de almas hacia el Bien.

Una tela encolada con la imagen facial de un Cristo barbado, cierra el capítulo de objetos artísticos de la Iglesia.

4.4. Pleito entre las hermandades de la Soledad y el Rosario

Conviene incluir como colofón a esta centuria los problemas surgidos entre 2 hermandades pujantes en la Aznalcóllar del XVIII.

Los problemas comienzan en 1790, cuando con motivo del traslado de los retablos y enseres parroquiales de la antigua a la nueva parroquia, se empezó a "colocar en el retablo derecho del Altar Mayor la imagen de Nuestra Señora de la Soledad..." (260), que según el orden los altares de la antigua iglesia del Cementerio pertenecía por derecho a la Virgen del Rosario.

El 12 de A